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¿Cómo comienza la historia del Restaurante San Marcos?
— Llevamos aquí desde 1955, desde que lo fundaron mis padres, y después ellos se jubilaron y nos quedamos nosotros, mi padre nos firmó un contrato de alquiler, porque pensó, ‘total para unos meses’… y llevamos ya más de 30 años.
Esto era una taberna, mi madre era una cocinera fabulosa y empezó a hacer sus platitos y sus comidas, mi padre las servía y ahí fue quedando, pero mi hermano José que es es una persona con mucha visión de futuro, empezó a pensar que la gente no iba a venir si no se le atraía de alguna manera y empezó a ir por marisco a Mercamadrid. Al principio nos lo comíamos todo, no he comido más marisco en mi vida que en nuestros principios, a todas horas, pero seguimos y al final hemos hecho un gran restaurante. Mi familia somos tres hermanas, Mari Carmen, María Jesús y yo, y mi hermano José, todos somos muy trabajadores y vinculados de alguna y otra manera al negocio.
— El marisco ha pasado a ser de un atractivo a una especialidad en la casa
— Esa parte la cuidamos mucho, semanalmente, o casi a diario intentamos que haya todos los días todos los productos, pero tiene que haberlo si o si para el fin de semana. Lo traemos, lo seleccionamos y viene para acá, donde tenemos un acuario de agua salada para marisco en vivo y el resto lo hacemos a través de distintas elaboraciones. Tratamos de poner precios muy competitivos aunque a veces nos hace daño, y más ahora con las subidas que hay , pero intentamos seguir manteniéndonos en la fina linde que hay entre poderlo soportar y no poderlo soportar.Todas las semanas cambiamos la carta y aunque los precios fluctúan mucho, pero intentamos respetar al máximo los precios.
— También cuidan con especial cariño los asados
— Tenemos una carta amplísima con los asados muy importante. El plato estrella en Segovia es el cordero y el cochinillo, y para nosotros ha sido una lucha. Nosotros no podíamos asar todos los días porque no venía nadie, y el producto no se puede tirar, por lo que empezamos a buscar técnicas de conservación para mantener nuestros asados en las mejores condiciones cada día, y eso nos llevó a crear la empresa El Asador de Segovia, que nos ha llevado a aplicar una técnica que ahora da muy buenos resultados.
— Pueden presumir de tener un negocio en un entorno privilegiado, en el corazón espiritual de Segovia y bajo el Alcázar.
— San Marcos es nuestro mundo, formamos parte de ese paisaje del barrio, es como nuestro sitio en el que estar. Para mi no existe otra vida que no sea mi VeraCruz, mi Fuencisla, es parte de nuestra vida, nuestra educación. Nos hemos criado aquí y antiguamente no era tan bonito ni tan bien visto como ahora, había gente viviendo en cuevas, mendigos, gente que vivía en casas muy pobres, pero la gente que sigue amando el barrio ha vuelto, y se ha mejorado mucho todo, ahora nos están haciendo las aceras.
—¿De dónde viene esa afición por la cultura y el arte que tiene el restaurante?.
— Yo siento pasión por el arte, y tanto que a veces es un problema, necesito estar rodeada de arte, y para ello cojo a los pintores y les digo que me llenen las paredes con sus cuadros. Esto no es una galería de arte, mi sueño sería tener una, pero en un restaurante no puede haber una galería y yo quería tener pintores, y por eso egoístamente cedo mi casa a los pintores. En Segovia hay muchos buenos artistas que necesitan espacios, hay gente con mucho talento que hay que apoyarles.. Llevamos mucho tiempo con Lope Tablada, que está dando mucho a Segovia La música también forma parte de esa pasión, más allá de un atractivo comercial, los conciertos los hacíamos con mi sobrina Noelia Gómez (Directora de la Fundación Don Juan de Borbón) y su marido y cuando sus compañeros pasaban por aquí de gira o venían a Madrid se pasaban por aquí, pero eso se ha complicado y no podemos por cuestiones de espacio. Fue algo muy bonito.
—¿Hay ya una tercera generación preparada para el Restaurante San Marcos?
— Aunque toda la familia está pendiente del restaurnte, mi sobrino Juanpi, hijo de mi hermana ya está en el negocio trabajando con nosotros. Es un chico fabuloso, está muy preparado, es el sumiller de la casa y nos garantiza el futuro
—¿Qué queda en el restaurante de aquel espíritu fundacional de la taberna?
— Del espíritu de San Marcos queda todo, sigue siendo acogedor como una taberna. La gente come, disfruta y eso es lo que querían mis padres. Cuando me preguntan cual es el secreto de este negocio, le digo: siéntate conmigo y comparte los platos con nosotros. Tenemos ganas de disfrutar y hacer disfrutar a quien llegue, que es lo que queremos todos los que trabajamos en esta casa. Es pasión por la hostelería y por lo que hacemos.