Si un año humano son siete caninos, para entender la vida de ‘Otelo’ habría que imaginar a una persona que encuentra su primer hogar a los 50. Lejos de los sonetos de Shakespeare, su nombre responde a que fue rescatado en Otero de Herreros. Tras tres años de penurias de pueblo en pueblo, encontró a una mujer que le daba de comer cerca del colegio. Ocurre que, al mismo tiempo, unos niños le tiraban piedras. Esta mujer alertó a Animalejos, una protectora que le cobijó durante cuatro años hasta que Yaiza Racionero le dio un hogar en Bernuy de Porreros. El trauma del animal era tal que estuvo dos semanas prácticamente sin comer porque asociaba la comida con peligro. Tras seis meses en su nuevo hogar, solo come si hay alguien de su plena confianza delante.

Yaiza, de 32 años, habla de responsabilidad: “Para adoptar un perro tienes que estar preparado”. Y recuerda su primera visita a una protectora; contra toda idea preconcebida, el casting no lo hace la persona, sino el animal. “A mí me eligió un mastín gigante. Desde que entré no se separó de mí y ese fue el primer perro que me traje”. El mastín no es una raza sencilla de adoptar desde una protectora por su tamaño y las dificultades para acogerlo en vivienda. No importó: ‘Dumbo’ acabó en casa de esta maestra segoviana.

‘Dumbo’ había sufrido mucho y tenía problemas de conducta: no mordía, pero no dejaba que se acercara nadie que no se hubiera ganado su confianza. “Venía mi familia y les daba miedo. Era un perro que no se hacía a la gente. Sus cortes en la oreja indicaban que había vivido con un pastor y había sido desechado. Su miedo, sobre todo a los hombres, se transformaba en agresividad”. Y llegaron los problemas de salud. Se le paralizaron las patas traseras porque el maltrato le había dañado el cerebelo y tenía un perdigonazo en las costillas. El 1 de abril sufrió una torsión de estómago y falleció. Yaiza se las deseó para trasladar sus más de 60 kilos de peso al veterinario; su mascota murió en pleno traslado.

“Unos niños le tiraban piedras mientras comía y, debido al trauma, el animal aún no puede comer sin alguien de confianza”

El duelo no mermó su deseo de acoger e inició los trámites para adoptar otro en mayo, en los primeros días en fase cero. “No por eso me voy a cerrar a dar otra oportunidad a un animal. Yo sé que los animales, al igual que las personas, tienen una fecha y no por ello me voy a negar a una experiencia con otro bichejo. Lo tuve claro siempre. Y como había tenido una muerte tan traumática con Dumbo, no iba a tener otra peor. Así que dije, si he vivido esto y he podido con ello, lo que venga no será peor”.

Cuando vio a ‘Otelo’ en la web de Animalejos, la protectora se sorprendió: era la primera vez que alguien preguntaba por él en más de tres años. Ella explica sus motivos. El primero, el tamaño: él pesa unos 20 kilos y aún tiene margen para perder algo de peso. “Cuando me pasó lo de ‘Dumbo’, para mí fue muy traumático no poder controlar esa situación porque yo no podía con él. Quería un perro que yo pudiera coger y manejar a mis anchas”. Y le hicieron gracia esas orejas tan grandes que se esconden al asustarse de los desconocidos. “Y cuando me dijeron que nadie se había fijado en él, ya me dieron la puntilla”, sonríe.

Yaiza define a su perro como “un mix de podenco” y muestra ese orgullo de apoyar a quien lo necesita por encima de otros factores más superficiales. “Yo siempre digo que bonito no será, pero simpático, mucho”. Al ser un perro relacionado con la caza, tuvo que pasar un periodo de adaptación a la correa de cara a la acogida. Cuando fue a por él, Yaiza sacó primero a otro ejemplar que era “monísimo” y algo más pequeño. “Pero cuando cogí a ‘Otelo’ se me quedaba mirando cuando yo me paraba. Y es que tiene una cara súper tierna. El cuidador me decía que habíamos tenido un flechazo”. Y el flechazo se convirtió en adopción.

Ventajas de un perro adulto

“Hay que dar oportunidad a los animales más mayores. Un cachorro sale rápido de la protectora; los mayores, no”, subraya Yaiza. Un perro de siete años tienes sus ventajas: “Estos animales son muy agradecidos porque saben lo que son las penurias. A un cachorro no le ha dado tiempo a vivir circunstancias de hambre, de buscarse la vida, de frío. Estos ya lo han vivido y cuando van a una casa se convierten en otros perros totalmente distintos: ven lo que es el cariño. Que en una protectora se lo dan, pero son muchos. Aquí empiezan a ser únicos”. Son más tranquilos y disciplinados a la hora de hacer sus necesidades. “No te destrozan la casa y no te vuelven loco”.

‘Otelo’ es esquivo, pero ha evolucionado. “Al principio, tenía que ir con la correa a cazarle porque es un escapista. Cuando ve que está en peligro, huye”. Está más cómodo en espacios cerrados; se siente más protegido. “Hay que saber que estos perros vienen con mochilas. Hay que tener mucha paciencia y darles mucho amor. Si tienen comportamientos raros no es porque quieran ser así, sino porque necesitan adaptarse a la buena vida, que no la han tenido nunca”.

196 perros abandonados en Segovia desde 2016

El servicio de recogida de perros inició su andadura en la Diputación de Segovia en mayo de 2016. En un principio se hizo a través de un contrato que duró dos años, periodo en el que se recogieron 99 animales que habían sido abandonados en la provincia. Cuando acabó ese contrato, se inició otro en julio de 2018, vigente hasta 2021. En este segundo contrato, la administración ha recogido 96 animales. En total, 195 animales en cuatro años, una media de 50 perros al año.

El contrato está firmado con el centro canino La Yosa, en Simancas (Valladolid). El proceso empieza por el ayuntamiento, que llama al técnico de la Diputación y este, a su vez, contacta con el centro. El compromiso es recoger al animal en menos de 24 horas y trasladarlo al centro. A partir de ahí, empieza el proceso en busca de una casa de adopción o una de acogida. El centro trabaja con 17 protectoras de la región y del resto de España.

El convenio de la Diputación está firmado por 133 ayuntamientos. La institución provincial ha remitido recientemente una comunicación a las decenas de consistorios que aún no forman parte de él. “Les animamos a que lo suscriban porque les permite no enfrentarse al problema en solitario”, subraya la diputada de Sostenibilidad, Noemí Otero. Los ayuntamientos abonan 50 euros por la recogida de cada animal; el resto del mantenimiento corre a cargo de la Diputación. “Los animales tienen derecho a estar en unas condiciones dignas con una familia que les quiera”.

La mayor agilidad posible

El servicio no ha recibido hasta el momento peticiones para recoger a animales fallecidos. “Muchas veces nos llaman de un pueblo porque han encontrado un perro y no saben de quién es. Y ya sabemos que en los pueblos todo el mundo se conoce. Así que presumimos que los desalmados se van a otro lugar a abandonar a sus animales”, subraya Otero, que pone en valor la colaboración ciudadana y de los ayuntamientos para actuar con la mayor agilidad posible.

Como los perros suelen encontrarse en buen estado de salud, el proceso es relativamente sencillo. La tecnología ayuda: en los últimos meses la Diputación está usando las redes sociales para buscarles un hogar. Durante el verano, publicaron los anuncios de dos perros que fueron recogidos de manera casi simultánea. Y hubo un verdadero aluvión de mensajes. “Fue cuestión de días; uno estuvo tres y otro una semana y media”.