Antes de salir de transhumancia el ganado se estabula y se forma el rebaño. / E.A.
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En torno a los días de la celebración del Pilar un grupo de cuatro pastores con un rebaño de mil doscientas cabezas, entre ovejas y cabras, acompañados por perros mastines y careadores, recorren el occidente de la provincia de Segovia. Bajan desde los puertos de la cordillera Cantábrica por la Cañada Real Leonesa Oriental que conectará con la Cañada Real Soriana Occidental en el termino de Villacastín para atravesar posteriormente la sierra de Guadarrama y adentrarse en la Comunidad de Madrid y circular por sus principales arterias urbanas, históricas vías pecuarias. Desde allí llegarán a las dehesas de Extremadura para aprovechar los pastos durante el invierno y los primeros meses primaverales.

Este grupo de personas, a cuya cabeza está Jesús Garzón, son expertos pastores, entre los que se encuentra una joven geógrafa, todos ellos diestros en su oficio y conocedores del territorio, interiorizado como vivencia y como espacio laboral. Desarrollan una actividad que desde hace siglos han venido realizando numerosos pastores desplazándose por puertos, montes, páramos, campiñas y dehesas, para aprovechar, según las estaciones anuales, los pastos más favorables. El trabajo de estos pastores que recorren en estas fechas gran parte de la Península Ibérica, además de continuar una práctica ganadera histórica, es un alegato en defensa de la trashumancia como práctica hoy en día viable y una acción pedagógica que desarrollan con su presencia y con las explicaciones que ofrecen en alguna de las localidades por la que pasan.

Práctica ganadera, que imita el desplazamiento de las especies naturales libres, y que estuvo fuertemente protegida desde que en 1273 Alfonso X creara el Honrado Concejo de las Mesta, para facilitar su movilidad por el territorio concediendo diversas prerrogativas y diseñando una red de caminos, hasta 1836, en el que desaparece esta institución. Con posterioridad se continuó con esta práctica casi sin alteración hasta la segunda mitad el siglo XX en el que la generalización de otros medios de transporte del ganado, ferrocarril o carretera, y los cambios en las explotaciones ganaderas, con predominio de la estabulada, han supuesto la práctica desaparición de la trashumancia.

Este modelo de vida nómada para aprovechamiento de los pastos constituyó una de las bases económicas desde finales de la Edad Media hasta la época Moderna por la producción lanera de gran calidad y casi exclusiva de España. En torno a la misma se ha generado un elenco patrimonial excepcional, integrado por las infraestructuras camineras – cañadas reales, como itinerarios principales, y cordeles y veredas como caminos de menor dimensión que confluían en las principales arterias-, construcciones vinculadas a estas vías – puentes, fuentes y abrevaderos, descansaderos, esquileos -, intercambios culturales entre diversos territorios – tradición oral, creencias, conocimientos –, o vínculos sociales. Pero estas prácticas han supuesto también una explotación sostenible del medio natural, de manera que el pastoreo del ganado ha contribuido al mantenimiento de la diversidad de las especies vegetales, con la regulación estacional de las dehesas mediante el aprovechamiento y control de crecimiento de los pastos y el abonado fertilizador del terreno. El transporte del ganado en vehículos o su masiva estabulación implica un desequilibrio en el mantenimiento de los ecosistemas de dehesas y pastos de altura, y, con ello, problemas medioambientales.

La actividad de estos pastores trashumantes que desde la cordillera Cantábrica pasan por los campos de cereal de Castilla y León en tiempos de sementera, atraviesan los puertos del Sistema Central y cruzan el centro de la Península, por Madrid y Toledo, para llegar a las dehesas de Extremadura, constituye una reivindicación de la trashumancia como alternativa posible en la explotación ganadera, generadora de empleo, conservadora de la diversidad natural y garante del mantenimiento de las infraestructuras de la vías pecuarias.

Existen instrumentos normativos que permiten desarrollar acciones positivas y que garanticen la preservación de las prácticas ganaderas trashumantes. Mencionemos al menos dos de ellos. En primer lugar, la ley de vías pecuarias de 1995, que las define como bienes de dominio público de las Comunidades Autónomas y, en consecuencia, son inalienables, imprescriptibles e inembargables, y determina el desarrollo de acciones para su administración y adecuada protección y conservación, que no se limita a los itinerarios, sino que incluye las instalaciones anexas vinculadas a los trazados de estas vías. Subraya además su relevancia medioambiental y cultural. Y, por otra parte, el Real Decreto de 2017 por el que se declara la trashumancia como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. Señala este reconocimiento cultural que la trashumancia ha contribuido a conformar la identidad de diversos territorios de España, ha originado un amplio patrimonio cultural, material e inmaterial, ha dado lugar a intercambios culturales y ha aunado el aprovechamiento de recursos naturales y el ganado, contribuyendo a la vertebración del territorio y a la configuración de paisajes culturales. Incluye, en la documentación de su expediente, pautas orientadas a las posibles acciones de salvaguarda.

El desarrollo responsable debe esta normativa debe contribuir a la preservación y pervivencia de esta práctica ganadera, no como un modelo de explotación inadecuado o como un modo de vida romántico o nostálgico, sino como una actividad que permite la conservación sostenible del medio natural, proporciona un valor añadido a las prácticas ganaderas y genera recursos económicos y empleo.

La continuidad de uso por la ganadería trashumante de las rutas pecuarias que con una extensión superior a los 100.000 kilómetros recorren gran parte de España, constituye una práctica que vertebra diversos territorios. Es factible y viable mantener la trashumancia en el siglo XXI. No es un trabajo fácil ser ganadero y más ser ganadero trashumante, pero hay proyectos e iniciativas de asociaciones y personas que están demostrando que es posible, como el conocido Proyecto 2001, que tuvo una gran repercusión en la protección de las vías pecuarias, y la labor de asociaciones como Trashumancia y Naturaleza que lleva varias décadas desarrollando proyectos y fórmulas de gestión de la ganadería trashumante. Esto requiere apoyo de la administración con el desarrollo de la normativa, la conservación de las infraestructuras pecuarias y el impulso de medidas que garanticen la rentabilidad de estas prácticas ganaderas y posibiliten el desempeño de un oficio de ganadero trashumante digno.

(*) Etnólogo. Junta de Castilla y León.

Documentación de referencia:
Asociación Trashumancia y naturaleza: http://www.pastos.es/
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación: ver Vías Pecuarias.
Ley 3/1995, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias (Texto consolidado, última modificación: 23/12/2009).
Real Decreto 385/2017, de 8 de abril, por el que se declara la Trashumancia como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (BOE 11/04/2017).