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Napoleón cruzando los Alpes, obra de Jacques-Louis David.

Hace muchos años cuando yo era joven, trabajaba para una empresa multinacional. Me tuve que ir a París para asistir a una reunión de trabajo. Me alojé en un hotel céntrico (a solo un kilómetro del Arco de Triunfo) que se llamaba Concorde La Fayette (creo que ahora se llama Hyatt Regency Paris Etoile). Es una torre alta con vistas espectaculares de la ciudad de París.

Desde la ventana de mi habitación se veía un impresionante monumento que se llamaba Hotel National des Invalides. Al preguntar acerca de la naturaleza de aquel edificio, mi homólogo francés, quien me había acompañado hasta la habitación, me dijo que aquello era el mausoleo del emperador Napoleón. Añadió que Napoleón era el francés más grande de la historia.

En realidad, Napoleón, aunque fue emperador de los franceses, no era de origen francés. Nació el 15 de agosto de 1769 en el seno de una familia italiana en la isla mediterránea de Córcega. Su nombre original era Napoleón Buonaparte. Sus antecesores emigraron a Córcega de la región de Toscana de Italia en el siglo dieciséis. La familia no cambió el apellido de Buonaparte a Bonaparte hasta 1796.

He leído en la prensa que importantes instituciones de la sociedad francesa están haciendo preparativos para conmemorar con mucha pompa el bicentenario de la muerte de Napoleón el 5 de mayo de 1821. Se ha creado cierto mito acerca de la grandeza del emperador. Mi objetivo para escribir este artículo es presentar algunos hechos objetivos ante el lector para que él o ella pueda juzgar si el emperador realmente fue un gran hombre o un déspota sin escrúpulos para quien la vida humana no valía nada y que supo aprovechar el caos generado por la Revolución francesa para usurpar el poder y en el proceso destruir la república francesa conseguida con tanto sacrificio.

Fue militar de carrera. Es cierto que no era un militar corriente. Le gustaba leer a Voltaire y Rousseau. Pasaba sus ratos libres estudiando estrategias geopolíticas y tácticas militares. Su carrera militar empezó con un golpe de suerte en Toulon en 1793. La monarquía ya había sido abolida y el rey y la reina habían sido ejecutados por la Convención Nacional. Robespierre andaba a sus anchas guillotinando a sus adversarios. Aunque el rey y la reina ya habían sido ejecutados, las tropas leales al rey, con la ayuda de tropas británicas controlaban una parte importante del país, en agosto de 1793. Las tropas de la Convención Nacional consiguieron conquistar Marseille pero tuvieron que parar su avance en Toulon.

El comandante de la artillería francesa (la Convención Nacional) fue herido en combate y Napoleón tuvo su gran oportunidad para mostrar su coraje personal y valía como militar. Ante los incesantes ataques de su artillería, los británicos tuvieron que abandonar Toulon. Napoleón que tenía solo 24 años fue ascendido al rango de general de brigada por su rol en la toma de Toulon. Así empezó una carrera militar brillante para Napoleón que poco a poco fue adquiriendo la fama de ser invencible. Así también nació la leyenda de Napoleón, el héroe.

Es cierto que Francia como un país moderno le debe mucho. Aparte de inculcar un sentimiento de grandeza (grandeur) en el pueblo francés, Napoleón creó su código legal, el Banco Central, su sistema de administración civil (préfets), las escuelas (lycées) y muchas más cosas. No cabe duda de que tenía una mente privilegiada y que era un trabajador incansable.

Pero era un megalómano. Convirtió toda Europa, Rusia y parte de África en enormes campos de batalla; sacrificó cientos de miles de vidas humanas incluyendo una generación entera de jóvenes franceses, desplazó millones de personas de sus hogares y en el proceso arruinó sus economías. Era un racista de tomo a lomo. En 1794, tas la guerra de liberación de los esclavos en las islas caribes de ocupación francesa, Francia fue obligada a abolir la esclavitud. Según la profesora Marlene L. Daut de la University of Virginia, en 1802 Napoleón restauro la esclavitud en estos territorios, empezó una campaña de genocidio contra los habitantes de estas islas de origen africano utilizando cámaras de gas y matanzas indiscriminadas. Tras su derrota en la Batalla de Waterloo en 1815, Napoleón perdió el poder y fue encarcelado en la isla británica de Santa Elena. Pero por desgracia, la esclavitud continuó en estos territorios. No fue abolida de nuevo hasta 1848.(Napoleón murió el 5 de Mayo de 1821.)

Oficialmente, Francia hace constantes proclamaciones glorificando su lema nacional de “libertad, igualdad y fraternidad”. Si es así, ¿cómo se puede justificar la conmemoración del bicentenario de la muerte de un megalómano genocida como Napoleón con bombo y platillos?

(*) El autor es Oficial de la Real Orden de Isabel la Católica.