daniel pastor geologo
Daniel Pastor trabajó durante cuatro años como investigador en Japón. / EL ADELANTADO

Ya no resulta extraño ver a científicos en los medios. Pero estos son, en su mayoría, epidemiólogos o virólogos. Hay quienes parecen no recordar que la ciencia es un campo infinito. La erupción volcánica que sacude La Palma desde hace ya cerca de tres meses, ha puesto en primer plano una ciencia olvidada por muchos. De repente, empezaron a aparecer geólogos en los informativos y las portadas de periódicos. El segoviano Daniel Pastor siempre ha tenido muy presente este mundo. Tal es así, que hace años que se convirtió en geólogo. No en uno cualquiera: lo que más llama su atención es la tectónica de placas. Le interesa conocer cómo se mueven. Y cuáles son los efectos que tienen estos movimientos.

Lamenta los daños y el sufrimiento de La Palma. Pese a ello, desde el punto de vista geológico, lo ocurrido allí “es un espectáculo”. Le habría gustado verlo como un observador: como “un turista geológico”. Aunque Pastor se ha especializado en algo bien distinto.

En España es un poco la niña fea”, critica. No cree que este país se caracterice por ser rico en minerales. Esto hace que haya quienes no ven salidas a la geología. Él piensa todo lo contrario: asegura que, de las ciencias naturales, es una de las que tienen “mayor empleabilidad”. Son pocos los que la estudian.

Cuando era pequeño, le apasionaba la paleontología. Es de la ‘generación parque jurásico’. La saga de ‘Jurassic Park’ le marcó. En cambio, cuando llegó a la Universidad, se dio cuenta de que había otras cosas que le gustaban todavía más. Descubrió ramas del conocimiento hasta entonces desconocidas para él. De hecho, ni siquiera dio geología en el instituto. Esta es la historia de cómo se adentró en este universo. Es sencilla. “No es apasionante”, bromea. Fue teniendo claro que su camino debía estar vinculado con esta disciplina. Y así lo hizo.

Forma parte de un programa del Ministerio de Educación, que contrata investigadores en las universidades españolas. De acuerdo con un compromiso de estabilidad, cuando finalice su contrato – pasados los cincos años requeridos-, la Universidad de Granada tendrá que hacerlo fijo. Es un programa muy competitivo. Lo solicitó en varias ocasiones, hasta que logró hacerse con una plaza.

Se ríe. “En realidad no hay una sola, hay muchas”, dice. Las habilidades varían según la rama. Pero tiene claro cuáles son las claves para ser un buen geólogo: lo primero, que te guste, y, en su caso, es imprescindible tener visión espacial. No lo considera una ciencia “muy difícil”.

Pastor ha paseado sus conocimientos por el extranjero: durante tres años y medio, trabajó como investigador en Holanda y, durante cuatro, en Japón. Estas experiencias le han cambiado. Y le han hecho darse cuenta de que las instituciones públicas valoran más la geología en otros países que en España. “Muchas veces los Gobiernos no han tenido problema en recortar primero por ahí”, critica. No ocurre lo mismo con la población.

Le gustaría ir haciéndose un hueco en su país. Es científicamente ambicioso. Pero se mueve por la curiosidad. Improvisará. No es de los que quieren tener marcados los pasos a seguir en su vida. El mejor científico no es el que tiene las mejores respuestas. Sino las mejores preguntas. Esta es su idea de futuro. Espera que nunca deje de hacerse preguntas.