Publicidad

A los 61 años, después de una amplia tarea pastoral en su provincia de origen Valladolid y como obispo auxiliar de Burgos, Daniel Llorente Federico fue nombrado obispo de Segovia en 1944, iniciando ese año una dilatada labor  como pastor de la diócesis segoviana, de la que estuvo al frente hasta 1969, fecha en la que renunció por edad a su cátedra episcopal.

Aun siendo uno de los obispos más longevos en su mandato durante el siglo XX, poco se sabe de la labor de don Daniel, al que sólo los feligreses más mayores recuerdan en la provincia, y para cubrir esta laguna Marta y José Luis Díez han escrito una biografía en la que tratan de reunir no sólo los aspectos pastorales y humanos de la trayectoria del prelado, sino su amplia y desconocida labor como pedagogo y catequista,  en la que alcanzó fama  y renombre internacional.

José Luis Díez abordó el trabajo de investigación  previo al libro como una “deuda de gratitud” hacia la tarea del obispo de Segovia, del que destaca su valía intelectual y profundidad espiritual, así como su humildad y sencillez con las que intentó imprimir un nuevo estilo pastoral basado en la cercanía con los feligreses.

En el ámbito intelectual, Díez destacó el trabajo realizado por Llorente para acercar la pedagogía catequética al ámbito pastoral, incorporando las mejores teorías de pedagogos alemanes, austriacos e italianos, y trasladándolos a los Congresos Nacionales Catequísticos de la época. Asimismo, señaló como un hito importante el decidido impulso paa crear una cátedra específica sobre pedagogía catequética en el seminario de Valladolid, que sirvió como vehículo para potenciar sus contactos con los movimientos europeos de formación religiosa.

El ‘tsunami’ que supuso el Concilio Vaticano II para la organización de la Iglesia laminó en gran parte la labor realizada por Daniel Llorente, y José Luis Díez señaló que muchos de los cambios impulsados por el concilio “hicieron que las enseñanzas de don Daniel fueron quedándose aisladas hasta quedar abandonadas en el recuerdo”. Tan es así, que la impresionante biblioteca catequética atesorada por el obispo, con más de 3.000 volúmenes está en paradero oculto, embalada en cajas sin que pueda ser consultada.

En el plano pastoral, Díez resalta la extraordinaria condición humana del prelado, donde su sencillez y humildad  hace que su figura permanezca en el recuerdo de muchos de los que le conocieron. Así, señaló que durante su mandato recorrió cuatro veces todas las parroquias de la provincia, ofreciendo calidez y cercanía a los feligreses, que celebraban su presencia en el pueblo “como una verdadera fiesta”.

“Era un hombre alejado del boato de sus predecesores, y  se trasladaba a los pueblos en taxi, ya que no tenía vehículo propio –explica Díez- y solía recibir en el Palacio Episcopal a todos aquellos que le pedían cita sin importar su condición”.

El próximo año se conmemorará el 50 aniversario de su fallecimiento, en 1971, y el autor del libro considera esta efeméride una excusa perfecta para poder evocar la figura de un obispo que pasó “de puntillas” por Segovia pero que dejó un extraordinario poso entre los sacerdotes, maestros y familias de la provincia.