ludoducto juegos de mesa
David Bravo, izquierda, y Mario Tarrero posan en la hemeroteca de El Adelantado con algunos de los juegos de mesa más populares. / NEREA LLORENTE

Los juegos de mesa están recorriendo el camino de la cultura: dejar de ser un nicho ‘friki’ para convertirse en un concepto transversal. “Decir que no te gustan los juegos de mesa es como decir que no te gusta el cine. Porque hay para todo el mundo”. El presidente de la asociación Ludoducto, David Bravo, defiende un ocio social contra el aislamiento y la hegemonía de las pantallas. Se llaman jugones, un concepto que incluye el gusto por el juego y la curiosidad por todo lo demás. Apadrinan una modernidad analógica, todo un fenómeno contracultural. Y cada vez son más.

Ludoducto surgió con el objetivo de divulgar los juegos de mesa y presentar un mundo lleno de posibilidades, más allá de las cartas o el Monopoly. El sector ha crecido exponencialmente en los últimos años -países europeos como Alemania llevan la delantera- y hay una hornada de juegos modernos: salen más de 1.500 formatos nuevos al año. “Palían un poco las cosas que no nos gustaban de los juegos tipo Monopoly, que es larguísimo, hasta cuatro o cinco horas”, subraya Bravo. Los nuevos formatos luchan contra la influencia de la suerte o la eliminación de jugadores. La idea de comunidad debe seguir toda la velada.

La asociación responde a ese “vacío” porque en Segovia no hay una tienda de juegos de mesa, que suele servir como punto de encuentro para que los curiosos se adentren en el hobby o pidan consejo. Lo que al principio era una página web creada a principios de 2019, con quedadas de dos o tres parroquianos habituales, sirvió como promoción de sus partidas y como contacto. “A partir de ahí empezó a surgir mucha gente, de Segovia o de fuera. Eran aficionados, pero como no había tienda, no tenían punto de encuentro. A partir de ahí, hemos crecido, haciendo quedadas con cada vez más gente”.

A los pocos meses de lanzar la web, les contactó la Casa Joven para fomentar esta forma de ocio. Empezaron las quedadas, que continúan dos años después. Celebraron unas jornadas de juegos de mesa, uno de los últimos eventos previos a la pandemia, el 29 de febrero del año pasado, con más de 200 personas. Con ese paraguas, la página web se convirtió en asociación bajo el mismo nombre.

Pese a su bisoñez, el colectivo ha estrechado lazos en la pandemia y cuenta con un grupo de WhatsApp de más de 40 miembros que sirve como método para quedar o para compartir nuevos juegos. Mérito nada menor porque los primeros encuentros eran de dos o tres personas. “En Segovia había gente con afición, pero no nos conocíamos”.

El perfil de quedada era de 10 o 12 personas. Se convocaba a través del grupo de WhastApp y se estructuraba con cierto orden, por lo menos decidir qué juegos entrarían en el menú. “Al principio quedábamos gente más aficionada y la apetencia era salir por juegos más largos, de los que hay que desplegar previamente y saber que vas a estar un par de horas. Pero nuestra máxima ha sido que nadie se quede fuera. ¿Qué alguien se apunta a última hora? No hay problema. Lo importante es la persona; el juego es lo secundario. Se cambia y ya está”. Lo mismo pasa con el nivel; el novato debe estar cómodo. “Nos adaptamos al que menos experiencia tiene en lugar de plantear un juego muy duro o excesivamente largo”.

El perfil de jugón segoviano va desde los 20 hasta por encima de los 40 años, con excepciones como gente más mayor o un chico de siete años que juega “a lo que le echen”. Pese a tratarse de un sector que tiene a más hombres que mujeres, Bravo se muestra satisfecho por el ratio segoviano. “En nuestro caso, si no hay paridad, falta poco”.

Igual que el cine tiene sus géneros, hay juegos de mesa para todos los gustos. Por un lado están los Eurogames, una muestra de juegos europeos –principalmente alemanes- de estrategia en los que predomina la mecánica sobre la temática. El Catán, uno de los más conocidos, está en esa categoría. “Somos exploradores dentro de una isla, pero eso es secundario. Lo importante es la mecánica”. El Carcassonne, basado en un concepto medieval de fortalezas, sigue el mismo modelo.

Por otro lado están los juegos temáticos o Ameritrash (basura americana). Ahí lo importante es la historia el tema. “Las mecánicas suelen ser más simples y hay un puntito más de suerte”. La experiencia consiste en vivir la historia y es habitual que haya temáticas de terror, espada y brujería. En esencia, el componente narrativo es muy fuerte. Es el caso de Zombicide o Mansiones de la Locura.

También están los Juegos Party: muchos jugadores y diversión. “Lo importante es pasárselo bien”. El Time’s Up (¡Tiempo!) es uno de los más conocidos. Por último, están los Fillers o juegos de relleno. Puede tocar características de otros juegos, pero su característica principal es que duran poco: de 20 minutos a media hora. “Se llaman así porque rellenan el tiempo entre partida y partida. Estamos esperando a que venga alguien y nos echamos algo cortito antes del juego gordo”. Red 7 y Fantasma Blitz son la elección más común.

Sobrevivir a la pandemia está siendo complejo. Al principio realizaron una actividad de juegos por videoconferencia. Con el paso de los meses, han tenido quedadas privadas, no más de cuatro personas. El sábado ya disfrutaron de un encuentro con una docena de personas en la Casa Joven; habrá otra el día 29 y otras dos en junio. “Con nuestra mascarilla y gel, pero fue un soplo de aire fresco. En el momento que te metes en el tablero, te olvidas de todo”.

El valor de los juegos de mesa es la idea de comunidad. Frente a otras opciones de ocio tan legítimas como los videojuegos, que sitúan a los jugadores en línea recta a la pantalla, los jugones se sientan en corro en una mesa. Sin móviles, con la conversación como hilo conductor. Con las risas. Con la tensión de la penúltima tirada. O movimiento. Diversión en analógico: irresistible. A jugar.