Guadalupe de Marcelo Rodao, junto a Alberto Herreras y un representante de la editorial Libros Derviche. / Nerea Llorente
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Cree la historiadora segoviana Guadalupe de Marcelo que los temas relacionados con la historia de la ciudad sí interesan mucho a los segovianos en general, incluso cuando no se trata de una novela, como es el caso de ‘El cerco del Alcázar de Segovia 1520-1521. Nuño de Portillo y la defensa de la catedral’, el libro de investigación histórica que ha escrito tirando del hilo de la documentación existente en varios archivos sobre todo un personaje hasta ahora desconocido, Nuño de Portillo. Este capitán segoviano tuvo una actuación relevante durante la guerra de las Comunidades, en el siglo XVI, ya que estuvo al frente de la defensa de la antigua catedral románica de Segovia, situada delante del Alcázar, durante el cerco que los comuneros hicieron a la fortaleza.

De Marcelo, acompañada por un representante de la editorial segoviana Libros Derviche, vinculada a la librería Entre Libros, y por el también historiador Alberto Herreras, presentó ayer esta publicación en la Casa de la Lectura. Horas antes comentaba a El Adelantado que este hidalgo, vinculado a importantes familias de la Segovia de la época, no es conocido porque no aparece en las crónicas, por ejemplo en la de Colmenares sobre la Historia de Segovia, o en todo caso es mencionado de pasada.

Perteneciente al bando realista o imperial, de los partidarios de Carlos I, defendió la catedral que después de meses de contienda, aproximadamente entre junio de 1520, según su estimación, y hasta poco después de la batalla de Villalar, en abril de 1521, quedó prácticamente destrozada.

La historiadora, sin embargo, hace frente a algún mito, como la creencia generalizada en la historiografía moderna de que los destrozos fueron obra exclusiva de los comuneros. “También los imperiales que estaban dentro para defenderse la dañan porque desmontan las rejas para hacer parapetos, retiran losas de tumbas y laudes para hacer barricadas, etc”. Se trata de un momento de guerra y en ambos bandos recurren a lo que tienen a mano para defenderse.

Gran parte de la documentación sobre Nuño de Portillo procede curiosamente del archivo de la Catedral de Segovia, “maravillosamente conservado”, señala De Marcelo, alguna del Archivo Municipal y legajos relativos a su familia del Archivo de la Chancillería de Valladolid que se conserva en Simancas.

Tirando de ese hilo, la autora ha conseguido ‘dibujar’ la personalidad novelesca de este hidalgo y soldado de Segovia y averiguar, por ejemplo, que estuvo en Lombardía y en Sicilia y en esta última llegó a ser muy popular por un episodio ocurrido cuando viajaba hacia la localidad de Randazzo. Iba acompañado de otro soldado cuando les salió al paso un fraile que les advirtió que no siguieran adelante porque se toparían con Plácido de la Spina, una especie de bandolero de la época que mataba a todos los españoles que transitaban por la zona. “Si está en el camino no nos volverá atrás”, fue la respuesta de Nuño, según De Marcelo, que cuenta que cuando finalmente se encontraron con el asesino y este les pide que se rindan, recibe igualmente otra respuesta valiente de boca del segoviano: “No es tiempo de rendirse sino de pelear”, atacando a continuación y clavándole la pica por la boca, para tirarle al suelo y cortarle la cabeza. Después se la colocó como si fuera un llavero y así se presentó en Randazzo ante el virrey, el conde de Monteleón.

Existen documentos con declaraciones de testigos que dan fe de este suceso, así como también de la reclamación, probanza, en la que Nuño de Portillo solicita un cargo o una compensación por su defensa de la catedral segoviana, que incluye incluso testimonios de soldados de los dos bandos que certifican su valentía y que los hechos ocurrieron como los cuenta. Se sabe también que “murió en Indias, Panamá, en circunstancias desconocidas.