Antonio Hernando
Antonio Hernando/EA

¿Qué es el electromagnetismo?
— El electromagnetismo es una de las cuatro interacciones fundamentales que conocemos en la naturaleza. Es junto quizás a la gravitatoria, la más familiar. La fuerza electromagnética es debida la carga de los electrones y protones y es responsable de la estructura de los átomos y de todas las reacciones químicas, por tanto, también de todas las reacciones que permiten la existencia de la vida. También se manifiesta en la energía que nos llega del Sol, que lo hace en forma de luz u ondas electromagnéticas, en la Tierra existen un campo magnético y un campo eléctrico atmosférico. Es muy difícil encontrar fenómenos naturales en los que no participen con mayor o menor protagonismo las interacciones electromagnéticas.
— ¿Cómo influye en la vida diaria?
— Toda la tecnología actual se ha desarrollado como consecuencia de la comprensión de los fenómenos electromagnéticos que se alcanzó en un siglo, entre 1780 y 1880. Los trabajos de Coulomb, Ampere, Faraday y Maxwell, entre otros, permitieron elaborar una teoría matemática elegante que ha resistido las revisiones profundísimas de la Física que propiciaron la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica. Hoy día las ecuaciones de Maxwell mantienen todo su vigor y la electrodinámica cuántica ha batido records de precisión ya que ha predicho resultados experimentales con más de ocho cifras significativas de acuerdo absoluto. No hay ciencia naciente que no mire de reojo a la teoría electromagnética como guía de su desarrollo. Como consecuencia de este asombroso éxito teórico se han desarrollado infinitas aplicaciones que abarcan desde la transmisión de energía por medio de voltajes de alta tensión a los motores y transformadores eléctricos. Desde la radio, la televisión, el radar al almacenaje de energía en imanes. La escritura y la lectura de información, así como su almacenaje en discos duros se consiguen por interacciones electromagnéticas. Los teléfonos móviles funcionan con ondas electromagnéticas entre aproximadamente 1 y 5 Ghz. Una vez más podríamos asegurar que es más corta la respuesta a la pregunta sobre qué tecnología no es electromagnética que a la pregunta de qué tecnologías se basan en sus principios.
— ¿Es la Tierra peculiar respecto al Magnetismo, para qué sirve el campo magnético terrestre?
— Hay planetas con campo magnético y planetas sin él. El campo magnético terrestre sirvió históricamente para orientación de navegantes, pero, sin duda, su principal utilidad es la de actuar como escudo de partículas cósmicas de alta energía que son desviadas por el campo impidiendo su incidencia sobre la superficie terrestre.
— ¿Qué investigaciones ha promovido usted?
— Yo he realizado a lo largo de mi vida una contribución al conocimiento de propiedades magnéticas de algunos materiales, en particular monocristales de hierro, vidrios metálicos y nanopartículas. He estudiado la influencia de las deformaciones elásticas en el magnetismo, la aparición de magnetismo en la nano escala, interacción de microhilos con ondas electromagnéticas y el comportamiento de nanocristales como materiales magnéticos blandos. Estos materiales son los que se utilizan como multiplicadores de flujo magnético en los núcleos de los transformadores. He hecho también estudios muy básicos sobre ondas de spin y algunos temas exóticos que podrían aburrir al posible lector.
— ¿Qué aplicaciones y tecnología ha promovido?
— En el campo de las aplicaciones he sido particularmente activo. Hemos desarrollado sensores para el ferrocarril, para herramientas y para la salud. Por ejemplo, hicimos un sensor en colaboración con el Hospital Clínico de Madrid para medir la presión en el interior de una arteria con aneurisma que ha sido intervenida para introducir un bypass. Desarrollamos un dispositivo para la incontinencia urinaria. Actualmente colaboro con el Hospital de Parapléjicos de Toledo en temas relacionados con la estimulación magnética de la actividad cerebral bajo patrocinio de la Fundación Areces. En el Instituto de Magnetismo Aplicado de la Universidad Complutense, nacido por convenio con ADIF, diseñamos unas pulseras anti-maltratos a petición de la Comunidad de Madrid. También patentamos unos sensores anti-hurtos basados en una novedosa tecnología con materiales amorfos. También he contribuido a la constitución de una empresa llamada Micromag que se dedica a la investigación y venta de materiales anti-radar, esto es: que eliminan o, más bien, atenúan la reflexión del radar para evitar o dificultar la observabilidad. Te vuelves invisible.
— ¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Cómo nació la investigación en magnetismo en España?
— Mi maestro fue Salvador Velayos, heredero a su vez de Blas Cabrera y de Arturo Duperier.
La ciencia es una tarea colectiva, sin duda una de las más bellas tareas colectivas de la Humanidad. La actividad científica de calidad se transmite entre generaciones. En una lúcida frase de André Gide, que tanto gusta citar a mi amigo Pedro Echenique, se recoge el secreto de la belleza creativa: “La belleza de las olas se aprecia cuando se retiran las que la precedieron”, que son las que permiten que esta última se luzca. Sin maestros no hay ciencia, no habría progreso ni transmisión. A personas como Cabrera, Duperier o Velayos les cabe el inmenso honor de haber facilitado, desde casi cero, la creación de la actividad investigadora en física, en España, donde hoy miles de jóvenes científicos son mucho más competentes que lo fueron ellos gracias exclusivamente a ellos. Así es el progreso en ciencia y que, en frase atribuida, sin rigor, a Einstein se resume en “si hemos visto tan lejos es porque íbamos a hombros de gigantes” esos gigantes fueron las olas que nos precedieron. Si no hay maestros no hay ciencia. Existe una paradoja ya que una gratificación clara en los científicos es la vanidad. Un profesor vive una contradicción: debe ser un faro, pero debe tener discípulos mejores que él y evitar los celos. Si no sería Saturno devorando a sus hijos. Ha habido maestros que han vetado los honores a los discípulos. En vez de olas son rompeolas o tapones. Hay que reconocer a los maestros y a los discípulos.
— ¿Qué aportaron sus maestros a la ciencia en España?
— Estos tres investigadores fueron hijos de la Junta para Ampliación de Estudios. En España la tradición científica, a comienzos del siglo XX, era pobre comparada con los países de nuestro entorno. Hubo un caso excepcional que fue el de Cajal, científico casi autodidacta y que, aún hoy se mantiene con un altísimo índice de referencias en los libros y artículos de Neurociencia por ser el reconocido autor de la teoría de la neurona aún en vigor. Cajal fue nombrado en 1907 presidente de la Junta para Ampliación de Estudios y decidió que el único modo de iniciar la andadura científica era enviar a los que deseaban ser buenos investigadores a los centros en que se hacía la ciencia y así creó una política de becas. Cabrera, ya catedrático de la Universidad Central pidió una beca y fue a trabajar en Magnetismo a Zurich con Pierre Weiss donde se formó como investigador de vanguardia.
— ¿Cómo juzga el momento actual de la a ciencia en la Universidad española?
— Nunca a lo largo de la Historia ha estado la ciencia en España en un nivel tan alto. No obstante, creo que necesitamos algún Premio Nobel en ciencia. Muchos colegas han estado últimamente próximos a investigadores y grupos que lo han obtenido. Cada vez nos aproximamos más a las condiciones necesarias para ello.
Un estudiante mediano inserto en un equipo de excelencia alcanza pronto la vanguardia de la investigación, mientras que uno extraordinario, en un grupo alejado de la vanguardia, no fructifica en años. He visto autodidactas que han tardado 40 años en publicar en Physical Review.
— ¿Que necesitaría la Universidad para mejorar la calidad de la ciencia?
— Hay dos obstáculos para que el desarrollo de nuestra investigación alcance un régimen estable de crecimiento: La necesaria reducción de la burocracia, y la propagación de la firme convicción de que las normas de elección de los cargos de responsabilidad investigadora deben ser muy diferentes a las de elección política. La calidad científica solo puede ser valorada por comités de científicos profesionales que puedan demostrar su pertenencia al grupo de vanguardia de sus respectivas especialidades.
— ¿Cómo suscitar vocaciones científicas?
— En los muchos años de carrera he podido constatar que la mayoría de los alumnos universitarios y de los colegas entusiasmados con la investigación adquirieron la vocación de sus maestros de bachillerato. La labor de los profesores de Institutos y colegios es una de las más importantes de la sociedad y no es reconocida en su justa valía. El trabajo más digno que hay en la sociedad es ser profesor de bachillerato. La universidad además investiga, pero en ella te enseñan a hacer la ciencia. Esta gana de “hacer la ciencia” se enseña en los institutos. Hay mucho “bla bla” político sobre esto, pero nadie sube el sueldo un 200% a los profesores. También los investigadores podemos ayudar divulgando a los jóvenes nuestro trabajo, dedicando parte de nuestro tiempo a dar conferencias y charlas en Institutos.
— ¿Qué se espera de los políticos para reforzar la investigación en España?
— Que demuestren que se creen de verdad las ideas que exponen cuando hablan de la ciencia y de la investigación.
— ¿Qué hacen los países con liderazgo científico para mantenerlo?
— La ciencia puede nacer en un país sin tradición, como decía con el ejemplo de Cajal en España, pero es muy difícil que el progreso del conocimiento se decelere en los países con tradición firme. De hecho, si uno mira la distribución de las nacionalidades de los Premios Nobel en ciencia y de los grandes grupos, uno puede observar que se mantienen los índices de los países que tuvieron un Newton, Darwin, Einstein, Planck etc. Cuando digo nacionalidad me refiero a los lugares de trabajo, no de nacimiento. Algún país emergente en ciencia, como es el caso de China, pronto tendrá muchos investigadores galardonados y reconocidos pero el número de los ingleses, franceses, alemanes italianos austriacos, polacos canadienses y norteamericanos se mantendrá más o menos constante. La tradición es un motor virtuoso que genera tradición.
— Se ha llegado a hablar de implantar una sede de la Agencia Espacial en Segovia.
— Sé que hay muchas ciudades candidatas en España y que el objetivo es que la sede no sea Madrid.
— ¿Como distinguir ciencia de pseudociencia?
— La ciencia no ha llegado a todos los ámbitos que preocupan a los seres humanos. La Biología es una ciencia, pero no tan exacta como la Física y la Medicina tiene muchos rincones a los que no ha llegado su luz. Hay que ser cautos. En esos terrenos, más vírgenes de ciencia dura, la ciencia brinda un método de estudio: La observación cuantitativa. El estado de la ciencia fija unos límites al campo de juego. Por ejemplo, el conocimiento sobre todas las causas del cáncer es incompleto, cuando alguien propone una de tales causas no se puede asegurar que su propuesta viole al conocimiento científico, pero sí se pueden establecer sus márgenes de probabilidad.
Cuando alguien dice que los móviles son malos para la salud, no está diciendo una barbaridad, pero sí se puede argumentar que muchos experimentos debidamente llevados a cabo y publicados en las revistas reconocidas por la comunidad científica no han encontrado hasta el día de hoy una correlación estadística entre el uso del móvil y la frecuencia de tal o cual tumor.
Junto a estos temas a los que la ciencia no ha llegado, pero ofrece ayuda con su método de análisis, hay otros que claramente se contradicen con lo bien establecido, sirva de ejemplo el terraplanismo o el famoso grafeno de las vacunas anticovid. Los anuncios de terapias y medicinas alternativas deben analizarse con cuidado porque habrá soluciones que en cualquier caso serán inocuas y otras claramente peligrosas.
— Un tema recurrente en los medios y en los temores de la población es el impacto de las radiofrecuencias en la salud.
— Las radiofrecuencias forman una zona del espectro electromagnético con frecuencias de Mhz o Ghz. Pero hoy se sobreentiende que con este nombre se hace referencia a la telefonía móvil. Nunca ha estado el ciudadano tan expuesto a este tipo de radiaciones como lo está actualmente y por esta razón es del todo legítima la preocupación por sus posibles aspectos adversos, pero, como ya indicaba más arriba la Medicina es una disciplina con muchas zonas oscuras de conocimiento básico. Sin embargo, las radiofrecuencias como parte del electromagnetismo se conocen muy bien. Es curioso que lo mejor conocido es lo que menos familiar resulta para mucha gente, mientras que lo peor conocido, la salud, es familiar a todos y a todos nos gusta opinar. Lo que la ciencia hace es partir en primer lugar de lo que se conoce bien. En este caso se sabe que las frecuencias de microondas, que son las de la telefonía móvil y que como todas las ondas electromagnéticas propagan la energía, son absorbidas por las moléculas de agua produciendo un calentamiento. El horno de microondas calienta el agua porque esta absorbe una fracción de la energía de la onda y que es de unos 1000 watios. Pero la potencia máxima puntual radiada por un teléfono móvil es de 2 watios y la media de 0,170 watios, es decir la diezmilésima parte de la radiada en el horno. No se conoce otro efecto de las microondas sobre la materia viva. Fíjense que digo que no se conocen lo que no significa que no puedan existir. Biólogos, ingenieros de telecomunicación, epidemiólogos llevan años realizando estudios buscando algún tipo de correlación entre enfermedades y uso del móvil. En España un organismo denominado CCARS (Comité de Radiofrecuencias y Salud) revisa anualmente la literatura científica sobre el tema y elabora un informe bianual sobre el estado del conocimiento al respecto. Recuerdo que hace unos años di una charla en la Alhóndiga de Segovia sobre este tema y los ánimos estaban muy caldeados.
— ¿Qué estudios de electromagnetismo son relevantes hoy en día?
— Voy a citar un solo ejemplo. El premio Nóbel de este año se ha concedido por la realización de experimentos con láseres y átomos que ponen de manifiesto el entrelazamiento cuántico de estados que es un fenómeno estrictamente cuántico, sin análogo clásico, y es el fundamento de la futura computación cuántica. La mayoría de este tipo de experimentos se hacen con ondas electromagnéticas como los rayos emitidos por el láser y con sistemas cuyo equilibrio es de tipo electromagnético como son los átomos.