Terraza del bar Atenas, instalada junto a uno de los tramos afectados por la sustitución del colector. / Kamarero
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Más de dos meses y medio de retraso y sumando. Es el minuto y resultado de las obras del paseo de Ezequiel González; una situación que no solo está dificultando el tráfico y afectando a la estética de la zona, sino que trae de cabeza a los comerciantes y hosteleros de la calle.

Los trabajos para la renovación de la red de saneamiento municipal en el tramo comprendido entre la glorieta del Sancti Spiritu y la glorieta de la Policía Nacional se iniciaron e pasado 5 de marzo, y estaba previsto que se ejecutasen en el plazo de un mes. La intervención consistía en la sustitución del viejo colector de hormigón y la reparación de los hundimientos de la calle, pero las oquedades encontradas bajo el firme como consecuencia de las filtraciones de agua han obligado a ampliar el proyecto en magnitud, tiempo y dinero.

Después de varias semanas con la maquinaria paralizada a la espera de la modificación del plan de intervención, el Ayuntamiento dará previsiblemente el próximo jueves 27 el permiso para la reanudación de la obra. Una vuelta a los ruidos y el polvo que, paradójicamente, esperan como agua de mayo los comerciantes de la zona, al representar el acercamiento a la solución definitiva de los problemas de la calle y de su día a día.

Y es que el estado que actualmente presenta Ezequiel González lleva tiempo representando una amenaza para la salud de los comercios y bares del paseo, si bien no afecta a todos en la misma medida. “El mayor problema que tenemos es el del tráfico. Yo recibo mercancía casi todos los días y si no se puede aparcar no se puede descargar. Además, los clientes se nos quejan continuamente”, explica el responsable de una farmacia veterinaria, quien reconoce, por otra parte, que al tratarse de un negocio muy específico no ha perdido clientes: “siguen viniendo, pero muchos cabreados”.

Situación similar a la que vive, por ejemplo, la empresa de trabajo temporal de Ezequiel González, cuyos proveedores se ven afectados por las mismas restricciones de aparcamiento que tiene ahora la calle. Sus responsables confiesan que al desarrollar gran parte de su jornada fuera de la oficina su volumen de negocio no se ha visto muy afectado, “pero sí el de otros compañeros, por lo que se habla en los bares de la zona. Hay mucho disgusto”.

Precisamente los bares son algunos de los locales que peor están viviendo el paso de los meses entre las obras. Con el buen tiempo, las terrazas son generalmente uno de los mayores atractivos de bares y restaurantes. Algo que no ocurre ahora en el bar Atenas, cuya terraza se encuentra instalada justo al lado de las vallas y límites de la intervención.

“La terraza el tiempo que estuvieron con la excavadora no se puso y fue algo más de un mes. Aparte, tampoco es agradable estar al lado de la alcantarilla, que huele que apesta. Ahora que está puesta sí que se sienta gente, pero hay días que por los olores la gente se levanta, porque no se puede estar con eso ahí”, reconocen los responsables del establecimiento, quienes ya han decidido adelantar el cierre por vacaciones a principios de julio, “porque con este panorama…”.

También para ellos la falta de aparcamiento es “el mayor daño”, ante lo que han optado por la resignación conscientes de que la actividad comercial en la zona es reducida.

“Nos ha afectado a todos, pero somos tan pocos comerciantes que no tenemos apenas fuerza. Solo sabemos lo que es quienes lo estamos viviendo, sobre todo para descargar; es horroroso tener que dejar el coche lejos y abajo para ello, y ahora van a poner un contenedor de obra, así que cada vez habrá menos sitio. No sé de quién es culpa, pero no son consientes del daño que están haciendo a nuestros negocios; cuando inicias una obra y hablas de plazos tienes que tener garantías de que los vas a poder cumplir y pensar un poco en la gente”, critican.

La más evidente víctima de la realidad del primer tramo del paseo Ezequiel González es el bar Los Claveles, cerrado hace escasos seis días. Si bien sus responsables no achacan directamente el cierre a las obras de la red de saneamiento reconocen que “tampoco han ayudado”.

“Desde que empezaron las obras se ha notado que había menos gente, y no me extraña porque es incómodo hasta de ver. El ruido cuando estaban a la altura del bar era insoportable y el polvo era lo habitual en la terraza e incluso dentro del local. Es algo que han sufrido las tiendas y las casas y que, aunque es inevitable, es una situación que se está alargando”, denuncian.