Jesús Hedo Serrano.

Desde siempre se ha visto unido a la figura de Antonio Machado y a todo lo que el poeta suponía. Será por su origen, nació en Soria, será por estar ahora en Segovia, donde también el poeta fue profesor de lengua y francés. Parece que su vida le ha mantenido cerca de algunos rincones en los que vivió Machado.

Cada vez que Jesús Hedo pronuncia una conferencia sobre el poeta, su vida, sus mujeres…el auditorio está lleno. Poder conversar con él sobre el poeta mientras recorremos su Casa Museo ha sido una suerte: el jardín, la tienda, la cocina, el dormitorio y el cuarto de estar. Ochenta y un años desde la muerte de Antonio Machado en Colliure (Francia), un buen momento para recodar algunos aspectos de su vida y su poesía.

Machado es el poeta del tiempo perdido… “Se canta lo que se pierde”, solamente hay dos alusiones a su madre ¿Por qué? Porque la tenía, incluso murió dos días después que él. En cambio, a su padre, que muere cuando él tenía ocho años de tuberculosis, le hace un soneto, lo mismo que a Leonor, por eso estaba muy sensibilizado con esa enfermedad… “La flor del verbasco”, es un poema que escribe en Segovia cuando le visitan los miembros de la Generación del 27… “Ya no se cuecen flores de verbasco…” porque con esta hierba se hacían infusiones para quienes padecían tuberculosis.

—¿Esa hierba se utilizaba con los enfermos de tuberculosis?
—Exactamente. Era lo que se utilizaba en los sanatorios del Alto Guadarrama. Por eso, cuando cae enferma su mujer en París, el 14 de julio de 1910, enseguida le recomiendan que vuelva a Soria, que es una ciudad fría, y le sentó muy bien. Hasta hace poco se conservaba el carrito donde la paseaba en “El Mirón”, un lugar donde vivió con su mujer, que no podía andar.

—Comentas que a Machado su madre le protegió.
—Creo que sí. Tanto en Soria como en Baeza, estuvo con él. En Baeza lo quisieron casar. Tenían una tertulia en la rebotica de la farmacia de un hombre llamado Almazán y lo quisieron casar con una hermana, pero Antonio no se dejó. Lo que pasa es que luego cayó en la trampa. Yo le tengo poca simpatía a Pilar Valderrama porque lo utilizó, creo yo, era un bonachón. La vida de Machado está en su obra, dice en una Soleá: “También he visto beber hasta en los charcos del suelo, caprichos tiene la sed. Creí mi hogar apagado y revolví la ceniza, me quemé la mano…” Está haciendo alusión a eso. “Tú me buscaste un día, yo nunca a ti Guiomar”.

Machado es el hombre de las soledades, del silencio, del misterio, creo que son las tres claves de su poesía: “El alma del poeta se orienta hacia el misterio”.

Segovia ha tenido suerte porque es el único sitio donde se conserva una casa de Antonio Machado. Soria, que creo que es la ciudad que más amó, aunque estuvo allí solamente cinco años, le dejó una gran huella y por eso dijo: “Mi corazón está donde ha nacido la vida al amor, cerca del Duero” y siempre recuerda a esta ciudad: “Yo tuve patria donde corre el Duero”.

—¿Le ha costado mucho tiempo a Jesús Hedo aprenderse todo el poemario de Antonio Machado? ¿Cuándo comenzó su afición por Machado y su poesía?
—Es una afición de siempre y no es solo de Antonio Machado. Creo que conozco la poesía de Rubén Darío, me encanta la de Lorca y, mis poetas preferidos son Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Los Machado (los dos hermanos), Lorca, Miguel Hernández, Blas de Otero y Cernuda.
Soy de Soria, he estado en el instituto donde ejerció él, he sido catedrático de Literatura y como todo el mundo sabe, él también dio en Segovia clase de Literatura y Francés hasta el año 1928.

—Entre los hermanos ¿cree que Manuel es menos conocido por la popularidad de Antonio?
—A principios del siglo era más conocido Manuel, empezó antes, pero, tiene una visión distinta. Antonio era más etéreo “Pastor de olas y capitán de estrellas”. Manuel, era más terrenal ”Antes que poeta mi deseo primero era ser buen banderillero” .

Pero, son complementarios, incluso colaboraron y se quisieron mucho pero, la guerra, los separó y a cada uno le pilló en un lugar. A Antonio en el Madrid republicano, a Manuel en el Burgos fascista, aunque Manuel era republicano, hizo el himno a la República con la letra de Oscar Esplá. Estuvo en la cárcel en Burgos.

—¿Antonio Machado era amante de la Sierra?
—Mucho. Machado descubre el Guadarrama. El primer poema donde menciona el Guadarrama es de Segovia, en el año 1911, que vino a Valsaín: “Eres tú Guadarrama, viejo amigo, la Sierra gris y blanca, la Sierra de mis tardes madrileñas…” y pateó mucho la Sierra.

—¿Cuáles eran sus aficiones?
—Sus aficiones eran pasear y leer, y tomarse el cafetito en “La Unión”. Participaba en muchas tertulias. Pero Soria por su poesía, por el paisaje, por Leonor, es el corpus poético más interesante de la poesía de Machado porque a Guiomar le hizo tres poemitas pero nada más.

—¿Era un hombre callado?
—Era un hombre intimista y hablaba poco en las tertulias, solo en la intimidad, era un hombre de silencios. La biografía de Machado hay que verla a través de su poesía, en ella está todo. Poco a poco, en su obra va desapareciendo el recuerdo de Leonor y dice en un poema: “Más pasado su primer aniversario ¿cómo eran sus ojos?… negros, pardos, grises ¿cómo eran, Santo Dios, que no recuerdo?”

—Si tuvieras que elegir un poema de Antonio Machado ¿cuál sería?
—¡Uf! No sé. Posiblemente uno de Baeza que se llama “Meditaciones de un día” en donde su poesía se hace prosaica pero es preciosa. Machado es un poeta, a la vez culto y popular. Admira mucho a Lope de Vega y, de hecho, él mismo decía que se había leído cerca de 400 obras suyas.

—¿Cómo fue su vida aquí, en Segovia? ¿Qué se sabe de su vida aquí?
—El introductor de Machado en Segovia es José Tudela, a quien conoció en Soria. Era el bibliotecario, un hombre accesible y simpático que le buscó la pensión, aunque primero le buscó una habitación en el hotel Comercio para pasar unas noches hasta poder acomodarse en su pensión, donde encuentra un ambiente muy gratificante, algo que tenía mucha importancia para Machado. En Baeza, lo pasó mal y no solo por el recuerdo de Leonor. Allí estudió Filosofía y se examinó con Ortega.

—¿Qué es lo que más le atrae de Machado?
—Que es el hombre en el que vida y pensamiento se fusionan. Muchas veces están disociados: Por ejemplo, Neruda es un gran poeta pero, humanamente es un canalla. Abandona a un hijo, es un machista. Juan Ramón Jiménez lo definía como “El gran poeta malo”.

—¿Cómo crees que vería Antonio el mundo sin no hubiera fallecido hace 81 años?
—No lo sé. Lo pasaría mal en este momento, son muy malos momentos, nunca han sido buenos para la lírica pero, esta corrupción política, casi siempre igual.

Paul Preston ha publicado un libro sobre 140 años de corrupción ”Un pueblo traicionado”, es un libro impresionante. En él se habla de aquella época de la República, que intentó pero “nunca se realiza lo que se sueña”. Además, la República estaba traída por gente que no creía en ella, por monárquicos.

En esta época, Antonio Machado sería un hombre encerrado en sí mismo porque es donde él se encontraba mejor. Era un hombre de silencios. Llegó a decir en un poema que “solo el silencio y Dios, cantan sin fin”.