Un grupo de comensales brindando con uno de los vinos catados en La Codorniz. / diego gómez
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La Codorniz en la capital y Venta Magullo y Los Mellizos en la provincia. Todo preparado: copas impolutas, menús de tapas o platos más elaborados, los equipos de cada establecimiento ultimando detalles, los vinos atemperados, músicos probando sonido y, como siempre, un pelín nerviosos y con mucha ilusión. Así comenzaba el viernes.

Primera parada: La Codorniz. Más que conocido este local, ubicado en una zona emblemática de Segovia, por su buen hacer y su estupenda variedad de tapeo en barra, así como buen guisoteo en restaurante, se unía, un año más a los Otoños Enológicos. Buezo, una bodega ubicada en Arlanza, que sólo elabora vendimias seleccionadas y vinos de guarda, completó la selección de tapas de La Codorniz con cuatro vinos de 2005: Buezo Tempranillo, Buezo Varietales, Buezo Petit Verdot y Nattan. El salmón ahumado en la casa, un imprescindible de La Codorniz, y productos de temporada como los boletus y los níscalos no faltaron en la propuesta de Lino y su equipo que, como cada año, es más que acertada y así lo reconocieron los asistentes. No es de extrañar que las entradas para esta propuesta se agotaran enseguida. Sorprendidos nos quedamos con la capacidad para envejecer de estos vinos elaborados de forma artesanal con un denominador común: la elegancia. Y agradecidos a Javier Amo por ofrecernos la posibilidad de probar cosas nuevas, como su original propuesta Nattan, que puso el broche de oro a la noche. Seguimos catando, seguimos aprendiendo.

Segunda parada: Venta Magullo y Los Mellizos. Se sincronizaban, de nuevo, los relojes para llegar con el Otoño Enológico a la provincia. Santi, Fe, Rebeca y Diana nos abrían las puertas de su casa, que ya es también la nuestra, para armonizar los cuatro estupendos vinos de Bodegas Vagal con cuatro tapas de esas que se saborean en un ‘hogar’ como Los Mellizos. Más de 70 personas de la comarca abarrotaban el comedor de esta casa seducidos por una propuesta que no falla. Es cuestión de Fe. Porque Fe a los fogones no sólo no falla, sino que cada día, nos sorprende con sus creaciones elaboradas con una ilusión admirable. Y porque Vagal también nos trajo “fe” en sus dos primeras propuestas: un rosado y un tinto ecológicos de la DOP Valtiendas. Cuvee Joana y Ardalejos, los ‘hermanos’ mayores de Fe y dos vinazos biodinámicos muy reconocidos y premiados, completaron este excelente cartel. A los platos: vieira, huevo a baja temperatura, un risotto de setas en un justo punto y un pie de cerdo con pisto de calabazas y níscalos para chuparse los dedos. El bombón de turrón de foie, completaba esta armonía. Y para armonías, las que nos ofreció Luzia Molina con su preciosa voz. Gracias Santi, por volver a hacernos sentir parte de vuestra familia.

La noche del viernes también nos trajo a los Otoños el estreno de Pago de Valdecuevas, una bodega ubicada en Rueda que cuenta, además, con una almazara en Medina de Rioseco donde elaboran un aceite de oliva virgen que está poniendo a Castilla y León en el mapa en lo que a este producto se refiere. Empezaron esta aventura en 2012 y han conseguido consolidarse y hacerse un hueco gracias, no sólo a la calidad de su producto, sino al estupendo equipo del que se ha rodeado Javier para llevar a cabo sus logros. Sí, ésta es otra de esas empresas cuya filosofía es digna de mención, algo que, personalmente, valoro tanto como la calidad. La frescura, la simpatía, la delicadeza, y la elegante modernidad de los vinos de esta bodega tenían que maridar sí o sí con la innovadora y cuidada cocina del chef Óscar Calle. Y vaya si lo hizo… Comenzar con un rosado en una cata de blancos buscando el maridaje perfecto no es casual, ni un error. Fue la acertadísima decisión de los sumilleres Ángel Peña (Venta Magullo) y María Berzal, que hicieron un estupendo trabajo previo para ensamblar vinos y platos, digno de mención.  Flor y Nata (verdejo y sauvignon blanc), Valdecuevas verdejo 100% (crianza sobre lías) y Valdecuevas Cuveé (envejecido en barrica), acompañaron a los platos principales del menú creado por Óscar Calle, que no dudó en apostar por algunos de sus platos estrella de temporada, como el hojaldre de hongos salteados con foie y huevo de balneario con tocineta ahumada. Tampoco dudó en arriesgar buscando un punto divertido con la estupenda salsa de soja, lima y jengibre que acompañaba al tataki de presa de vacuno black-angus y que le iba al vino que ni pintada. Y es que, señores, si eran de los que pensaban que una cata sin tintos no es una cata, se equivocaban. Y vaya por delante que adoro los tintos. Terminar con un frizzante, tampoco fue casual, porque el sabroso postre elaborado por Óscar pedía un vino así. Y si al helado de zanahoria y cítricos le pones unas gotas del aceite de Pago de Valdecuevas, ya lo bordas. Otra propuesta de 10. La música, a cargo de los chicos de Toca2, apuesta segura.