Los niños disfrutaron de una hora al aire libre, en compañía de un adulto.

Era un día marcado en rojo en el calendario de muchas familias segovianas y del resto del país; la entrada en vigor de una de las primeras medidas de desescalada y la primera oportunidad para la mayoría de niños de salir a la calle en más de 40 días de estado de alarma y confinamiento frente al coronavirus. Un acontecimiento que las familias afrontaron ansiosas, como se pudo notar este domingo desde primera hora de la mañana en las calles de la capital.

Con la amenaza de lluvia presente en las previsiones meteorológicas durante todo el día, el tiempo estable de la jornada matinal y las ganas de disfrutar del aire libre sacaron a la calle a centenares –seguramente miles– de familias tan pronto como sonaron los despertadores. Cada niño menor de 14 años dispuso de una hora para pasear, correr, jugar y, en definitiva, cansarse y desgastarse después de cinco semanas sin apenas actividad física, en la mayoría de casos.

Patines y patinetes, bicicletas, cascos y balones se convirtieron en los grandes protagonistas de los juegos de los pequeños, especialmente durante el mediodía, cuando la ciudad volvió por unas horas a tener vida; con ruido, colores, risas y también algún que otro llanto, pues el confinamiento y la falta de práctica ha hecho estragos en las dotes ciclísticas de algunos de los benjamines de la casa.

En cualquier caso, pese a lo apetecible del plan, la realidad de las últimas semanas ha cambiado las rutinas y hasta las necesidades de ocio de los niños –adaptados a las circunstancias a las que obliga la pandemia–, por lo que en algunos casos los padres tuvieron que poner mucho de su parte para sacar a los hijos de la monotonía del hogar, a la que se habían acostumbrado.

“Esta mañana no quería salir de casa, prefería quedarse jugando con sus muñecos y hasta le ha dado vergüenza cruzarse con otros niños, pero poco a poco se ha ido animando”, decía el padre de Manuel, de 3 años, mientras el pequeño se aferraba al juguete con el que había querido compartir el paseo.

En la mayoría de hogares, eso sí, fueron los niños los que tiraron de los padres para salir a la calle. “Nosotros, al seguir saliendo a trabajar, no tenemos la misma sensación de encierro que ellos, y se les ha hecho muy difícil no poder salir ni un día; ha habido pequeñas crisis en casa. Me preguntaban que si cuando iba a trabajar veía al coronavirus”, explicaba entre risas el padre de Ángel y Paula, quien hasta el día antes no quiso contar a sus hijos que desde este domingo podrían salir una hora al día, “porque no manejan bien el concepto del tiempo y les crea ansiedad”.

Óscar, padre de María –de seis años–controla de cerca las carreras de la pequeña con la bicicleta rosa que estaba aprendiendo a conducir cuando se decreto la alarma: “Me ha sorprendido mucho lo bien que se ha portado durante todo este tiempo, aunque ya no sabía que inventar para estar entretenidos; hemos hecho ejercicios de yoga, hemos seguido todos los retos virales y de baile que veíamos en las redes sociales y no sé ni cuantos dibujos habremos pintado”, contaba orgulloso también por lo bien que estaba respetando la niña las distancias de seguridad durante su primera salida.

Muchos de sus dibujos, como los realizados en casi todas las familias de la ciudad, acabaron en las ventanas de sus respectivos domicilios. Motivos coloridos que ayer también atraían las miradas de padres e hijos en sus paseos, así como los escaparates de las librerías o, especialmente, de las jugueterías que guardan los regalos pendientes todavía por los distintos cumpleaños que se han ‘celebrado’ durante el confinamiento.

Sobre las salidas infantiles, el Ministerio de Sanidad expresaba esta semana que “realizar un paseo diario es beneficioso para la salud y el bienestar de la población infantil, ya que puede mejorar su salud emocional, permite a los menores llevar una vida más activa físicamente y disfrutar del aire libre, y previene algunos de los problemas asociados al confinamiento. Además, mejora el bienestar social y familiar”. Beneficios que, no obstante, hay que saber gestionar responsablemente.

Y es que, la jornada de este domingo dejó también actuaciones si no temerarias, no del todo ceñidas a las recomendaciones de las autoridades: ausencia de distancia de seguridad, niños acompañados por sus dos progenitores, vecinos que se acercaban a charlar durante los paseos, menores de distintas familias compartiendo juegos, etc. Consecuencias quizá de la novedad del momento, de las dudas existentes todavía sobre las salidas de los menores o –no debiera– de la progresiva perdida del miedo al virus, y que, en cualquier caso, conviene corregir de cara a futuros paseos y, especialmente, a los próximos permisos de salida del conjunto de ciudadanos, previsiblemente a partir del 2 de mayo.