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La ‘Borriquilla’ de García Moro se exhibió en la Catedral para participar en la liturgia del Domingo de Ramos. / NEREA LLORENTE

La pandemia del Covid-19 ha aumentado el uso del condicional simple en las conversaciones, ya que las medidas sanitarias impuestas para tratar de evitar su propagación han hecho que la práctica totalidad de eventos que habitualmente reunían a miles de personas queden ahora en el ‘podría haber sido’ que sitúa su aplazamiento o suspensión en el triste plano de la hipótesis.

Así, la Semana Santa dio comienzo ayer oficialmente al menos en lo que se refiere al ámbito litúrgico y religioso con la celebración del Domingo de Ramos, en la que la iglesia celebra la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, recibido por una muchedumbre que agitaba ramos y flores a su paso a lomos de un burro.

Las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias, secundadas por la Conferencia Episcopal Española, impidieron este domingo las procesiones litúrgicas que conmemoran el primero de los episodios de la Pasión y Muerte de Cristo, que tuvieron que celebrarse en el interior de los templos integradas únicamente por los presbíteros celebrantes y sus acólitos.

En la Catedral, el obispo de Segovia César Franco llevó a cabo la procesión litúrgica desde la capilla del Santísimo hasta el altar mayor, haciendo un intervalo en la puerta de San Geroteo para llevar a cabo la bendición de las palmas de los fieles que asistieron a la solemne Eucaristía, cuyo aforo fue estrictamente controlado por el personal de la seo segoviana.

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La parroquia del Carmen, en la procesión de este domingo. / M.G.

Tras la bendición, tuvo lugar la lectura del Evangelio de San Marcos que recrea el episodio que da nombre a la festividad, ante la escultura de José María García Moro que desde hace décadas protagoniza la Procesión de las Palmas en la capital.

Posteriormente, en su homilía, monseñor Franco pidió a los fieles que “aprovechen” el tiempo de Semana Santa para “meditar, orar y vivir intensamente la salvación que Cristo ofrece como don”, y que esta meditación nos lleve a “compadecernos con Cristo contra el pecado que le llevó a la dramática soledad y al terrible sufrimiento de la cruz”.