Noche de tensa incertidumbre

El ejercicio del periodismo suele ofrecer, en ocasiones, situaciones privilegiadas en determinados aspectos, y por el contrario, otras que por su índole bien querría uno que no se hubieran producido.

En mis años, largos años, de profesional de la máquina de escribir antes y del ordenador ahora, he podido contar con todo este tipo de momentos y situaciones, algunas dignas de olvidar y otras de anotar en la libreta de las satisfacciones.

Viene a cuento esta breve introducción al hecho de que ahora se reproduce un recuerdo que, para la historia de España, no debiera haberse producido nunca, pero como no tenemos en nuestra mano el decir que no a determinas cosas…pues lo que procede hacer es pasarlas al archivo de la memoria, y en casos, de los documentos pensando en el futuro. Esto es lo que ha habido que hacer, a lo largo de nada menos que 40 años, con aquel episodio ya histórico, que quedó en ello aunque pudo ser también trágico, de lo que recordamos como el 23 F, es decir, el 23 de febrero de 1981, lunes.

No se publicaba este periódico, entonces, los domingos, por lo que el inicio de semana se empezaba preparando determinadas obligaciones y programaciones informativas, comenzando nuestra tarea sobre las 9 de la mañana. Tenía yo la costumbre de llegar a la Redacción 15 ó 20 minutos antes que los redactores, para ir revisando temas e incluso en ocasiones poniendo en marcha los ordenadores. La mañana transcurrió el 23 de Febrero como la mayor parte de los días; cada redactor dedicado a su misión concreta, mientras en los talleres se preparaba todo para que sobre las 2 de la tarde se pudiera iniciar la tirada del periódico, pues había que enviarlos a los suscriptores de la provincia en los autobuses de línea. Pero este día, como ya andaba la cosa un poco revuelta, hablando en términos políticos, pues por la tarde se celebraba en el Congreso de los Diputados una sesión especial para elegir al nuevo presidente del Gobierno, repetí la presencia en el despacho, junto a algunos otros redactores para seguir, especialmente a través de las noticias llegadas por el teletipo y también ante la pantalla de un televisor, la votación en segunda ronda, por no haberse resuelto en la primera días antes, para elegir nuevo presidente del Gobierno en la persona de Leopoldo Calvo-Sotelo, a quien había propuesto el Rey Don Juan Carlos para sustituir a Adolfo Suárez. La dimisión de éste cogió un poco de sorpresa, y especialmente en nuestra provincia en donde había dejado una estela muy positiva en el año que en ella ejerció como gobernador civil, ya que puso en práctica un estilo nuevo, diametralmente opuesto al que llevaban sus antecesores. Estilo del que pude disfrutar por mi amistad con él, dado que casi a diario acudía yo, entonces como redactor, a su despacho a recabar informaciones.

La tarde del 23 F cogió a todos de sorpresa porque las alarmas se encendieron apenas iniciada la sesión en el Congreso

Pues, bien; la tarde del 23 F cogió a todos de sorpresa porque las alarmas se encendieron apenas iniciada la sesión en el Congreso, cuando se produjo la entrada violenta en el mismo del teniente coronel Tejero y sus hombres. Las imágenes de televisión desaparecieron, porque se impidió actuar a las cámaras, pero gracias a la ayuda de algunos micrófonos de la Cadena SER, cuyos periodistas tuvieron el acierto, la suerte y el valor de dejar abiertos, nos llegó la gran sorpresa. Todo se revolucionó en el momento, con el natural susto para los ciudadanos, y entre yo y mis compañeros de Redacción, sobreponiéndonos a un temor inicial, tuvimos que empezar a trabajar sobre el asunto, tarea a la que se incorporó enseguida el editor, Carlos Herranz, si bien en los primeros momentos no sabíamos por dónde ir, dada la confusión que existía. El teletipo, entonces ya electrónico, comenzó a evacuar noticias sueltas, confusas, a veces contradictorias, porque casi ninguna información salía al exterior del Congreso.

Madrigal 23F
Viñeta de Antonio Madrigal sobre el 23-F, publicada el 24 de febrero de 1981.

En la ciudad se empezó a vivir una justificada inquietud, pues sin saberse porqué al principio, hubo un movimiento de militares y algunos coches del Ejército se acercaron a la Plaza Mayor, según nos dijo uno de los redactores que había conversado con un capitán, al que conocía. Otro compañero que había salido igualmente en busca de información, aseguraba que se habían cerrado los colegios y enviado a los escolares a casa con la mayor rapidez, como asimismo a los alumnos del Colegio Universitario ‘Domingo de Soto’, en cuya fundación había colaborado decididamente Adolfo Suárez. Me puse en contacto con el gobernador civil, que entonces era Manuel Díaz-Miguel Moraleda, un hombre muy cercano a todos y especialmente a los medios de comunicación, que en todo momento nos tenía informados, a prensa, radio y corresponsales, de las noticias que recibía en su despacho. Se comentaba también que miembros de algunos sindicatos y partidos políticos habían comenzado a sacar archivos con documentos de sus sedes sociales, por temor a que fueran incautados.

En el Regimiento de Artillería nº 41, situado en el solar ocupado hoy por la Universidad, se registró la llegada de algunos vehículos pesados, procedentes de la base de Baterías, según noticias que nos llegaron a través de un teléfono, y asimismo que todos los oficiales habían sido llamados para incorporarse de inmediato al cuartel, como ocurrió en el de la Guardia Civil, máxime cuando el autor de la rebelión pertenecía al Arma.

En la Redacción recibíamos noticias de lo seria que se estaba poniendo la situación en Valencia, por orden del capitán general de la región militar, Jaime Milans del Bosch, con tanques en las calles; en las demás regiones militares había de todo, partidarios y expectativas. Pero de ninguna forma podíamos averiguar lo que estaba pasando en el Congreso, donde se encontraban también los diputados de los partidos segovianos, todos ellos muy conocidos nuestros y en los que pensábamos con el natural temor.

La situación exigía que se preparara cuanto antes un número especial del periódico para salir por la mañana en cuanto se hubiera esclarecido algo del caso, y un rayo de luz vimos todos sobre la una y cuarto de la madrugada del martes 24 cuando en la pantalla de televisión apareció la imagen del Rey, vestido con uniforme de capitán general, presencia que nos trajo un poco de tranquilidad. El Rey se dirigió a los españoles para condenar el intento de golpe, defender la Constitución y desautorizar a Milans del Bosch. El efecto fue rápido y Del Bosch ordenó la retirada a sus cuarteles de las fuerzas armadas.

Poco a poco fueron llegando escenas de los momentos difíciles vividos en la Cámara, el firme enfrentamiento del teniente general Gutiérrez Mellado y del mismo Suárez a Tejero, el disparo de éste y las descargas de algunos guardias disparando contra el techo, y el terrible susto de los diputados escondidos en sus asientos…

Ya a la vista de estas noticias, nuestra intención de preparar de inmediato un número extra se puso definitivamente en marcha, y así, sobre las siete y media de la mañana del día 24, algunos repartidores que se habían ofrecido vocearon por las calles la salida de ‘El Adelantado’. Ni que decir tiene que la edición se agotó de inmediato, cuando ya en la ciudad reinaba un ambiente de sosegada serenidad.

No hizo falta felicitar a redactores y personal de fotocomposición, montaje y rotativa, porque todos nos dimos por plenamente satisfechos de nuestro trabajo

Nuestro trabajo no se interrumpió aquí, pues ya con mucha mayor información llegada por el teletipo y por la televisión y emisoras de radio, pudimos preparar nuestra edición normal de tarde, que estuvo en la calle a la hora habitual, las dos y media.

El susto había pasado; nos miramos editor, director y redactores con los ojos supercargados de sueño, y emprendimos el camino de casa para descansar unas horas. Porque había que regresar para recoger las últimas noticias y preparar una nueva edición para el siguiente día. No hizo falta felicitar a redactores y personal de fotocomposición, montaje y rotativa, porque todos nos dimos por plenamente satisfechos de nuestro trabajo.


(*) Director ‘El Adelantado’ en el 23 de febrero de 1981

Constitución VIVA‘, por Ángel González Pieras.