Monseñor Franco muestra en un simpaático gesto el premio que entregó después a la feligresa de la parroquia. / M.G.
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Coincidiendo con la festividad de San Martín de Porres –santo que al igual que San Alfonso Rodríguez es conocido por su proverbial humildad y abnegación al servicio de los demás- la diócesis entregó ayer el III Premio San Alfonso Rodríguez, con el que distingue a las personas cuya labor anónima hace posible no sólo el mantenimiento y la limpieza de los templos parroquiales, sino el buen funcionamiento de todos los servicios que se prestan a favor del mensaje del Evangelio.

El salón de conferencias del Palacio Episcopal llenó por completo su aforo de parroquianos de El Sotillo que quisieron acompañar a Marcela Sancho, que este año recibió esta distinción por su colaboración en esos pequeños servicios cotidianos que hacen que el templo parroquial en La Lastrilla luzca impoluto y preparado para las celebraciones litúrgicas. El obispo de Segovia César Franco, fue el encargado de entregar el premio, una pequeña escultura que representa una mano sobre la aldaba de una puerta, simbolizando la labor que durante años desempeñó San Alfonso Rodríguez como portero en el centro educativo de los Jesuitas en Palma de Mallorca a mediados del siglo XVI.

Fue el párroco de El Sotillo, Amando Sanz, quien glosó las virtudes de Marce –como es conocida coloquialmente por sus convecinos- a la que definió como un ejemplo de “cariño y buen hacer”, y aseguró que “la parroquia te quiere, y jamás podremos agradecerte tu entrega, tu cariño y tu saber hacia la parroquia”.

Con la emoción en sus ojos y en su voz, Marcela Sancho agradeció el galardón recordando la figura de los sacerdotes que han marcado su vida de cristiana, y de forma especial evocó a Andrés de la Calle, primer párroco de El Sotillo, que le animó a participar activamente en la vida pastoral de la parroquia. Asimismo, indicó que su trabajo se ha orientado “a potenciar la comunidad cristiana de la parroquia y alcanzar el bien desde la fe que nunca he dejado de practicar”.

Cerró el acto el obispo destacando que este premio “reconoce la delicadeza del alma y del corazón de todas aquellas personas que , como Marce”, trabajan a favor de una iglesia que consideran como propia”.
El colofón al acto de entrega lo puso la actuación de la Camerata Regina Mater, que previamente ofreció un breve recital de polifonía coral sacra.