Ana Sanjosé.
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Aprovechando que hoy es el día de la Mujer, recibimos a Ana Sanjosé, presidenta de la Asociación Contra el Cáncer de Segovia, médico de familia y política. Mujer comprometida y poco dada a esconder sus opiniones, tampoco se esconde al luchar por lo que cree justo.

Recibió el testigo de Concepción Díez, anterior presidenta de la asociación, y ha continuado con la labor de dar a los enfermos de cáncer y sus familias el lugar y la tranquilidad que en su situación necesitan.

Luchar contra la burocracia es lo peor de su labor pero es necesario adaptar la consideración del cáncer a la nueva situación producida tras los avances alrededor de la enfermedad y, eso no es fácil.

De la Asociación Contra el Cáncer, de los cambios que se han producido y del futuro, nos habla a continuación…

— ¿Cómo llegó a la presidencia de la Asociación Contra el Cáncer de Segovia?
— Estaba de voluntaria en la asociación. Llevaba un tiempo con Conchita Díez y, mientras ella estaba en el consejo, yo me encargaba de la parte técnica. Un buen día ella comenzó a decir que la organización tenía que cambiar y un día me dijo que debía ser yo. Lo primero que le dije fue que no tenía tiempo, que trabajaba y me contestó: “¡De sobra! Ese fue el primer engaño de Conchita… esto ocupa mucho tiempo y muchas energías pero estoy contenta.

— ¿Cuándo comienza la historia de la Asociación Contra el Cáncer? ¿Cómo ha sido su evolución?
— En Segovia lleva 60 años. El comienzo fue como un grupo de amigos. Incluso las personas que trabajaban al principio eran voluntarias, pasaron a tener un sueldo pequeño y luego, se convirtieron en profesionales.

El cambio más importante de la asociación fue pasar a ser profesionales. Tanto, los voluntarios, que tienen que hacer su formación, como las personas que trabajan, son profesionales. No es el buenismo, es saber tratar a los pacientes.

— Desde entonces, cuando un enfermo o su familia acuden a la asociación, en todo momento son atendidos por personas con conocimientos sobre el tema…
— No hay ningún voluntario en la asociación que no haya hecho, por lo menos, el curso de inicio, de acogimiento. Luego, para cualquier voluntariado que hagas, tienes que hacer otro. El voluntariado de Hospital tiene un curso, el voluntariado de paliativos tiene otro curso, el de niños tiene otro. Todos tienen una formación específica para poder estar con los pacientes pues, nuestra labor es no incordiar.

— ¿Dónde está la mayor dificultad, la parte más complicada en la labor que realizáis?
— Lo más complicado de nuestra labor no son los pacientes, que son una maravilla, la parte más difícil es que queremos abarcar mucho y que las necesidades de los pacientes son muchas y tenemos que hablar muchas veces con la administración para que nos escuche. Es verdad que a la asociación se le escucha ahora, no solo aquí, en Segovia, sino en casi todas partes pero, cuesta mucho mover la maquinaria.

Hemos conseguido en unos años ir avanzando en la parte sanitaria pero quedan las secuelas que, para el enfermo y su familia no se mueven, no avanzan.

No está clara cuál es la condición del enfermo y su familia, la parte laboral, tampoco; incluso muchas de las secuelas que quedan al paciente con cáncer, no están recogidas de cara a una posible incapacidad o una posible ayuda y, por ello, hay que pelearse mucho.

— Me ha llamado la atención que digas que no hay reconocimiento de las secuelas de esta enfermedad a la hora de pedir ayudas… una enfermedad que no es precisamente nueva ¿cómo puede ser?
— Pues así es. Hay que tener en cuenta y, hablo en muchas ocasiones de ello, que del cáncer hay que hablar para saber que existe. Lo tratamos como un tabú y, como hasta ahora, ha sido una enfermedad mortal, no había secuelas, no se volvía a incorporar la gente a su trabajo. Ahora sí pero, en algunos casos, con alguna secuela. La gente sigue viviendo y hay que prever una incapacidad o lo que haga falta, es una enfermedad crónica y todo eso hay que preverlo. Si ocultamos la palabra cáncer como si fuera un “apartate de mí” y no lo tratamos…

— “La larga enfermedad…”
— ¡Eso! ¡Me pone enferma! La expresión “tras una larga enfermedad…” perdona, larga enfermedad es la mía, que llevo unos cuantos años con ella pero, el cáncer, no es “una larga enfermedad”.

— Pero todos sabemos que si leemos “larga enfermedad”, se están refiriendo al cáncer.
— Nadie piensa en una Diabetes, que sí es una “larga enfermedad”. Cuando uno habla de la diabetes, uno sabe que tiene que prever las agujas, los controles pero, también que habrá que cuidar mucho el pie porque si no habrá que cortarlo porque tiene un problema. Si a esa persona hay que cortarle un dedo o el pié, tendrá unas secuelas y habrá que prepararle una incapacidad o qué hacemos con él. Todo esto está previsto pero, en el cáncer, no.

— Hay posibilidades…
— Es la administración y la burocracia. Hemos conseguido que los padres con niños con cáncer tengan su baja laboral para poder estar con esa criatura cuando están pasando por esa enfermedad.

— Que tampoco estaba previsto…
— ¡Tampoco estaba previsto! ¡los niños no tenían cáncer! ni tenían padres que les acompañaran… y se ha conseguido. Hay que luchar contra la burocracia que no se mueve pero… hay que ir avanzando.

— ¿La crisis, en la que aún seguimos, ha supuesto un problema añadido a vuestra labor?
— Lo que ha supuesto es una demanda tremenda y unas situaciones penosas En todo el mundo hemos encontrado esa pobreza, esa desaparición de la clase media. Un enfermo de cáncer, a quien le ha peligrado o, de hecho, le falta su trabajo, y que por su enfermedad tiene muchos más gastos para él y su familia… ha sido tremendo. Hemos notado mucha más necesidad de ayuda económica y, de todo tipo, ha habido familias que pedían para poder comer fruta, algo tan básico como eso. La crisis ha puesto al descubierto la necesidad, lo que el cáncer supone, pero agrandado.

— ¿A causa de la crisis, los ingresos de la asociación, se han visto mermados?
— No, pero hemos tenido que trabajar más. Nosotros “vivimos” gracias a una parte fija que son los socios, que nos permiten mantener al personal y las actividades fijas. Luego, tenemos también todas las actividades que organizamos nosotros mismos. En estos últimos cuatro años, lo que hemos hecho es, para mantener los ingresos, multiplicar las actividades. No hemos notado la crisis, porque hemos hecho mucho y porque la gente es solidaria y se ha volcado.

— ¿Quién cruza la puerta de la asociación para pedir ayuda en primer lugar, el enfermo, la familia…?
— Normalmente es la familia. La familia es la primera que viene a enterarse de qué tiene o puede tener. Es cierto que con el programa del primer impacto que se trabaja en el hospital en cuanto se diagnostica la enfermedad, se pone en contacto a la familia del enfermo con el psicólogo que le esboza dónde puede acudir y lo que podemos ofrecerle.

— ¿Con que ánimo llega el enfermo a la sede de la asociación en Segovia?
— Depende de la fase en la que se encuentre. Normalmente es una fase negativa, de negación o de rabia. Sobre todo porque tiene un desconocimiento muy grande de lo que puede recibir aquí pero, cuando se pone en contacto con nuestra trabajadora social, se terminan los problemas. Entonces saben que están en casa y que todo se va a ir resolviendo sin problemas.

— ¿Cual es el cáncer más frecuente en Segovia?
— El más frecuente es el cáncer de mama. Las mujeres lo padecen más pero, también son las más dispuestas a buscar ayuda, porque ellas son las que llevan el hogar. Siempre digo que trabajamos para todos pero, es cierto que la mayor demanda es el de mama.

Los hombres que padecen el de próstata, no piden ayuda, quizá las mujeres la piden para su atención o la de sus hijos, los hombres piden menos ayuda que las mujeres. Los laringectomizados sí tenemos muchos que vienen a educar la voz. Entre hombres el cáncer más frecuente ahora es el de colon, es el que más vemos.

— ¿Observan algún dato común entre los enfermos de cáncer? En Segovia, la contaminación no parece que pueda ser la causa.
— No hay un predominio mayor en Segovia, tenemos las mismas cifras que en Madrid o en Barcelona. Lo que ha crecido mucho es el cáncer de colon y, eso está claramente relacionado con la alimentación.

— ¿Y qué debemos comer?
— Lo que hemos comido siempre: Verdura, legumbres… dejarnos de tanta comida procesada y blanda. ¿Nuestros niños qué comen? Cuesta que coman un bocadillo, les hablas de un bocadillo para la merienda y tienen que ser de pan de molde. ¿Qué comen duro?, prácticamente nada ¿Qué comen de verdura o fruta? Muy poco ¿Qué arrastran por el colon?. Hemos cambiado hábitos y el cáncer de colon tiene una relación importantísima con la alimentación.

En cuanto al pulmón ¿Qué hemos aumentado las mujeres de forma muy importante? El tabaco. Con el de mama, cada vez tenemos más genéticos o con margen hereditario, pero la obesidad y el sedentarismo tienen influencia sobre el cáncer de mama.

Por lo tanto, somos nosotros quienes no estamos haciendo nuestro autocuidado porque la enfermedad está ahí pero nosotros debemos cuidarnos con hábitos de vida saludable, comiendo bien y sano y andando o haciendo ejercicio.

— Hay algún caso que recuerdes de modo especial…
— Un caso de una compañera que, con un diagnóstico de un linfoma, en principio sin problemas, tuvo todas las complicaciones del mundo y estuvimos a punto de perderla varias veces. La cara con la que te miraba o te pedía ayuda, porque no quería irse, a mí, me llegó al alma. Cuando la veo ahora, no puedo por menos que abrazarla pero, luchó, como una jabata.

También recuerdo el caso de otra compañera que luchó muchísimo. A la que acompañábamos todos porque sufrió la radioterapia, fue cuando yo me di cuenta de lo horrible que era eso, una mujer a la que había que acompañar porque sus hijos y su marido trabajaban y los compañeros nos turnábamos.

Descubrí lo que era ir en una ambulancia horrorosa, cómo llegaba después de recibir la quimio, en qué estado llegaba esa pobre persona a Valladolid o, aún peor, a su casa. Y la tristeza en sus ojos porque ella sí se dejó, sabía que se moría y, se dejó.

— Ahora que hablamos de la radioterapia ¿cómo van las cosas?
— Tengo confianza en la consejera que me ha dicho que sí. Todavía no voy a decir nada porque estoy esperando presupuestos.

— Mas que nada es porque se podrían evitar los paseos en ambulancia…
— ¡Evidentemente! Y, sobre todo, aquí que las recibimos, la mayor queja de los pacientes es la radioterapia. No se quejan de la quimio que sufren aquí, con lo duro que es. Se quejan de la radioterapia, vayan en AVE, en su coche, en ambulancia, ese trasiego… pasar horas de acá para allá, para diez minutos de tratamiento, en un medio desconocido, porque no es su hospital. Espero los presupuestos porque, no digo yo que de hoy a mañana tengamos radioterapia pero, según los cálculos, en el 2021 o en el 2022, tenemos que tener radioterapia aquí, en Segovia.

Ya en los tiempos de Conchita Díez, la asociación estuvo detrás de este tema pero, quizá yo sea más explosiva. La primera promesa del presidente de la Junta entonces, Juan Vicente Herrera en el 2007, fue porque la asociación ya lo pedía. A lo mejor, a mí se me oye más porque me he hartado pero, lo hemos pedido siempre y ya vale de tonterías. Hemos aguantado tantas mentiras, tantos ir y venir….

Cuando comencé, reuní a todos los presidentes de las asociaciónes en Castilla y León para ir juntos a la Consejería porque, hasta entonces, nos toreaban a cada uno con una promesa distinta. Por separado, nos tomaban el pelo pero decidimos que no, que íbamos en piña y, los nueve presidentes de las asociaciones en la comunidad fuimos durante un año a reunirnos con el consejero y los técnicos. Desde entonces cambió la idea de que “no había radioterapia de ninguna manera” a que… “los técnicos aconsejaban la radioterapia satélite”. Ya veremos pero… de momento, tenemos el sí.

Hace 4 años, nos decían que “era imposible, no tenemos cifras, la calidad…” ¡chorradas! ¡no! ¡dame informes técnicos! ¿Tú sabes lo que nos costó sacar el informe técnico? Un día, otro día y otro día…

— Explícame qué quieres decir con “radioterapia satélite”
— El mayor problema que ponen para las unidades en las provincias es el personal, ya se sabe que faltan médicos en todas partes, tocamos a un médico cada 1500 personas pero a un político por cada cinco, esa es la proporción.

La radioterapia satélite consiste en que el aparato es trasladado a tu provincia, dirigido por un oncofísico y, con los oncólogos locales, los pacientes no tienen que trasladarse a otro lugar y reciben su tratamiento en el hospital de su provincia. Es el modelo que está funcionando en otras Comunidades, no hemos inventado nada.

— Hoy, Día de la Mujer, has comentado que casi todas las que trabajáis aquí sois mujeres.
— Hay que decir, se pongan como se pongan, que las mujeres somos mucho más solidarias que los hombres, muy dadas a seguir prestando ayuda. Los hombres se comprometen más en cosas de figurar.
En esta asociación, donde todas son voluntarias, los presidentes, hasta ahora, han sido hombres y, si ves la cúpula nacional, hombres. Siempre, los jefes son hombres pero, las que curran, mujeres. Ahora ya vamos cambiando.

En la cúpula, hasta ahora eran hombres o señoras de.. En la primera entrevista que tuve en Madrid, como presidenta, me dijeron que era socialista, y les contesté: “¿Y?, ¿Es que tenía que ser del PP?”. Me dijeron que tenía un curriculum impresionante pero… y, les contesté que yo no estaba de acuerdo con “las del moño” que ponían ellos… Hay unos tabúes… pero, las mujeres, por norma, son las que “dan el callo”.

Además las mujeres son más valientes. Los hombres enseguida se asustan. Me preguntan por qué las mujeres, en el cáncer de pulmón mueren más… es fácil: Si el hombre tose, la mujer lo llevará rápidamente al médico pero, si tose ella, aguantará porque es un constipado sin importancia.Esa mentalidad, figura para todo. Las mujeres no hemos sabido demostrar lo mucho que valemos.