Los participantes ante el mirador de Zuloaga Sepúlveda en 2017.
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Además del ritmo interno propio de un curso de pintura de paisaje, los pintores participan en actividades abiertas, que siempre se han ofrecido y se siguen ofreciendo a los segovianos, en el privilegiado ámbito del palacio de Quintanar.

Estos últimos años han resonado entre las columnas del patio, al lado mismo de la pintura mural de “Siempre retorno”, la palabra y los conocimientos de varios estudiosos de diversas disciplinas, de una u otra manera, relacionadas con el paisaje y la cultura segovianas, pero también con el arte y la pintura.

Ya desde aquellos veranos de los años 50, en que el Palacio también comenzó a ser la sede de los Cursos de Extranjeros, sus patios, el de las columnas y el del mítico almendro (y también otros lugares de la ciudad), fueron un hervidero de conferencias, homenajes, conciertos, pequeñas fiestas…, que compartieron ambos cursos. La crónica de aquellos eventos se detalla en la tesis de una de las directoras veteranas del Curso de Pintores, Mesa Esteban Drake, en su tesis doctoral, De El Paular a Segovia. 1919-1991 (Segovia, 1991). Allí da cuenta, entre otras muchas actividades, del recital de Agapito Marazuela en 1958; de la estancia del pintor Carlos Pascual de Lara, que falleció en la “Residencia de Pintores”, mientras pintaba una alegoría de la pintura, y al que el Curso de Pintores de ese año tributó un homenaje, con el mural (no conservado en la actualidad) de Manuel Alcorlo, uno de sus becarios.

Los ciclos de conferencias (de historia, literatura o arte) se celebraban, sobre todo, en la Academia de Historia y Arte de San Quirce, siempre como actividades abiertas, no solo para los cursillistas. La colaboración de Mariano Grau, del poeta Luis Martín García Marcos, de Francisco de Paula y Rodríguez Martín (su crítico de pintura en muchas exposiciones), de Luis Martínez Drake…, fue básica para el desarrollo de los Cursos. La presencia en los veranos segovianos de Luis Felipe Vivanco (y su mujer, Mª Luisa Gefaell) los llenó de poesía, a través de sus descripciones líricas del paisaje segoviano, recogido “del natural”, como los pintores ante el lienzo en blanco. Muchas de estas evocaciones pueden leerse en sus Cuadernos de Segovia (editados hace unos años por la Diputación de Segovia).

Muchos artistas y pintores segovianos también participaron en los Cursos, como jurados de sus exposiciones, o en las tertulias y conferencias: Eugenio Torreagero, entre los mayores; su sobrino Jesús González de la Torre, Carlos Muñoz de Pablos, José García Moro, José María de Cossío, Antonio Madrigal, Francisco Lorenzo Tardón, Merino de Cáceres…

La labor de Luis Felipe de Peñalosa como secretario de la Residencia fue muy intensa y muy importante para el Curso de Pintores.

Cada una de aquellas actividades ha tenido su evolución hasta hoy. Es claro que el Curso forma parte de una larga e ininterrumpida cadena de cultura y arte que viene de lejos. La responsabilidad de mantenerla y fortalecerla recae en la actualidad en la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, que gestiona anualmente el Curso, sin perder en ningún momento la perspectiva, ni su esencia ni su origen. Y también debe decirse claramente que el valor de todo este patrimonio inmaterial tiene que ser perpetuado en Segovia, con ayuda de las instituciones y patrocinadores.

Juan Manuel Santamaría lleva muchos años demostrando la relevancia del Curso con su ponencia “El curso de pintura de paisaje de Segovia y su influencia (por casi nadie reconocida) en la evolución de la pintura española contemporánea”. A través de la proyección de una exquisita antología de obras de los pensionados desde mediados de siglo a la actualidad, Santamaría expone que el Curso, desde sus inicios a principio de siglo, dominada la pintura de paisaje por una mirada naturalista, siempre ha sido vía de entrada de innovaciones, vanguardismos y visiones nuevas.

Recordemos que, a través de pensiones aportadas por la familia Fromkes, para estudiantes americanos, como de otras del Ministerio de Asuntos Exteriores, y de la Casa de Velázquez, e incluso de artistas segovianos, el Curso de Pintores ha sido muchas veces un foro internacional de encuentro de muy diversas visiones del arte y la pintura, lo que, sin duda, ha favorecido su progreso y el de los asistentes. Esa internacionalidad y universalidad es otro de sus valores que no puede perderse.

Como venimos diciendo, Segovia es y ha sido “solo” el objeto de las obras, la maravillosa excusa para pintar e investigar las técnicas, las maneras de mirar y los modos de representar y crear. Además de plantear Santamaría en la ponencia todas estas cuestiones, ya solo la visión de tantas y tan bien seleccionadas obras, muchas veces de artistas tan relevantes en su trayectoria posterior (como Genovés…), imprime en los alumnos de cada año la consciencia de pertenecer a esa larga cadena de transmisión académica de arte y cultura. Por eso es tan importante que los alumnos procedan de todas las facultades de Bellas Artes del Estado español y del extranjero.

Carlos de Hita, magnífico conocedor de los animales ibéricos y sus comportamientos; a la vez especialista en la grabación de los sonidos de la naturaleza, y muy buen divulgador, sorprende a los pintores y demás asistentes con la apasionante experiencia de escuchar el paisaje sonoro de la naturaleza, en medio de la tormenta, en medio del bosque, en la berrea o en el aparente silencio de la dehesa… Algunas veces ha invitado Carlos a que los pintores expresen en la pintura lo que escuchan en sus grabaciones, y el reto sigue abierto: no es fácil traducir en la paleta de colores el intenso poder evocador del sonido.

Los sonidos de la tierra, la canción popular castellana, también se han escuchado y disfrutado en directo en varias ocasiones, en el patio del Quintanar, a través de las palabras e interpretación de dulzaineros, cantantes, percusionistas… Hace pocos años se celebró un emotivo homenaje al maestro Agapito Marazuela, en el que se evocó su concierto de 1958, escuchando algunos de los cantos recogidos en su trabajo, siempre sembrados de matices y tonos del paisaje sonoro de la vida cotidiana y festiva de la Castilla de siempre. “La cigüeña” es, por ejemplo, un testimonio musical de la supervivencia animal que forma parte del paisaje cotidiano de la vida rural castellana, de la vida tradicional y su modo de observación de la naturaleza y de convivir con ella, contigua entonces, próxima y hermana. Como en tantas seguidillas y tonadas, en la voz de la canción popular tiembla aún el paisaje de la vida, siempre expresado con ingenio y gracia. Tanto los pintores pensionados como los asistentes segovianos sienten que reciben un tesoro de cultura y de valores.

Siempre está también presente en el Curso la literatura y su relación con el paisaje, desde los tiempos de El Paular y los versos de Enrique de Mesa. Más allá de la sierra machadiana y barojiana, muchas secuencias de la literatura escrita en Segovia y sobre ella están protagonizadas por el paisaje, descrito, evocado, transitado… Cada itinerario literario (Zambrano, Ridruejo, Vivanco, Grau…, desde Báez de Sepúlveda) reconoce el poder estético de la visión panorámica de la ciudad. Aunque cada arte manipula materiales muy diversos; y no son exactamente las metáforas como los colores de la paleta, ni la técnica elegida para una obra como el género literario para un texto, hay misteriosas fraternidades y sinestesias entre pintura y literatura, que siempre nos agradan y cuestionan. Por otra parte, esta relación entre literatura y paisaje enriquece a los pintores con muchas referencias, inspiraciones y motivos para sus obras.

Por eso siguen hoy realizándose recitales, lecturas poéticas, charlas literarias. Y desde hace cinco años existe, ligado al Curso, el Premio literario “Escribir sobre el paisaje”, al cual concurren escritores segovianos con sus evocaciones, narraciones o poemas. El cartel anunciador del premio es el óleo “Mujer Muerta”, cedido generosamente por Mariano Carabias. Este verano se publicarán, por la Diputación de Segovia y la Academia de San Quirce, los textos premiados desde 2015, acompañados con ilustraciones de los pintores galardonados con medallas esos mismos años. Tras este lustro de concurso literario, valoramos su original especialidad, y sabemos que su futuro debe pasar por su apertura a todos los paisajes de España. La entrega de los tres premios anuales (el primero lo patrocinó el Curso pasado la Librería Cervantes) en el patio de la Casa-Museo de Antonio Machado, a la que asisten los pintores pensionados, supone un nuevo motivo de relación con la esencia y espíritu del Curso: la palabra poética, la Castilla, simbolizadora de los paisajes de España, el poder de la creación.

Los pintores de Segovia siguen presentes estos últimos años en el Curso, de una o de otra forma. A veces han sido sus directores recientes, como Ángel Cristóbal, o Francisco Lorenzo Tardón; otras veces forman parte del Jurado de la exposición final, como Antonio Madrigal, Iván Montero, Mon Montoya, Marina Llorente, Eloísa Sanz, Iván Montero, Sofía Madrigal, Mariano Carabias, Jesús González de la Torre, Carlos Muñoz de Pablos, Mesa Esteban… En ocasiones, los pintores del Curso visitan los talleres o galerías de los artistas segovianos: como el de F. Lorenzo Tardón o Alberto Fernández Hurtado.

Los pintores pensionados de los últimos años nunca dejan de ver la exposición permanente de Esteban Vicente en su Museo, explicada en complementariedad con el artista de la exposición temporal, por Iván Montero. Del mismo modo, no dejan de visitar las ewwxposiciones que están abiertas en el agosto segoviano.

Por otro lado, cuando la exposición final del Curso está ya inaugurada en La Alhóndiga, a veces hemos invitado a los pintores de Segovia a que establezcan un diálogo con los pintores pensionados ante cada una de sus obras colgadas, con asistencia libre. Esta forma de ver la muestra, a través de las voces de los artistas, es muy enriquecedora.

Desde la Academia de San Quirce, con el patrocinio de las instituciones (Junta de Castilla y León, Diputación de Segovia, Ayuntamiento de Segovia, Patronato del Alcázar, Fundación Museo Rodera Robles; y para la estancia en El Paular-Rascafría, Parque Nacional Sierra de Guadarrama, Real Monasterio de El Paular; Dirección de Bellas Artes y Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura), y con la colaboración estrecha y generosa de tantas empresas y personas, seguiremos velando para que el Curso de Pintores Pensionados del Paisaje de El Paular-Palacio de Quintanar no solo siga desarrollándose cada año, sino para que, siendo fiel a su esencia, siga enriqueciéndose y ofreciendo su relevante legado a la sociedad.

Aunque este agosto no veamos caballetes por las calles de la ciudad, porque la pandemia nos ha obligado a suspender el Curso de Pintores, y aunque los pasillos del palacio de Quintanar estén vacíos y silenciosos, los paisajes y motivos de sus papeles pintados, que están siendo restaurados, mantienen fresca la pasión de la pintura y el arte.

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(*) Coordinador del Curso 2015-2019, Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.