Los cuatro puntos cardinales

Pedir, recoger, almacenar y entregar. Estos son los pasos clave que, cada día desde hace 21 años, trata de llevar a cabo el cuellarano Rufo Sanz, quien se convirtió en uno de los fundadores del Banco de Alimentos de Segovia

Hace más de 20 años que Sanz empezó a recoger alimentos para entregarlos al Banco de Madrid. / NEREA LLORENTE
Hace más de 20 años que Sanz empezó a recoger alimentos para entregarlos al Banco de Madrid. / NEREA LLORENTE

Hace años que convive con esta palabra. Aun así, le resulta “complejo” explicar qué significa para él la ‘solidaridad’. Le podría dar varias denominaciones. El cuellarano Rufo Sanz se decanta por esta: “es un valor que se basa en la unión para lograr unos propósitos que se tienen en común”, sostiene. Ha interiorizado tanto su sentido, que hace 21 años decidió dar uno de sus mayores pasos: fue uno de los fundadores del Banco de Alimentos de Segovia. Al frente de esta organización cumple con los cuatro puntos cardinales: pedir, recoger, almacenar y entregar.

El conocido como “el periódico de la esperanza”, ‘La Farola’, le dio el empujón que necesitaba. La venta de esta publicación por las grandes ciudades era la única salida digna que tenía la gente sin recursos. En las páginas centrales explicaban la labor del Banco de Alimentos de Madrid. “Esto me hizo darme cuenta de que era necesaria mi ayuda”, explica.

Junto a una organización de la Orden Franciscana de San Blas, Sanz empezó recogiendo alimentos de los hipermercados para entregarlos al Banco de Madrid. Pero pronto, el índice de pobreza de Segovia les hizo detectar que su tierra requería que alguien realizara este trabajo. Y así lo hicieron. Por aquel entonces solo había 22 Bancos en España (hoy hay 56). Ellos fundaron el número 23.

Era consciente de que embarcarse en esta aventura no iba a ser fácil. Más aún porque lo hacían sin medios. Su padre les dejó un pequeño local. Utilizaban el coche que tenía Sanz. En ese momento hacían recogidas periódicas en hipermercados, colegios y empresas.

Con el paso del tiempo, tuvieron que cambiar de estrategia. Pasaron a entregar alimentos a barrios de Segovia “con más necesidades”. Más tarde, lo dejaron: se pusieron en contacto con organizaciones y asociaciones. Estas se encargan ahora de repartir. A ellas “les resulta más sencillo conocer a las personas por mediación de las asistentas sociales”, relata. Colaboran con ‘San Vicente de Paúl’, ‘Despertar’, el ayuntamiento de San Ildefonso, de Cuéllar, de La Lastrilla… La lista de las entidades a las que llega la bondad de Sanz y su equipo parece no tener fin.

No tiene ninguna duda: cuenta con el respaldo de los segovianos siempre que se les necesita. También de las industrias, de la gerencia de servicios sociales, de los ayuntamientos y de alguna entidad bancaria. Cada vez que piden, se vuelcan. Sobre todo, a raíz de la pandemia. La actual crisis sanitaria ha acentuado las necesidades de demasiadas personas. Para combatirlas, “ha aumentado la solidaridad de la gente”, en palabras de Sanz. Su Banco de Alimentos es pequeño. Grande en solidaridad.

“Nunca se está orgulloso porque siempre se piensa que se puede hacer más por la gente necesitada”, afirma con vehemencia. Siente que su trabajo nunca es suficiente. Y que sus medios son “precarios”. Las familias necesitan más y más. A pesar de ello, está “satisfecho”: sabe que es útil. Tiene que dedicarle mucho tiempo a su trabajo. “La cosa más grande que uno puede dar, es el tiempo”, asegura. Hace años que paró su reloj. Su único objetivo es que a nadie le falte un plato de comida. Trata de hacerlo mejor cada día. Y parece lograrlo.

Hay a quien su meta le puede resultar contradictoria: “que el Banco desaparezca algún día”. El sentido es claro. Esto significaría que ya no hace falta su ayuda. Agradece el “gran trabajo” de los voluntarios. Son la piedra angular de la organización. Sin ellos no serían capaces de hacer esta tarea. Con Sanz a la cabeza, son el ejemplo de que la bondad no ha desaparecido de la faz de la tierra. De hecho, a veces se hace más visible que nunca.