La mesa redonda celebrada ayer durante las Jornadas de Despoblación y Cultura Tradicional.
La mesa redonda celebrada ayer durante las Jornadas de Despoblación y Cultura Tradicional. / L. M.
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Cinco ponencias, una mesa redonda y un concierto de dulzaina cerraron ayer las Jornadas de Despoblación y Cultura Tradicional que organizó la Diputación Provincial —a través del Instituto de la Cultural Manuel González Herrero, junto al centro de la UNED en Segovia y en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)— y que tuvieron lugar el pasado viernes y ayer sábado en el teatro Juan Bravo.

La mesa redonda fue, sin duda, el acto principal de la jornada, en tanto en cuanto contó con participantes de gran calidad —Guillermo Herrero (periodista, El Adelantado), Javier Carpio (alcalde de Urueñas), Arantxa Rodrigo, (presidenta del Centro Folk San Pedro de Gaíllos), Nuria Delgado, (representante de la Asociación Cultural la Cachucha), Luis Camarero (profesor de la UNED), Pedro Tomé (investigador, CSIC), Honorio Velasco (profesor Emérito, UNED)— y experiencia en el ámbito del éxodo rural y las manifestaciones culturales de la provincia.

Cada uno, utilizó su turno de palabra para presentar al público tanto su punto de vista sobre el momento que vive Segovia en cuanto a despoblación, como alguna posible medida para acabar con ella o, en su defecto, paliarla.

Javier Carpio comenzó contando cómo en la localidad que dirige han tomado la decisión de celebrar la festividad de San Juan (24 de junio) en fin de semana, a pesar de que no siempre coincide así. “Si se hacía entre semana, se desaprovechaba la inversión en orquesta, hinchables para los niños y el presupuesto del que disponemos no supera los 200.000 euros anuales”, matizó. En contraposición a esto informó de que sí mantienen la celebración de San Isidro Labrador el día que corresponde “porque tenemos que mantener las costumbres pero no va nadie”. Carpio terminó su intervención planteando si es conveniente modificar las fiestas en pro de una mayor afluencia. En su opinión, no es conveniente hacerlo pero sí necesario.

Por su parte, Guillermo Herrero afirmó que el éxodo rural no es algo nuevo y, probablemente, nos encontremos influidos por ciertos comentarios de nuestros mayores que afirman que “antes los pueblos estaban llenos”, agravando en nuestro imaginario la situación. El periodista quiso poner sobre la mesa varios ejemplos históricos que demuestran que, verdaderamente, el problema de la despoblación ha tenido lugar en varios momentos anteriores como es el caso de la proliferación de las vilas romanas en el medio rural cuando los impuestos en las ciudades eran inasumibles por la población o la creación de los fueros de Sepúlveda.

“En muchos aspectos hemos llegado tarde en lo que a la cultura tradicional se refiere”, aseveró Herrero, citando en ese momento una publicación de Joaquín Díaz que habla de la pérdida de las procesiones de rogativas a causa de la desaparición de la fe, el simbolismo, el rito, la liturgia y, con todo ello, las oraciones y los cánticos.

El periodista habló también de la práctica desaparición de otras manifestaciones como puede ser la subida del mayo. “Ahora lo conservan en unos poco municipios como Zarzuela del Pinar, por ejemplo, pero cuando vas a verlo, observas que los mozos están ahí pero son los padres quienes suben el pino y quienes organizan la fiesta al fin y al cabo”, aseveró, añadiendo que, en la medida de lo posible, conviene documentar el mayor número de manifestaciones culturales, cantos, ritos, costumbres que celebran los pueblos de Segovia.
“A lo mejor la repoblación que llega no son agricultores y ganaderos, a lo mejor es distinta. Por ejemplo, la repoblación de inmigrantes es innegable. Hay ciertas localidades a las que viene gente de Madrid, se compran casas en ruinas y pasan allí los fines de semana. De hecho, en la zona de Riaza, todos los municipios tienen asociación cultural y sus presidentes no son personas del pueblo. En estas personas que vienen, hay cierto interés en mantener las tradiciones, no como acto folclórico, si no como acto folclorista”, sentenció.

Llegó, entonces, el turno de Arantxa Rodrigo quien comenzó pidiendo que este tipo de jornadas sobre despoblación se celebren en los pueblos vacíos en cuestión. Rodrigo explicó los cometidos que desempeña el Centro de Interpretación del Folklore y la Cultura Popular de San Pedro de Gaíllos, señalando como pilares fundamentales la edición de la revista ‘Lazos’ —en la que difunden las actividades que preparan, así como las manifestaciones culturales de otras localidades e, incluso, algún comentario que deseen incluir sus vecinos—, las aulas de música tradicional y el Festival de Folk.

“Arcones es un pueblo con tradición pastoril, de pastores trashumantes, 175 habitantes y donde no hay asentamiento de extranjeros”, comentó Nuria Delgado, añadiendo que desde la Asociación Cultural ‘La Cachucha’ lo que pretenden es fomentar las actividades y tradiciones culturales “para que la gente quiera ir al pueblo”. Delgado informó de una especie de colaboración ‘interpueblos’ que llevan a cabo con algunos municipios de la provincia: ellos llevan su música y sus danzas y, a cambio, reciben teatro, por ejemplo. “Nos supone un gran orgullo llevar por la provincia nuestra cultura”, afirmó.

Luis Camarero habló de la despoblación como un fenómeno “viral, puede que sea oportuno pero algo excesivo”. Para reforzar su argumento señaló que España siempre ha sido un país de baja densidad de población por kilómetro cuadrado y “esto soporta la calidad de vida ambiental y alimentaria que tenemos”. Además, lamentó que el problema principal es la falta de jóvenes, ya que son “los quintos quienes deberían fomentar el desarrollo y la gestión cultural”, y también la poca presencia de mujeres en el mundo rural.

Pedro Tomé cerró la mesa redonda hablando sobre cómo la sociedad ha separado las tradiciones del sentido primigenio que las motivaban (la cotidianidad) “para seguir viviendo” gracias a ellas.