Nao d´Amores vuelve a admirarnos y conquistarnos con un nuevo estreno: Numancia, de Miguel de Cervantes

Un momento del espectáculo teatral de la compañía segoviana en el Teatro Juan Bravo. Kamarero.

Han pasado tan solo dos meses cuando la Compañía Nao d´Amores nos enamoró con el estreno del retablillo de don Cristóbal, y he aquí, que el viernes pasado, asistimos a otro, Numancia, de Miguel de Cervantes. Si como público nos deja sin respiración nos preguntamos cómo consiguen ellos semejante prodigio.

Qué suerte la de nuestra pequeña ciudad que acoge sus estrenos, como no hacerlo, si Nao d´Amores es residente en nuestra ciudad. ¡Olé!, y que así sea por muchos años.

La expectación en el Teatro Juan Bravo, para presenciar la premier de “Numancia”, dirigida por Ana Zamora junto a su espléndido y conocido equipo, era burbujeante. En coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el acontecimiento era merecedor de esa chispa que se siente entre el público cuando acude a un estreno teatral en el que se junta tanto ingenio.

Esta nave de amor, con su capitana al mando, emprendió esta nueva travesía. Infatigable y atravesando el océano de los textos antiguos, medievales y renacentistas del teatro español, navegó al rescate de esta tragedia, porque, ¿quién mejor que ellos para aupar y poner en vertical el texto de D Miguel de Cervantes que tendido reposaba en horizontal?

La cia Nao d´Amores y su directora Ana Zamora, han demostrado a lo largo de su trayectoria de 20 años, que poseen talento, rigor, respeto, conocimiento y gracia para trasladar lo antiguo a nuestros días, utilizando claves teatrales contemporáneas que beben de los maestros de la simplicidad y del despojamiento que alumbraron el hecho escénico en la segunda mitad del siglo XX. El tiempo, bucle sin fin, y el talento de la directora, nos mostraron en la función del viernes como, elementos primitivos escénicos emparentados con algunas formas de ritos antiguos, junto a un tratamiento escénico contemporáneo, da una manera de hacer teatro genuino, vivo y distinto.

Eso sí, Nao d´Amores, no nos lo pone fácil como espectadores, y eso está requetebién. Ante un mundo en que el déficit de atención se está convirtiendo en un problema mundial, este hecho escénico nos obliga a estar concentrados y atentos.

El Cerco de Numancia se basa en un hecho histórico. Después de años de guerra en el que los romanos no consiguen vencer a los numantinos, este pequeño poblado valiente sigue resistiendo y el gran ejército romano no puede alzarse con una victoria. Pasados tantos años de contienda, los numantinos, maltrechos y sin apenas fuerzas, pero con el espíritu intacto, son cercados por el romano Cipión. No podrán salir de las murallas de la ciudad. Aún los numantinos les proponen un trato, que combatan un soldado contra otro del otro bando y aquel que gane, de su pueblo será la victoria. Los romanos no lo aceptan y el cerco continúa.

Se nota en esta puesta en escena que hay una elección consciente de como Ana Zamora quiere tratar esta tragedia y porqué. No bajo una forma dramática o trágica, sino apuntando a la parte más luminosa de nuestra cultura, esa que Cervantes nos muestra, esa luz que tiene que ver con la dignidad y la libertad de elegir cuando y como morir. Nuestro autor acaba de salir de la prisión de Argel después de seis años, pero no es un hombre hundido, sigue viviendo, sigue creyendo en la palabra patria, entendámosla no con los parámetros de hoy sino cómo la comprendió alguna generación anterior a la nuestra antes de nuestro desastre de la guerra civil. Cervantes cree en la salvación de uno cuando se siente comunidad. Los numantinos vencen, y lo hacen porque se mantienen unidos hombres y mujeres en la decisión de morir hasta el último ellos, y así lo cumplen.

La Numancia del viernes nos muestra el triunfo de la dignidad humana. Los numantinos se convierten en vencedores porque eligen llevar a cabo un suicidio colectivo, morirán antes de que sus mujeres sean ultrajadas y sus hijos convertidos en esclavos; sus bienes serán quemados y sus prisioneros carne para comer. El pan ensangrentado que por amor Marandro trae a su amada Lira, es más que pan cuando se lo entrega. Simbolizado por un pan envuelto en una tela roja, es el alma la que le ofrece. Después muere, pero su alma queda con ella.

El texto mantiene el verso escrito como en el original, Nao d´Amores elige para su pronunciación la fonética antigua, con ello también nos da a entender que su propuesta es más renacentista que barroca. Los actores bajo la dirección de Vicente Fuentes, otro clásico de la compañía, hacen fácil lo difícil, nos lo aproximan y lo hacen llegar límpido, vibrante, sonoro y emocionante.

Los desafíos escénicos se resuelven a cara y cuerpo descubierto, sin trampa ni cartón. Hay en ello algo de cuando los niños juegan sin juguetes y es su inventiva y su imaginación la que crea y trasforma cualquier insignificante cosa. Parecen decirnos: No te voy a engañar, te voy a mostrar todo sin ocultarte nada: mi cuerpo, esta humilde manta, la composición del centauro y su sacrificio…

La responsable del relato musical es Alicia Lázaro. La fuente para la elección de las piezas la ha encontrado en el calendario litúrgico y profano, que a su vez es el agrario, en el cancionero español, en los madrigales italianos, en los antiguos carnavales y en los romances. Algunas ficciones sonoras llegan a convertirse en espacio.

El espacio claro y funcional, la luces perfectas con esas cortinas – haces que diferencian los espacios, el vestuario no puede ser más sencillo y facilitador de sentido. Todo ello formando parte de una única y clara estructura. Cada elemento tiene su lugar y sin embargo al lado del otro parece transformarse en ese otro. En esa estructura, nada fácil para los actores, han de desenvolverse e interpretar sus personajes. Y lo hacen muy bien. Y eso que es el estreno. Será precioso ir a verlos al Teatro la Comedia dentro de quince días por ejemplo- en él van a estar del 19 de noviembre al 30 de diciembre-.

Ana Zamora, para mostrarnos la victoria del alma humana, elige hacerlo con la misma dignidad y sobriedad con la que Numancia gana a los romanos. Los numantinos mueren voluntariamente, la compañía Nao d´Amores nos la muestra desnuda y sin lágrimas.