Voluntarios y docentes se encargaron de que ningún niño tropezase. / Kamarero
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El Ayuntamiento de Segovia, en esta ocasión con la colaboración de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), ha continuado con el programa de actividades que conforma la Semana Europea de la Movilidad en Segovia. Durante toda la mañana, decenas de escolares se acercaron hasta la avenida del Acueducto para participar en la iniciativa ‘Moverse sin verse’, en la que los pequeños tuvieron la oportunidad de, con los ojos tapados y con la ayuda de un bastón, ponerse en la piel de las personas invidentes que viven en la ciudad a lo largo de un circuito.

“Es un manera de sensibilizar a la ciudadanía y, sobre todo, a los niños, que son la parte más importante porque luego van a crecer y van a ir viendo la problemática que tenemos las personas ciegas a la hora de movernos. Con el pequeño circuito intentamos simular lo que sería andar con una ciudad que es bastantes complicada de manejar cuando no ves”, explicaba junto al recorrido el director de ONCE en Segovia, Claudio Congosto.

Pese a que todas las ciudades presentan dificultades de movilidad para las personas ciegas, el responsable de la organización incidió en las particularidades que convierten a la capital segoviana en una urbe complicada: “Tiene que ver con todo el entorno que tiene, con su antigüedad, con la orografía y las subidas, bajadas y escalones que te encuentras. El empedrado en sí no es un problema, aunque para usar un bastón es mucho más cómodo que sea liso, porque si no vas pegando votes con él”.

Congosto reconoce, en cualquier caso que desde la Comisión de Accesibilidad se van consiguiendo avances año tras años y que la voluntad política es buena, “aunque el dinero sea escaso”.
Dichos avances, que casi siempre tienen que ver con las barreras o limitaciones físicas se han reducido tanto que casi son más importantes ya las barreras informativas y, especialmente, la labor de concienciación entre el resto de vecinos de la ciudad sobre las responsabilidades cívicas.

“Muchos de nosotros vamos por la calle con la ayuda de un perro y hay mucha gente que no se mentaliza de las obligaciones que hay que cumplir con ellos. No tienen por qué ir sueltos por la ciudad porque te encuentras con verdaderos problemas con ellos; los animales se arriman e incluso los dueños quieren que se saluden con los nuestros y no entienden que son una ayuda. También nos encontramos con los areneros sucios porque no recogen las cacas de los perros y para nosotros no es fácil recoger la de los nuestros cuando está todo lleno de excrementos”, explica Congosto.

Desde la ONCE también hacen un llamamiento a los hosteleros para que guarden los elementos de las terrazas en el interior de los locales, “puesto que cada día te los puedes encontrar en un sitio y pueden provocar caídas”.