De izquierda a derecha, María Solís, Sandra Gala, Daniel Lázaro, Jesús Chamorro y Javier Rodríguez. / ROCÍO PARDOS

La paradoja de los patinetes es que la normativa amenaza con convertirles en lo que habían venido a sustituir: el coche. La entrada en vigor de la nueva regulación de la Dirección General de Tráfico les desplaza de las aceras a la calzada, con una velocidad máxima de 25 kilómetros por hora, pero deja en manos de los ayuntamientos hasta qué punto flexibilizar su posición para atravesar zonas peatonales o compartir carriles bici. Segovia, con una aplicación restrictiva en los últimos dos años, está por determinar su propuesta ante el nuevo panorama. El fin de semana sirvió a muchos patinadores de la ciudad para dar su primer paseo por la calzada. Piden puntos de encuentro con las autoridades para salvar las zonas grises de la legislación y extender el uso de estos vehículos para dinamizar la ciudad.

Desde el 2 de enero, los vehículos de movilidad personal (VMP), entre los que se encuentran los patinetes, son considerados vehículos a todos los efectos y sus conductores están obligados a cumplir las normas de circulación, como el resto de conductores de coches y motos. Son vehículos de una o más ruedas, de una única plaza y propulsados exclusivamente por motores eléctricos, que pueden proporcionar al vehículo una velocidad máxima por diseño entre 6 y 25 kilómetros por hora. No pueden circular por las aceras ni en vías interurbanas, travesías, autopistas, autovías o túneles urbanos. Y sus conductores están sometidos a las mismas tasas máximas de alcohol permitidas por la Ley de Seguridad Vial. Tampoco pueden llevar auriculares, ni hacer uso del móvil o mientras van conduciendo.

Sandra Gala llevaba dos años circulando por la acera con la máxima prudencia. “He tenido muchas malas caras, pero siempre me bajaba un metro antes de llegar a una persona, paraba, adelantaba y seguía. Nunca daba el timbre”. Aunque sus compañeros dicen sentirse más seguros por la calzada porque “aceras anchas en Segovia hay cuatro”, ella prefería la acera. “Me da miedo que los conductores no sepan que tienen que respetarnos”. Identifica las salidas de las rotondas como un punto crítico.

Daniel Lázaro hizo su ‘pretemporada’ en los últimos días de diciembre para adaptarse a la nueva norma. El diagnóstico es positivo, más allá de algún coche que se pone a su altura y gesticula “no” con el dedo, una respuesta habitual en estos días. Él viene desde Carrascalejo y solía sortear la larga recta del restaurante Lago callejeando por Nueva Segovia; ayer fue el primer día que se animó a hacerla a los 25 kilómetros por hora de velocidad máxima, junto vehículos que llegan a rozar los tres dígitos.

María Solís lleva dos años con el patinete en el trastero. Compró uno por 500 euros que no cumplía la normativa por superar la velocidad permitida y tener sillín. Una de las críticas de los usuarios es que la ley no obliguen a los fabricantes a vender únicamente vehículos autorizados. “No es el único que he visto”, subraya. Ella, que no tiene carné, optó por esta opción para desplazarse a su trabajo, en El Sotillo, para no depender de autobuses que pasan cada hora. “Me lo compré por tener independencia. Lo volvería a hacer, pero tengo miedo de ir justa a clase y que me pare un policía o alguien por la calle. Por mí, no lo vendería, pero ahora mismo es lo más fácil”. Entre las ventajas del patinete destacan el tiempo que se ahorran en atascos o aparcamientos, la reducción del estrés o el elemento ecológico. “No me gusta ver las calles llenas de chatarra”, subraya Javier Rodríguez, usuario de monociclo. Se refiere a que el 70% del espacio de una calle está ocupado por vehículos. Frente a la bicicleta, el menor esfuerzo físico. “Monta en verano y verás cómo ligas”, ironiza Daniel. Hablan de un vehículo más inclusivo que no requiere un gran nivel físico y permite llegar puntual a una quedada numerosa en el centro. Y es una opción intergeneracional; la más joven de ellos tiene 23 años y el más mayor, 60.

Entenderse con la policía

La relación con la Policía Local es un elemento de constante conflicto. Jesús Chamorro ha terminado cultivando relaciones amigables. “He sido yo más formador de ellos que ellos de mí”. Daniel, cuyo primo dejó de montar, habla de “la táctica del miedo” ante paradas constantes, aunque ninguno ha sido multado. “Nadie quiere tener problemas con la autoridad”, subrayan. Sandra recuerda cuatro interrupciones con agentes en su regreso del AVE: “Siempre que me han parado he tenido que enseñarles yo la ordenanza”. María relata otra experiencia en el puente de San Lorenzo. “Me dijeron que o me lo llevaba a casa o me lo quitaban. Te dicen que te van a multar, pero cuando les preguntas por qué, no hay respuesta”.

El ahorro energético de estos vehículos es considerable. Daniel habla de que una carga completa cuesta 13 céntimos: sus vehículos tardan entre cinco y nueve horas en cargarse y les da para distancias entre los 15 y los 50 kilómetros. El mantenimiento es barato, con reparaciones por pinchazos o cambiar las pastillas de frenado.

La indumentaria es importante. Primero, a efectos de visibilidad. Aconsejan llevar un chaleco reflectante, que apenas ocupa espacio. También recomiendan el casco. “Me he concienciado de que tengo que comprarme uno”, subraya Sandra. Los guantes son cruciales. “Cualquier caída es muy abrasiva”, apunta Javier.

Apelan por la convivencia, por convertir el patinete y el coche en un híbrido. “Yo me lo llevo de vacaciones, aparco el coche en un polígono y me muevo por la ciudad con el patinete”, explica Jesús. Por su parte, Sandra lo lleva en el maletero y va con él desde su aparcamiento a su casa, en José Zorrilla. Por casos como el suyo, el patinaje sirve para dinamizar el centro histórico de las ciudades y su población menguante. Ponen el acento en que cada usuario quita un coche y libera un aparcamiento.

No es un coche, pero casi
Un usuario de patinetes circula ayer por la glorieta de la plaza de la Universidad. / M.G.

La orografía

Las pendientes segovianas son otro hándicap para los usuarios. La normativa no especifica límite en la potencia de los vehículos, pero algunos se quedan muy cortos en ciertas cuestas que toca coronar con el pie a tierra. A ello se une el mayor peso de la persona; a más kilos, más vatios para moverlos. En esencia, la orografía de la ciudad requiere de vehículos más potentes y, por tanto, más caros.

La carretera del acceso al AVE es otro punto conflictivo, pues puede considerarse vía interurbana (estaría prohibido circular con el patinete) o una calle, aunque esté fuera de poblado. La petición de los usuarios es alcanzar una catalogación con el Ayuntamiento para que se permita circular por esta zona sin vulnerar la normativa de Tráfico. Otra reivindicación es poder usar el carril bici que une Segovia con La Granja y lamentan una “discriminación” al no poder hacerlo. O circular a una velocidad moderada -”como un peatón corriendo”-, por las zonas peatonales. Ponen en valor ordenanzas abiertas como la de Tres Cantos o Granada. La filosofía alternativa del patinete frente al vehículo tradicional requiere de una norma que la apoye. O corre el riesgo de ser un coche más.

Piden ser tratados como ciclistas

La Asociación de Usuarios de Vehículos de Movilidad Personal pide expandir los ámbitos de uso del patinete al de los ciclistas. “Creemos que este equilibrio entre fomento, seguridad y respeto a los peatones se encuentra ya desarrollado en las normativas que se aplican a las bicicletas. Por ello solicitamos que los VMP sean regulados de forma similar a estas”. El colectivo propone que todo VMP cuya velocidad máxima supere los 15 km/h (velocidad media de un ciclista urbano) pueda circular en las mismas condiciones que los ciclos, por las mismas vías y con los mismos requisitos.

Las señales que solo afecten a bicicletas serían de aplicación automática también para los VMP. También las mismas normas que obligan a los automóviles a mantener una distancia lateral de seguridad en los adelantamientos. Al igual que ya ocurre en ciudades como Madrid, piden prohibir a los vehículos a motor invadir el carril por donde circula un VMP o una bicicleta, siendo obligatorio cambiar completamente de carril para adelantar. Así como mantener una separación de cinco metros cuando se circula detrás de un VMP o bicicleta para garantizar unas distancias de seguridad apropiadas.

El Real Decreto deja gran margen de actuación a los ayuntamientos. En aquellos municipios que no tengan regulados los VMP, se podrá circular por cualquier calzada, pero no podrá hacerse por aceras o por vías exclusivas ciclistas.

Los VMP deberán disponer un certificado que acredite que el vehículo cumple con los requisitos técnicos. Para ello, la DGT está elaborando un manual que se publicará en los próximos meses. El certificado de circulación será obligatorio dos años después de publicarse el manual y será, previsiblemente, un adhesivo con código QR similar a los distintivos ambientales. Hasta entonces, la única modificación prohibida es superar los 25 km/h o instalar un sillín.