Privilegio de Alfonso VIII de 1208, también llamado de la Bolsilla, donde se reconocen los límites meridionales de la tierra de Segovia. / Archivo de la Ciudad y Tierra de Segovia.
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Los orígenes de Segovia, al igual que los de otras ciudades castellanas, están estrechamente ligados a su tradición ganadera. Esta vocación, unida a la abundancia de pastos y abrevaderos en la vertiente sur de la sierra de Guadarrama motivaron, desde al menos el siglo XII, el interés segoviano por esos territorios. La expansión meridional y la delimitación de una amplia zona de pastoreo invernal entre las actuales provincias de Madrid y Toledo, avaladas por varios privilegios de Alfonso VIII, permitirían la travesía o trashumancia interior desde el norte hacia los estremos de la tierra, en lo que serían los sexmos meridionales de Casarrubios y Valdemoro (Asenjo 1986). Esto explica, por ejemplo, porqué el territorio jurisdiccional de Segovia abarcaba hasta los municipios de Casarrubios del Monte, Valmojado y Las Ventas de Retamosa, hoy al norte de la provincia de Toledo.

Martínez Moro (1985) ya adelantaba que las poblaciones segovianas que surgieron allende la sierra estaban a la vera de las rutas que recorrían los rebaños. Aquellos asentamientos eran, principalmente, posadas o cabañas de pastores cuya población podía entenderse como estacional. Sin embargo, poca atención habían recibido en cuanto a su origen, su relación con las vías pecuarias y su evolución temporal. Ese vacío historiográfico ha empezado a cubrirse con un estudio recientemente publicado en la edición de Historia Medieval de la revista Espacio, Tiempo y Forma, en colaboración con el geógrafo Jesús Rodríguez Morales (enlace en http://revistas.uned.es/index.php/ETFIII/article/view/22865). Analizando y cotejando varios documentos entre los siglos XIII y XV, nuestro artículo destaca el papel de las alberguerías o ventas segovianas, establecimientos familiares ubicados a lo largo de caminos de origen romano y/o medieval que serían la base de desarrollo de poblaciones modernas.

Un privilegio de 1273 —año de creación de la Mesta—, que eximía de pagar impuestos a quienes morasen en las alberguerías de Segovia, describe indirectamente el trayecto de varias vías que articularon la travesía de los ganados serranos y la posterior Repoblación segoviana en su gran sexmo de Casarrubios: 1) la vía Segovia-Toledo, antigua calzada número 24 del Itinerario de Antonino, que atraviesa por el puerto de la Fuenfría, donde identificamos hasta quince alberguerías hasta el actual término de Villanueva de la Cañada (Madrid); 2) el camino medieval Segovia-Madrid que atraviesa por el puerto de Tablada, con seis establecimientos hasta Torrelodones; y 3) el Carril Toledano, con cuatro ventas, que comunicaba Segovia con la parte meridional del sexmo, hasta su cabeza, Casarrubios del Monte (Toledo). Esta importante población, de la que ya existen referencias en 1204, aparecerá en 1305 como collación, una de las antiguas estructuras sociales de la tierra segoviana. El étimo casar de su nombre se remontaría al árabe que, también como equivalente de venta o alberguería.

Buena parte de los establecimientos se cotejan como pueblas en documentos de 1287 y 1312, lo cual confirma dos cosas: que la Repoblación de la Transierra se encontraba muy adelantada a finales del siglo XIII y que la venta solía ser el antecedente de la población moderna. Estas ideas nos llevaron a preguntarnos si en otra vía pecuaria relevante, la Cañada Real Segoviana, se cumplía el esquema repoblador. Efectivamente, documentos del siglo XIV, como el reparto que Segovia hizo a las cuadrillas para aumentar la población del sexmo de Casarrubios (1302), nos dan la clave.

En él se vuelve a referir el nombre de algunas alberguerías/pueblas citadas en 1273 y 1287, como don Gutierre o Brunete; y añade lugares meridionales en la Cañada Segoviana que en el Cuatrocientos estarían asociados al tránsito ganadero, como Quijorna, Villamanta o Perales de Milla, donde se hacían las juntas de los pueblos.

El documento de 1302 también refiere pueblas donde se autorizaba a plantar viñas, como Calatalifa (Villaviciosa de Odón), Zarzuela (Navalcarnero), Berciana (Méntrida), la Cabeza Musanda (Casarrubios del Monte) y la propia Casarrubios. A dos de ellas asociamos en 1314 a Gil García, alcalde del rey y capitán de las escuadras segovianas en la guerra de Granada y Algeciras. García, que había sido cogedor de penas de los judíos en la Cabeza Musanda, junto a Casarrubios, tenía huerta y viñas en Zarzuela.

Será en el siglo XV cuando contemos con más datos sobre la zona. Los procesos de persecución legal de las usurpaciones de términos, frecuentes en las ciudades castellanas (Monsalvo 2001; Jara Fuente 2017), recogen información sobre la depredación señorial a través de las denuncias, las pesquisas, las probanzas entre partes, las sentencias y las apelaciones. La amenaza nobiliaria en el sur del sexmo tuvo cuatro flancos: duques del Infantado, señores de Batres, marqueses de Moya, y señores de Casarrubios y Arroyomolinos. Larguísimos pleitos sobre términos entre los últimos y Segovia han dejado cientos de testimonios de pastores, guardas segovianos y vecinos limítrofes sobre la relevancia de las alberguerías y costumbres de los rebaños travesíos en los estremos.

En el Carril Toledano, por ejemplo, siguieron activas las ventas en los términos de las actuales Villanueva de la Cañada y Brunete. Esta última sería poblada con licencia real por Segovia.

También sabemos que desde 1480 pasaría, junto con las de Cienvallejos (Brunete), Sacedón (Villaviciosa de Odón), Zarzuela y Quijorna, a formar parte del señorío de los marqueses de Moya. Las tres primeras están ubicadas en el camino Segovia-Toledo, cerca del Guadarrama. Sacedón era una alberguería donde, hacia 1459, los guardas de Segovia cogían la caucera, montazgo local cobrado a los ganados por hollar la canalización de agua a Segovia y su alcázar. Cienvallejos era entonces otra venta, regentada por Pedro Sánchez el Manso, cogedor de impuestos muy conocido en aquellas latitudes. Sánchez, que recaudaba las llamadas alcabalas de Canmayor a todo pastor que vendiera o trocase ganados, fue también visto en las ventas de la Cañada Real Segoviana. La tarea le llevaba de tres a cuatro días y su área competencial iba desde Valdemorillo hasta Las Ventas de Retamosa (Toledo).

Era ésta zona habitual de invernada de rebaños de la tierra, como muestra la procedencia de los pastores y ganaderos que declaran en las probanças. Se citan, entre otros, serranos de El Espinar, Villacastín, Otero de Herreros, Sotosalbos, Canencia, Bustarviejo, Aldeavieja y hasta del Real de Manzanares, como Colmenar Viejo y Porquerizas (hoy, Miraflores de la Sierra). El anciano Gil García, vecino de esta última, declaraba en 1511 que en tiempos del rey Enrique IV tenían costumbre de llegar a la zona de Casarrubios mes y medio antes de Navidad, marchando a mediados o finales de mayo, cuando volvían al agostadero.

En los estremos merece la pena destacar el papel de Valmojado, venta en la Cañada Real Segoviana que a mediados del siglo XV tenía varias funciones. Una era servir de base de operaciones de los guardas segovianos -alguno de apellido Falconi-, quienes vigilaban el cumplimiento de las ordenanzas sobre el aprovechamiento de los baldíos. Otra era ejercer de contadero y lugar de cobro de derechos a locales y foráneos, como las alcabalas, la caucera, el pasaje y el retorno de los ganados. Son evidencias claras del importante flujo de rebaños trashumantes y travesíos que circulaba por el lugar.

La depredación del territorio jurisdiccional segoviano en el sur del sexmo de Casarrubios, perpetrada en buena parte por los señores limítrofes, fue amputando, a lo largo de los siglos, la integridad de una delimitación reconocida ya en 1208. Primero fue la segregación de la propia cabeza, Casarrubios, en 1331; después vino su inevitable expansión señorial en los albores de la Edad Moderna, motivada por el crecimiento demográfico y la percepción de rentas y derechos. A la par, el elevado coste de los contenciosos sobre términos fue mermando la capacidad reactiva o el “aparejo para fazer” de Segovia. Lo único que pudo salvarse en el sur fue la bolsa de baldíos en los entornos de las fundaciones defensivas de Navalcarnero (1499) y Sevilla la Nueva (1544).

De ahí los posteriores lamentos de don Carlos de Lécea ante una configuración mutilada de la Comunidad de Ciudad y Tierra que ha llegado a nuestros días y que excluye, inexplicablemente, a parte de un territorio por el que los segovianos lucharon tanto.

Nada ha podido, en cambio, borrar el recuerdo en una comarca que le debe a esta ciudad sus raíces. A poco que estos pueblos rebuscan en su pasado, se topan con una realidad incontestable. De hecho, y aunque hoy parezca sorprendente, la figura del Acueducto romano está presente en los escudos municipales de municipios tan remotos como Villamanta (Madrid) o Valmojado (Toledo). A este respecto, tenemos avanzada una cronología sobre el señorío de Casarrubios del Monte, que vendrá a aportar más luz sobre una zona tan oscura del pasado de Segovia. Es, por tanto, una deuda para la historia de esta ciudad que merece ser saldada.
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(*) Universidad de Barcelona.