Mara Sánchez Llorens.
Mara Sánchez Llorens.

Mara Sánchez Llorens Arquitecta urbanista y Doctora en Proyectos Arquitectónicos, experta latinoamericanista y especialista en la obra de la arquitecta Lina Bo Bardi. Ha colaborado con la AECID en España, Argentina, Brasil y México desde 1996. Comisaria y museógrafa de exposiciones, docente universitaria

— ¿Qué significa para Vd. descolonizar un Museo?
—Descolonizar un museo es modificar la mirada museológica hacia un contexto crítico universal y temporal. Si no hay un programa conceptual claro, esta tarea es un nuevo canon fosilizado desde su origen. El proceso de descolonización del museo debería implicar ser más democrático y plural, ofreciendo “marcos de visión” diversos y simultáneos, donde el visitante pueda reconocerse a sí mismo en los demás.

— ¿Cuál ha sido su colaboración con Museos o Fundaciones?
—Mi experiencia en el campo de la museología y las exposiciones ha sido breve pero intensa hasta la fecha. Destacaría dos colaboraciones: “Casa de muñecas saudita”, celebrada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid en 2016, y “Lina Bo Bardi. Tupí or not tupí. Brasil 946-1992”, realizada en la Fundación Juan March de Madrid en 2018.
Si hablar de estructuras coloniales se refiere a formas de organización basadas en relaciones de poder desiguales y jerarquías impuestas de unos sobre otros, descolonizar debería implicar reconstruir lo compartido e integrar, lo que se procuró en “Casa de muñecas saudita” (concebida por mujeres) que reflexionó comparativamente sobre lo doméstico desde dos contextos diferentes: Madrid y Riad, con un leguaje compartido, el del dibujo arquitectónico. “Lina Bo Bardi. Tupí or not tupí. Brasil 1946-1992” expuso en paralelo arte erudito y popular, moderno y tradicional, para reflejar la diversidad de aquel contexto brasileño.

— ¿Es partidaria de alguna política de cuotas en estas instituciones? ¿Por qué, qué cree que aporta?
—Estoy a favor de políticas que faciliten los aportes de perspectivas femeninas, tan meritorias como las masculinas. He colaborado en la creación de redes donde mujeres hemos redefinido la profesión, como mujeres, no por ser mujeres. Cuando estas perspectivas se radicalizan, todo falla.
Aunque creo necesario tomar medidas para corregir desigualdades históricas o estructurales, la aplicación de cuotas casi nunca es equitativa. No creo que la asignación numérica sea la mejor solución. Prefiero, por ejemplo, los concursos anónimos que aprecien las cualidades de la propuesta.

— ¿Cree que en arquitectura existe un sesgo heteropatriarcal?
—La arquitectura ha sido pensada, diseñada y ejecutada tradicionalmente por hombres. Esto es objetivo. Generalizar el cómo ha de hacerse a partir de ahora no es una buena solución. La arquitectura ha de pensarse para sus usuarios, bajo esta premisa la arquitectura es mejor.
Investigo y visibilizo las aportaciones de las mujeres en parejas reconocidas como los Aalto, los Bardi o los Eames para entender las estrategias creativas de quienes hablan con los que piensan distinto, no me gusta esa actitud de “quítate tú para ponerme yo”.

— ¿Conoce el Museo de América? ¿Puntos fuertes y débiles?

—Viví en México hace casi treinta años, y desde entonces me he dedicado a explorar las maravillas que este vasto continente de 42,55 millones de km² tiene para ofrecer. He visitado el Museo de América en innumerables ocasiones, donde he estudiado “nahuatl”, examinado códices prehispánicos, celebrado el Día de Muertos, disfrutado de exposiciones sobre una variedad de temas, he consultado libros y participado en visitas monográficas. Mi vínculo con este museo es profundo; de hecho, trabajé con sus fondos para la exposición de Lina Bo Bardi, donde tuve el honor de ser comisaria invitada.
Considero que los fondos del Museo de América son una joya y también reconozco que el museo presenta algunas debilidades. Aunque es moderno en su enfoque multidisciplinario y en su capacidad para albergar objetos antiguos y modernos, el museo carece de una narrativa continua y activa. Necesita actualizarse en términos de su programa conceptual, museografía y museología para atraer a nuevos públicos y ofrecer una experiencia superior. Me temo que actualmente nos centramos únicamente en sus sombras y no en sus luces, y lo cierto es que, para apreciar las sombras, ha de haber luz, sólo así surge el espacio, que en América es generoso y exuberante.
El Museo de América sigue siendo un tesoro invaluable que refleja un extraordinario encuentro entre mundos. Ser crítico con su situación actual es parte de un proceso de búsqueda para reconstruir una visión de América que sea verdaderamente plural y representativa. Subestimar su potencial sería un error; más bien, deberíamos apreciarlo como una joya colectiva que ofrece una visión de extraordinaria belleza y multiculturalidad, testigo de nuestra historia y lista para transformarse con las nuevas categorías del siglo XXI.