Los artífices del emborrillado

Esta técnica de pavimentación es una de las señas de identidad de Segovia, que puede encontrarse en distintas zonas emblemáticas de la ciudad

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Dos obreros realizan los trabajos de reposición del pavimento de emborrillado en la calle de Alfareros. / E.A.

El proceso no es sencillo. Primero, han de echar una base de cemento. A continuación, llega la parte más tediosa: tienen que colocar los cantos rodados. Uno a uno. Guardando cierta distancia. Deben buscar el lado plano. No son unas piedras cualquiera. Las traen del Páramo. Una vez situadas, tienen que poner encima otra capa de cemento. Es algo así como una obra de ingeniería. Y es la seña de identidad de un buen número de calles de una ciudad Patrimonio de la Humanidad como Segovia.

Se puede ver en el Paseo del Salón de Isabel II. En la plaza Díaz Sanz. En la calle Teodosio el Grande. La lista es infinita. Mariano Rodrigo y Miguel Montero lo han colocado en tantos sitios, que ya ni los recuerdan. Ahora se ocupan de la calle de Alfareros. Hace unas semanas, se produjo una avería en la red de abastecimiento de agua potable. Primero se procedió a la excavación para renovar un tramo de tubería de unos 10 metros, hasta su entronque con la de la calle de Perucho. Después, se tapó la zanja con hormigón. Y ya han comenzado los trabajos de reposición del pavimento de emborrillado.

El tráfico que transcurre sobre el empedrado tiene efectos negativos que hacen mella en su conservación. De ahí que se haya modificado por adoquines u otros materiales en algunos entornos. Esto no siempre ha sido bien recibido por los segovianos: en ciertos tramos, provoca contrastes notorios. Y ha dejado, en ocasiones, parches en el terreno.

Su técnica también ha ido variando. Hace años, se utilizaban cantos de granito y gneis, de color grisáceo, y se colocaban muy juntos, sin apenas cemento. Ahora, estos se han sustituido por unos de cuarcita de mayor tamaño, de color pardo-rojizo, algo más separados y fijados con cemento.

“Los vecinos están deseando que acabemos”, cuenta Montero. Empezaron la semana pasada. Pero aún les quedan unos cuantos días de trabajo. La calle de Alfareros recuperará pronto su imagen habitual. Su labor requiere un gran esfuerzo físico: los cantos rodados los colocan de rodillas, apoyados sobre una lámina de goma espuma.

El suelo empedrado es un elemento más del patrimonio histórico de Segovia. Seguirá siendo testigo directo de la evolución de la ciudad. Y, todo, gracias al trabajo de quienes son los artífices del tradicional emborrillado. Su labor quedará para los restos. O, al menos, hasta que el paso del tiempo haga necesaria su renovación.