Vidal Martín muestra algunas de las piezas que conserva en su colección privada./M.GALINDO
Vidal Martín muestra algunas de las piezas que conserva en su colección privada./M.GALINDO

A lo largo de la historia, el almirez ha sido un elemento esencial  tanto en la cocina, como en la química, la farmacología o la música. Su uso esencial para moler o mezclar alimentos y sustancias, y utilidades paralelas como instrumento de percusión en el folclore tradicional han hecho que este objeto  atesore siglos de historia  hasta que las nuevas tecnologías  han arrinconado gran parte de sus usos para quedar en el meramente ornamental.

De la historia y evolución del almirez bien sabe Vidal Martín, un segoviano nacido en La Cuesta (Turégano) que ha dedicado su ocio a reunir una colección de almireces de bronce que actualmente alcanza las 900 piezas, y que aspira a que puedan ser exhibidas en un museo en su tierra natal.

Procedente del mundo financiero, donde ocupó cargos de responsabilidad en importantes entidades bancarias, Martín reconoce su fascinación por este objeto, con un origen eminentemente práctico y con una historia de siglos. Así, señala que su empleo y diseño orientado a moler el grano en el ámbito culinario fue derivando hasta un uso crematístico y ornamental, y precisa que el empleo del bronce añade un plus a su valor histórico y cultural.

“El bronce fue un material muy escaso debido  a las dificultades para encontrar cobre, que en aleación con el estaño crea este metal –explica el coleccionista- y se da la circunstancia de que los fabricantes de almireces eran los fabricantes de campanas, que realizaban estas piezas con el bronce sobrante”.

Tras años de búsqueda a través de anticuarios, subastas y colecciones particulares, Martín ha conseguido detectar  y distinguir la calidad de estas piezas. Así, asegura que un buen ejemplar de almirez debe ser analizado a través de variables como su aspecto exterior, la pátina de años y el sonido. Sobre estas dos últimas, indicó que los métodos químicos pueden recrear en un mortero una pátina de siglos cuya autenticidad sólo podría detectarse con un análisis espectrográfico; “pero el sonido de un almirez es algo que no se puede imitar, es como el de las campanas”.

España es, junto a Francia e Italia, el país donde hay más interés por la historia y el coleccionismo de almireces, y Vidal Martín señala que existe un  ‘Museo del Almirez’ en Les Coves de Vinromá (Castellón) con apenas una treintena de ejemplares y una buena colección que se guarda y exhibe en el castillo de Perelada (Girona), ésta con 70 piezas; pero la del coleccionista segoviano está a punto de llegar al millar, puesto que “sigue creciendo y evolucionando”.

Por ello, está dispuesto a ceder para su exposición este importante legado histórico, con piezas cuya antigüedad está datada en el siglo XII en las más antiguas, y considera el castillo de Turégano el lugar idóneo para albergar el que podría ser el museo más importante de Europa dedicado a este singular objeto.

Martín ya ha establecido contactos con las autoridades municipales de  la villa episcopal, que han mostrado su interés en llevar adelante el proyecto, pero los engranajes administrativos no se mueven a la misma velocidad que los deseos del propietario,  que ha extendido su oferta también a la Diputación Provincial.

“Como es obvio, mi interés es  que la colección se quede en Segovia, y si es posible, en mi pueblo, y estoy dispuesto a hacer el esfuerzo que sea necesario a tal fin –explicó- pero si las intenciones no se concretan en hechos, tendré que pensar en otras posibles ubicaciones».