El “Odyssey en plena exploración o expolio.

La serie “Fortuna” que Amenabar acaba de realizar para la televisión ha servido para reactualizar una curiosa circunstancia histórica española acaecida en 1804 en aguas del mar de Alborán a raíz del ataque de una flota inglesa y la consiguiente destrucción y hundimiento en la refriega de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes” que por orden de Godoy, primer ministro de Carlos IV solicitando buques y del ministro de Marina encargado de la misión convertían a la fragata “Mercedes” en buque del Estado y por tanto su carga venía a ser propiedad del Patrimonio español, según acreditan ciertos documentos del Archivo de Viso del Mar. La singladura de la “Mercedes” y otras naves procedían de Lima (Perú) con destino a Cádiz, transportando a la península un gran tesoro de la Real Hacienda Española procedente de las cecas americanas. Dentro del conjunto –mucho más ámplio- se contaban piezas de gran interés y valor. La fragata llevaba más de 600.000 monedas de oro y plata con la efigie de Carlos IV acuñadas en Lima en 1796, algunas de las cuales –en una presunta, inteligente y oportuna gestión de las Instituciones segovianas o regionales- bien hubieran podido recalar en nuestro Museo de la Moneda cuando fueron devueltas a España después de un largo pleito con el buque “Odissey” en EE.UU. Lo digo porque no en vano y no sin méritos para sostener la petición de cesión de una parte a Segovia que en su día fue ejemplo de acuñamiento en sus cecas.

UN HUNDIMIENTO PREVIO A LA BATALLA DE TRAFALGAR

Pero aproximándonos al caso, sería oportuno recordar el singular episodio, que constituye un pedazo desgarrado de la historia de España que marcó, con lo que sería inmediatamente después la “Batalla de Trafalgar” en la que los almirantes Gravina, Churruca y Cervera lucharon bravamente con la Armada Española frente a los ingleses y a los que, por una sesgada moción del gobierno socialista-podemita de Palma de Mallorca, amparándose en la Ley de la Memoria Democrática de Baleares, se les intentó borrar de su callejero acusándoles, nada menos que de sus connotaciones franquistas seguramente confundiéndoles torpemente con los destructores del mismo nombre que, por cierto, estuvieron participando –según los datos históricos- en toda la guerra española al lado de la República. Tambien hay quien considera que con ello se inicia el declive de nuestro Imperio. El 9 de agosto de 1804 la fragata de guerra española “Nuestra Señora de las Mercedes” zarpaba del puerto de Montevideo (Uruguay) procedente de Lima con destino a Cádiz formando parte de una escuadra de la Armada con aquel valiosísimo cargamento. Era el 5 de octubre de ese año cuando cuatro navíos de la Armada Británica la interceptaron alegando cuestiones jurisdiccionales y, no sin gran resistencia de nuestra escuadra armada, se produjo una escaramuza bélica en que, como consecuencia del fuego inglés la fragata “Mercedes” explosionó hundiéndose con 240 hombres a bordo y toda su importante carga, permaneciendo su pecio (restos de naves hundidas en el mar,como sería también el “Titanic” y otros) durante más de cien años si no olvidados (como así lo fuera precisamente por España, titular de aquellas aguas del Alborán) sí ninguneados por desidia del Estado y la indolencia de buen número de funcionarios responsables de la investigación y recuperación de ese pecio español que formaba parte de nuestro patrimonio subacuático.

Semejante tesoro y escandalosa actitud española no pasó desapercibida a la empresa de Arqueología Submarina “Odyssey” (con sede en Tampa (Florida, que era conocida como sede de negocios importantes y por sus museos y su oferta cultural de cierto tipo de bienes) que desde 1998 llevaban trabajando en el expolio y profanación de la fragata “Mercedes”, sustentado en un ingenuo acuerdo entre Madrid y Londres que permitía a “Odyssey” Marine Exploration para realizar en aquellas aguas trabajos de prospección del “Sussex nombre camuflado de un buque inglés del XVII con el que se opacaban los verdaderos estragos en la Mercedes, que en mayo del 2007 destrozaba y profanaba, como digo, el yacimiento subacuático del que extrajo más de 600.000 monedas de oro y plata y otras valiosas piezas sin catalogar que trasladaron a Tampa (Florida-EE.UU).

LA PROPIEDAD ESPAÑOLA DEL TESORO DE LA “MERCEDES”

Después del expolio “Odyssey” y de trasladadas las importantes cargas de monedas sobre todo (además de otros objetos y piezas de valor) insta en los Juzgados de Tampa –por si acaso- el reconocimiento de los derechos a favor de la OME (Odyssey Marine Exploration). Eso abre un proceso judicial a instancias de la acusación popular de España respecto a tal titularidad.- Y paralelamente en el Juzgado de la Linea de la Concepción se abre otro a instancias de Nerea Arqueología Subacuática, con sede en Málaga, para determinar si por el “cazatesoros” Odyssey se habría cometido delito de daños y profanación en el yacimiento arqueológico pecio de la “Mercedes”-

HACIA CARTAGENA LAS MONEDAS RESCATADAS

En cuanto al proceso en EE.UU. la justicia reconoció la propiedad española de las monedas y en febrero de 2012 dos aviones Hércules repatriaban a España un cargamento de 21 toneladas integrado por las casi 600.000 monedas de la Mercedes, menos algunas que “se quedaron por el camino”. Este tesoro fue trasladado al Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena (ARCUA) donde vienen siendo restauradas para devolverlas su signo facial y su patina histórica.

En cuanto al segundo proceso, el de la Línea de la Concepción .ante la inoperancia del Gobierno Español, aquel Juzgado en diciembre de 2016 dictó su sobreseimiento por haber prescrito después de 14 años de diligencias previas plagadas de oscuras circunstancias procesales. No conforme con semejante decisión NEREA apeló ante la Audiencia de Cádiz que finalmente en julio de 2021 por sentencia dejaba también inactiva la causa incoada, en la que se habían dado conflictos de competencias entre instituciones, vacíos legales existentes en España, debilidad e inoperancia de la Administración, corruptelas de altos funcionarios, indiferencias, etc. para determinar los daños, destrozos y expolio del pecio español precisamente por prescripción de los presuntos delitos.

En todo caso el incidente servía para dotar a España de nuevos instrumentos normativos de protección del patrimonio subacuático como la Ley Estatal de Navegación Marítima, modificación de la Ley de 1985 del Patrimonio Histórico Español, dotando al Ministerio de Cultura de la capacidad de supervisión de cualquier extracción de cualquier bien del fondo del mar, la incorporación de mayores competencias en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado donde la Armada deberá estar atenta a la aplicación del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior.

MONEDAS PARA EL MUSEO DE SEGOVIA

Y es en este relato, precisamente, donde Segovia debió jugar una baza estratégica (aunque quizá no sea demasiado tarde aún) en el sentido de haber procurado un acercamiento al Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena procurando una cesión intemporal de cierto número de esas monedas del pecio de la fragata española “Nuestra Señora de las Mercedes” para ser expuestas en las vitrinas de la “Casa de la Moneda” segoviana para gloria (que no de honor, perdido ante la pasividad nacional y la injerencia del “Odyssey” en el expolio y profanación de aquella fragata )- de una de las cecas de acuñación de moneda más importantes del mundo, como fue la de Segovia. Tal vez sea aún tiempo hábil. Más ahora con el nombramiento del segoviano Isaac Sastre de Diego como nuevo director general de BB.AA., con sólidas competencias en el patrimonio arqueológico subacuático

EL CAZATESOROS “ODYSSEY”

Desde su botadura el “ODYSSEY” no estuvo exento de imputaciones de expolios, detenciones, sobresaltos, etc. que lo calificaron sin escrúpulos como un autentico pirateo o “cazatesoros”. En sus tiempos de actividad había detectado fraudulentamente 418 posibles hallazgos en antiguos naufragios de época fenicia y romana con más de 2000 años focalizados en una completa carta arqueológica de las costas andaluzas y otros medios muy sofisticados para la investigación subacuática de los que España no tenía ni idea.

Por citar algunos episodios de su proceloso proceder no sólo como “cazatesoros citemos que en 1982 fue buque de apoyo de la Armada Inglesa en la guerra de las Malvinas. Que hace meses fue detenido en Chipre con una carga de objetos arqueológicos que le fue requisada por infringir las leyes aduaneras, desde donde se fue a la costa magrebí para seguir “cazando tesoros• y, finalmente , fue vendido en Laponia donde cambio de nombre a Empire Persia. Menuda alhaja.