Casa en el Valle de Tabladillo. / FVC

Como han tenido oportunidad de señalar los grandes especialistas, la experiencia histórica nos muestra que la madera —tanto por sus propiedades físicas y mecánicas (resistencia, flexibilidad, dureza y conductividad) como por la facilidad para su transporte y manejo— ha sido siempre un material óptimo para su empleo en la construcción, en la que se ha utilizado con una especial orientación lógica para la solución de los sistemas estructurales, lo que ha favorecido su continuidad evolutiva, sirviendo de ejemplo y fundamento en el propio desarrollo de los conceptos de nuestras edificaciones más modernas, no sólo en términos morfológicos sino también desde una óptica estrictamente tecnológica.

Los principales procedimientos para la construcción con madera que se han puesto en práctica en el ámbito de la arquitectura tradicional se pueden separar en dos grandes grupos. En primer lugar, se encontrarían los llamados sistemas de bloques y ensambladura («log-cabin» en inglés o «blockbau» en alemán), que son, probablemente, los más primitivos y elementales. El segundo grupo estaría formado por todos aquellos sistemas que podríamos denominar de bastidor y panel, que en español reciben el nombre de «entramados» («colombage» en francés o «timber-frame» en inglés). Se trata de sistemas más evolucionados y, a buen seguro, mucho más eficientes y versátiles, como tendremos oportunidad de demostrar.

Los sistemas de bloques y ensambladura («log-cabin», «blockbau») se han usado desde tiempos prehistóricos y nos remiten a las formas de construcción más arcaicas. Se basan en la utilización de grandes troncos o escuadrías que se disponen horizontalmente, ensamblándose por sus extremos, para conformar el muro. Requieren de grandes reservas de madera, por lo que su uso se ha extendido históricamente por las áreas montañosas y los grandes bosques resinosos europeos: los Alpes (Alemania, Austria y Suiza), los Alpes Dináricos (Croacia, Bosnia, Serbia) o los Cárpatos (Rumanía), así como en el norte de Rusia, las riberas del Báltico y la Península Escandinava.

También los encontraremos en las regiones septentrionales de Norteamérica, tanto en el norte de los Estados Unidos como en el Canadá, a donde fueron llevados por los colonizadores europeos en los siglos XVIII y XIX, del mismo modo que sucedería en las regiones del sur de Chile desde la década de 1880. Por último, y para concluir con este somero repaso a la geografía de los principales sistemas de ensamblado, restaría referirse a las construcciones de madera de algunas áreas del sudeste de Asia, especialmente de Corea y del Japón.

Por su parte, los sistemas de entramado («colombage», «timber-frame») son, como ya hemos dicho, más prácticos y versátiles. No precisan de piezas de la misma longitud, y permiten aprovechar todas las escuadrías disponibles, incluidas las más modestas. Facilitan el aprovechamiento y el uso combinado de muy distintas clases de madera, hasta las más ordinarias, partiendo de una concepción estructural de naturaleza reticular en la que la hábil labor del carpintero de armar termina por adquirir un protagonismo extraordinario.

Principios básicos del sistema de entramado

Se trata de sistemas constructivos que abordan la solución de la estructura de la edificación mediante el empleo de elementos verticales (pies derechos) y horizontales (soleras, zapatas, carreras y vigas), conformando una suerte de diafragmas entrelazados que se levantan mediante muros telares, que llamamos «imprentas».

En estos sistemas, los encuentros se resuelven mediante la colocación de zapatas, que permiten doblar la sección de las vigas en los lugares de mayor solicitud, y se rigidizan los nudos mediante el empleo de diferentes tipos de ensambles y uniones por clavado, arriostrándose mediante el uso de piezas auxiliares, principalmente de dos tipos: codales y zoquetes (piezas dispuestas horizontalmente entre los pies derechos y las vigas) y jabalcones o tornapuntas (piezas dispuestas diagonalmente que arrancan de un plano horizontal). Los espacios libres que genera esta estructura, llamados «cuarteles», se organizan en divisiones menores, simples o más complejas, llegando en ocasiones a tomar atractivas formas «estrelladas», que se rellenan finalmente con distintas clases de plementería. Los rellenos de adobe son los más corrientes, en muchos casos con la característica disposición de las piezas en forma de «espina de pez», pero también nos vamos a encontrar plementería ejecutada con ladrillo de tejar, con cuajados de cascote, con mampostería de piedra e incluso con cal y canto, empleándose el mismo sistema para las divisiones interiores, que nos muestran rellenos más ligeros de adobe tabiquero (piezas de menor tamaño) y distintos sistemas de encestado y entablado, terminándose finalmente el paramento, si queda a la intemperie, mediante la extensión de un revestimiento (revoco, enfoscado, etc…), y con tendidos de barro o guarnecidos de yeso en el interior.

Desde un punto de vista tecnológico no debemos confundir los entramados con un sistema estructural de pórticos, pues constituyen en realidad una estructura formada por muros ligeros en los que, eso sí, se pueden practicar aberturas de forma muy sencilla. Lo cierto es que la infinidad de variantes que encontraremos en la com¬posición de las imprentas nos permite afirmar que en algunas ocasiones el relleno de los cuarteles se ha ejecutado ya concluida la estructura de madera, mientras que en otros casos resulta obvio que el entramado y la plementería se han construido al mismo tiempo. En todo caso, cuando la estructura leñosa y la plementería «entran en carga» acaban trabajando de forma solidaria y complementaria. Por otra parte, también hay que destacar que, aunque no responden a un modelo completamente isostático—es decir, formando un sistema en el que la unión entre elementos no tiene ninguna rigidez— no constituyen estrictamente un sistema de carácter hiperestático, resuelto mediante uniones rígidas.

La geografía de los sistemas entramados

Estos sistemas de entramado de madera han sido de uso corriente en buena parte del continente europeo, aunque predominan en las regiones de la Europa Occidental (Flandes, Normandía, Bretaña o el País del Loira), así como en determinadas áreas de la Europa Central (Alsacia, Franconia, Sajonia, Baviera, Austria o Suiza) y Oriental (Transilvania), frente a lo que sucede en las regiones de la Europa Mediterránea, donde esta clase de soluciones es mucho menos frecuente.

Probablemente, a partir del siglo XIII, coincidiendo con el avance progresivo de la arquitectura gótica, estos procedimientos de construcción de estructura leñosa alcanzaron en el occidente europeo un altísimo grado de desarrollo del que se han conservado ejemplos extraordinarios en Inglaterra y Gales («timber-framed houses»), en Francia («maisons a colombage») y en Alemania («Fachwerkhäuser»), por citar algunos de los países en los que se han estudiado a fondo muchos casos de verdadero interés.

En la Península Ibérica los sistemas de construcción entramada constituyen un recurso muy habitual de nuestra arquitectura tradicional. Los encontraremos en buena parte de las áreas montañosas del interior de España, sobre todo en el sistema Ibérico y en el sistema Central, donde se han conservado ejemplos extraordinarios de esta forma ancestral de construir. Abundan en las comarcas de montaña leonesas, palentinas y burgalesas, también en Aragón y Navarra, en las áreas montañosas de La Rioja y, muy especialmente, en las provincias que vertebra la Cordillera Central, desde Guadalajara y Soria, al este, pasando por las comarcas serranas de Segovia y Ávila, en el centro de la Península, hasta alcanzar las áreas del norte de Cáceres y del sur de Salamanca, al oeste, así como en el interior de Portugal. Lo cierto es que su empleo se extiende por muchas otras zonas de las dos mesetas y, en general, por una buena parte del noroeste peninsular.

La construcción de entramados en la provincia de Segovia

Para uno de nuestros más importantes especialistas en la materia, el arquitecto Enrique Nuere, «la construcción entramada es característica en la cornisa cantábrica y en la submeseta norte», abundando en muchas de sus comarcas montañosas, generalmente ricas en pinares, lo que explica su extraordinario desarrollo en buena parte de la provincia de Segovia, en la que constituyó un método habitual de construcción, con especial desarrollo en la comarca nordeste, en la que se han conservado ejemplos excepcionales en Ayllón, Maderuelo o Sepúlveda, y también en muchas de las localidades de la fértil campiña de entresierras, que se extiende desde la Sierra de Ayllón y Somosierra, al sur, hasta la Serrezuela y la Sierra de Pradales, al norte.

En algunos lugares, como es el caso del Valle de Tabladillo, una pequeña localidad situada en el ochavo de las Pedrizas de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, se han conservado algunas construcciones de entramado verdaderamente excepcionales, tanto por su morfología y grado de desarrollo, como por el empleo en las mismas de plementería de piedra caliza, lo que contribuye a singularizarlas.

Pero, sin duda, entre los casos mejor estudiados de la provincia de Segovia se encuentran las casas de Riaza, ejemplos notables del empleo de estos sistemas de construcción entramada en la construcción tradicional de esta histórica villa, a la cual se refería Dionisio Ridruejo (1912-1975) en 1974 como «un pueblo serrano de buen caserío, con algunos soportales y casas de mampostería de aleros saledizos, con solanas, barandas de madera y todo lo que es corriente en una tierra alta donde predomina la economía de los pastos y la madera».

El arquitecto Leopoldo Torres Balbás (1888-1960), en su pionero y paradigmático trabajo dedicado a la vivienda popular en España (Barcelona, 1933), ya se ocupaba de esta arquitectura serrana, señalando que «Riaza, rica en otros tiempos por sus telares, tiene calles anchas, empedradas, por las que corren regatos de agua de la sierra; sus casas son todas de dos pisos, con balcón saliente, de tornos de madera o palos cuadrados puestos en diagonal, que suele ocupar toda la fachada cuando la vivienda está entre medianerías; el alero, con sencillos canes, avanza bastante, protegiendo el balcón. Si la casa tiene tercera planta, el balcón corrido se coloca en esta y otro más reducido abajo».

Para el antropólogo Julio Caro Baroja (1914-1995) las casas de Riaza están relacionadas con las de las tierras pinariegas de Soria. Fueron construidas mediante sistemas de entramado de madera con cuajado de adobe o de ladrillo en sus cuarteles, en una solución que, en lo substancial, es común a muchas de las arquitecturas del Sistema Central, en su extraordinario desarrollo este-oeste, desde la Sierra de la Pela (Soria y Guadalajara) a la de Gata (Cáceres y Salamanca).

Los arquitectos Luis Martínez Feduchi (1901-1975) y Carlos Flores (n. 1928) también las han recogido en los trabajos panorámicos sobre la arquitectura popular española que publicaron a comienzos de los años setenta del pasado siglo XX. Flores apunta a la existencia en Riaza de una modalidad de la casa de entramado de dos o tres plantas, que presenta la cubierta a dos aguas, con el caballete paralelo a la fachada, en la que destaca la presencia de un gran balcón o galería de madera sobre la fachada principal, elementos que Dominica Contreras y Pérez de Ayala señala como diferenciadores y a los que se refiere en su libro Arquitectura Rural de la Sierra de Segovia (Segovia, 1999) como «galerías y solanas de antepecho de madera en la planta superior, cobijadas por el alero. Llevan una especie de falda o guardamalleta en hojalata que sirve para defender los testeros de las vigas; incluso se pueden observar tapados de esta manera cuando aparecen en los paramentos». Carlos Flores, refiriéndose a la singularidad de estas casas de Riaza, destaca como «aún encuadradas dentro del tipo de estructura entramada y galería de madera, difieren notablemente de las situadas sobre los macizos de Gredos y Sierra de Francia, se caracterizan exteriormente por el revoco blanco de su fachada principal, lo que rara vez permite apreciar el entramado, aunque este pueda verse a menudo en muros laterales. El material de relleno en estos casos es generalmente el adobe, aunque también puede utilizarse el ladrillo y es frecuente incluso el de cal y canto».

Muestra representativa de los extendidos sistemas de construcción con madera peninsulares, los entramados segovianos constituyen, por cuanto se ha dicho, ejemplos magníficos de este valioso patrimonio edificado de la tradición. A pesar del olvido y del abandono, los testimonios de estas grandiosas lecciones de arquitectura que las viejas casas de entramado nos ofrecen están todavía presentes en muchas de las localidades de nuestra provincia. Estudiarlas, conocerlas y comprenderlas es una misión que a todos nos obliga si queremos conservarlas, y conservarlas es imprescindible si queremos recordarlas.


(*) Doctor en Geografía e Historia. Arqueólogo. Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y Director del CIAT. Miembro de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia.