Gema Calvo Psicologa Violencia Genero KAM1611
La psicóloga Gema Calvo, en su despacho. / KAMARERO

Gema Calvo Monjas (1 de julio de 1980) es responsable del área de Psicología de la oficina de atención a víctimas de violencia de género en Segovia. Ayer impartió una charla virtual organizada por el Colegio de Abogados de Segovia explicando los procedimientos frente al maltrato psicológico. Pide empatía y humanidad en el trato a las víctimas en todos los ámbitos; desde el policial, sanitario, judicial o su propia rama, la psicológica. Y lo ilustra con un comentario reciente de un hombre cuando ella conducía: “Puta tía”. El germen del maltrato está en cualquier rotonda.

— ¿Qué mensaje transmitirá a los abogados?

— Hablaré del rol del psicólogo y de la violencia psicológica; la física es muy obvia, pero que una persona lleve un moratón significa que tiene detrás un ciclo de violencia anterior. No todo empieza con un cruce de cables. Aunque es fácil identificar las consecuencias físicas, es muy difícil ver las psicológicas. Influye la vulnerabilidad de la víctima y hay muchos tipos de violencia, como la ambiental o la sexual. O la etapa de luna de miel, cuando la mujer perdona al maltratador y vuelve a sufrir.
— ¿Qué efectos ha tenido la pandemia?

— No solo ha aumentado la violencia de género, sino la doméstica. Hemos estado privados de libertad y ellas estaban dentro de casa con su maltratador.

— ¿Qué factores atan a la víctima a su maltratador?

— La violencia psicológica tiene muchas formas. El abuso económico; cómo el maltratador controla toda la economía familiar y no permite que la mujer tenga acceso al dinero. El aislamiento; limita los compromisos familiares y no permita que ella esté en solitario. Usan los celos para justificar las acciones: “Como vas tan provocativa, es normal que tu jefe te mire”. Eso merma la autoestima de la mujer. La intimidación, con miradas amenazantes. Una violencia ambiental: destruir los objetos que le importan a la mujer. O el uso de los niños.

— ¿Cómo trabaja para romper esa dependencia?

— Es la mujer, rara vez se rompe a través de un profesional. Suele ser en la fase de agresión, muchas veces por miedo a que le pueda pasar algo a los hijos. Ahí es cuando denuncian. Pero cuando el marido llora y te pide perdón, en ocasiones la retiran y vuelve el ciclo.

— ¿Qué pautas da a familiares y amigos de la víctima?

— Si no es la propia víctima la que toma la decisión, va a retornar a la etapa anterior. Si ellos han visto algo, deben tener claro que hay que denunciar. No hay otra
— ¿Hay que tratar psicológicamente a los maltratadores?

— Hay programas en penitenciaría y fuera. Si soy sincera, no conozco a nadie rehabilitado. Sí reincidentes.

— La violencia de género crece entre los jóvenes.

— El acceso a las redes sociales y a la pornografía les hace pensar que es normalizado. Por un tema de educación sexual, se creen que ese es el sexo normal, tanto en chicos como en chicas. Ahí tenemos un problema importante que, primero desde casa y luego las instituciones, se debe abordar. Porque luego hay una victimización psíquica importante en las víctimas que se cronifica en el tiempo. Hay una pérdida progresiva de autoconfianza, vergüenza, ira… Incluso depresión y suicidio. Hay muchos efectos secundarios.

— ¿Cómo evita que la víctima vuelva con el maltratador?

— La concienciación de la víctima. Ella tiene que poner distancia; hay gente que tiene órdenes de alejamiento, pero incluso ellas mismas van a buscarles. ¿Por qué? Porque no han llegado a ese convencimiento. La distancia ayuda a todos los que formamos parte del procedimiento judicial, desde policías a abogados o psicólogos. Porque si no, volvemos a empezar de cero.

— ¿Qué le falta a la justicia en perspectiva de género?

— Todavía hay prejuicios, tanto en el sistema judicial como en toda la sociedad. Nuestra labor como parte implicada consiste no solo en proporcionar una defensa jurídica sino en proporcionar un contexto de protección. Que las personas se sientan entendidas. Yo invito a reflexionar sobre nuestros propios valores, creencias y aptitudes en relación a la violencia.

— ¿Con qué prejuicios se encuentra?

— Falta empatía, que la persona no se sienta juzgada. Ya viene con suficiente culpabilidad, no la vamos a revictimizar. Hablo de la sociedad en general, ya sea de cualquier organización, el sistema de justicia o el centro sanitario. Tendemos a prejuzgar, tenemos establecido mucho esquema machista todavía en la sociedad. La comunicación no verbal tiene que transmitir humanidad. Sin prejuicios como: “Es la segunda vez que vienes”. Aunque haya sido la tercera o la cuarta vez que denuncia, lo que tenemos que procurar la gente de alrededor es no hacerla sentir todavía más culpable.