Mejor con gaseosa

A escena.

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El experimento consiste en coger un texto de hace casi 25 años de autora reconocida, como Ana Diosdado, dárselo a un grupo de actores conocidos por haber paseado por unas cuantas de esas series de institutos intercambiables entre sí y ver si el resultado es suficiente para llenar teatros. El invento se llama “Los ochenta son nuestros” (versión 2010) y, francamente, lo que me sale pensar, visto lo visto, es que determinados experimentos, mejor en casa y con gaseosa.

Puede pensarse que quizá el texto, basado en las peripecias, dos Nocheviejas consecutivas, de un grupo de niños pijos con chalet en la Sierra de Madrid, haya envejecido mal, de hecho muchos aspectos de los ochenta lo han hecho, pero mi impresión es que no tenía ya mucha base en sus inicios, a pesar de que tuvo bastante éxito en el 88.

El primer acto, mientras los jovenzuelos hablan de sus asuntos más o menos banales, preparan la fiesta de Nochevieja, comentan las novedades de la urbanización, bailan y se echan unas risas, pues aún tiene un pase. Pero los dos actos restantes, con presuntos adolescentes de 17 ó 18 años meditando, a eso de las cinco de la manaña de una Nochevieja, sobre la desigualdad social, los efectos perniciosos de las drogas, los prejuicios de clase y la esperanza que se dejaba intuir en aquellos años son, sencillamente, inverosímiles.

Y si muy poco creíbles son los diálogos que mantienen los personajes, la trama, con homicidio incluido, no corre mejor suerte. La aparición del único personaje que no forma parte del círculo de protagonistas, en plena fiesta, no tiene pies ni cabeza y la resolución final, en medio de un griterío y una colección de aspavientos absolutamente risible, todavía menos.

A todo ello hay que sumar que los personajes son una colección de estereotipos, huecos y sin ninguna carne, desde la niña progre a la cabeza hueca, pasando por el rebelde que es rebelde con el dinero de papá, el gay que no se atreve a salir del armario, el malo que en el fondo tiene un gran corazón…

Y si los mimbres no eran muy allá, los actores lo terminan de rematar. Rescato a Natalia Sánchez, la niña de Los Serrano, que me pareció la única que aportó cierta credibilidad sobre el escenario, en su papel de la pequeña de la pandilla, que pasa por el trauma de la muerte de su padre. El resto eran claramente actores haciendo lo buenamente posible por actuar; ninguno dio la más mínima sensación de realidad ; y alguno, sinceramente, creo que debería replantearse su vocación.

La única duda que me queda es cómo, con lo amplia que es la cartelera en ciudades como Madrid o Barcelona, ha habido espectadores capaces de pagar los 50 euros que costaba la entrada más cara para ver este montaje en Madrid. Misterios de la vida.

FICHA:

Espectáculo: Los ochenta son nuestros, de Ana Diosdado.

Reparto: Natalia Sánchez, Gonzalo Ramos, Blanca Jara, Borja Voces, Claudia Molina, Álex Barahona, Juan Luis Peinado, Antonio Hortelano.

Diseño de escenografía: Luis Vallés (Koldo).

Diseño de iluminación: José Manuel Guerra.

Director: Antonio del Real.

Lugar: Teatro Juan Bravo.

Fecha: Viernes, 28 de enero de 2011.