Una cliente recoge el pan en la Tahona Pastelería Marín. / Nerea LLorente
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Hay una cita bíblica, que recogen dos evangelistas, Mateo y Lucas, de cuando Jesús, durante su estancia en desierto, tras 40 días y noches de ayuno, es retado por el diablo, quien le dice que si realmente es hijo de Dios convierta unas piedras en pan. Entonces es cuando responde: “No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra o disposición que sale de la boca de Dios”. En la situación actual, sin embargo, esta frase que alude a lo espiritual, a ‘alimentar’ el espíritu, es literalmente aplicable a muchos pequeños negocios de panadería, tahonas de toda la vida que en los últimos años se habían adaptado a la demanda y, hasta la declaración del estado de alerta por la crisis sanitaria del coronavirus, ofrecían otros servicios fundamentales para su supervivencia.

Es el caso, por ejemplo, de la Tahona Pastelería Marín, en la céntrica calle de Gobernador Fernández Jiménez. Su propietario, Juan José Marín, un panadero y pastelero de amplia trayectoria en la ciudad, afirma que el negocio “ya está en pérdidas continuadas porque lo único que se vende es pan. La degustación de cafés, desayunos, meriendas… Todo eso se ha suprimido, claro, y en pastelería y dulces no hay consumo”.

Recientemente, algunas organizaciones de panaderos, entre ellas la Federación Catalana de Asociaciones de Gremios de Panaderos, reclamó el pasado martes que las empresas del sector puedan acogerse “de forma directa” a las medidas económicas del Gobierno aprobadas ante el impacto de la pandemia. Argumentan que las panaderías han experimentado una caída “muy importante” de ventas, motivada por la suspensión de la actividad de bares, restaurantes y colegios.

Marín sostiene que, aunque con horario reducido a las mañanas, su tahona está abriendo “para dar un servicio a los clientes del barrio, asumiendo en esta situación que puedan ir todos los días a por el pan diario. ¿Hasta cuándo podré ? Pues no lo sé porque estamos haciendo un esfuerzo, tanto los trabajadores como la empresa. Es más una labor de servicio público que otra cosa”.

Este empresario recalca además el cumplimiento extremo de las medidas de higiene y seguridad durante estos días de confinamiento, en su caso “porque es un establecimiento de paso, donde se puede comprar rápido, sin aglomeraciones” y porque las estanterías no están al alcance del público y la limpieza siempre se ha esmerado.

Indica que la venta de pan en su establecimiento “ha aumentado un poquito, pero muy poquito” y lo achaca a que, aunque la población de la zona es sobre todo gente mayor, “sí hemos observado que en algunas familias están los hijos, que normalmente no viven con los padres o trabajan en Madrid y ahora se quedan aquí todos los días”.

Por otra parte, añade que, “con muy buen criterio, el consumidor segoviano no quiere salir todos los días a la calle y se lleva pan para dos o tres días”, lo que ocasiona “bastante descontrol” en esta tahona “porque algunos días nos falta pan, poquitos, y otros nos sobra”.

A pesar de la incertidumbre sobre la evolución de esta crisis sanitaria, Marín da por perdido el ejercicio económico. Explica que negocios de pastelería como el suyo tienen dos temporadas “que salvan el año”, Navidad/Reyes y Semana Santa, incluso lo que él llama la pre Semana Santa y San José. “Tenemos clientes de toda la vida, por tradición en estas épocas y luego, a partir de mayo y en verano, la gente no toma pasteles, se van al campo o a las terrazas”.