Los agricultores y las madrigueras

Las huelgas y manifestaciones públicas han de valorarse desde la ética política y la moral económica. La ética reconoce la licitud de las huelgas siempre que, en una democracia, no sean huelgas con carga de reivindicación política. Se entiende que la democracia garantiza la libertad de elección y los medios suficientes para exigir a los gobernantes la justicia en la distribución de los bienes.

Pero la licitud de las huelgas radica no solo en la causa justa que la produce sino también en el proceso, es decir, en la libertad de convocatoria y en el seguimiento libre, sin coacción. Pero la frágil democracia actual y la fuerza de los engaños en las redes y en los Mass media hacen que las huelgas dejen mucho que desear.

Un amigo agricultor me comentaba hace unos días que los agricultores de su pueblo estaban muy descontentos con los representantes políticos de su pueblo. Afirmaba que los partidos tradicionales habían dado la espalda al sector primario y de manera especial los cuadros medios del PSOE. Estaban desconcertados entre lo que se firmaba en Bruselas, lo que se prometía en las mesas de negociación y el abandono de sus reivindicaciones.

Igual que está sucediendo en el resto del mundo (recordemos los chalecos amarillos en Francia), las nuevas movilizaciones cuestionan la legitimidad de los representantes sindicales tradicionales. El malestar ya no se canaliza institucionalmente y con dialogo, ni se educa por la argumentación, sino que se potencia a través de arrebatos emocionales canalizados por las redes, con los que se instala un maquiavelismo desconcertante. Lo vimos en el asalto al capitolio, trae de cabeza a las democracias europeas y es la marca del río revuelto del populismo.

Los agricultores españoles fueron utilizados durante los ochenta bajo el paraguas ideológico de la entrada en el mercado común europeo. Les dijeron que entrarían en el mercado común pero se quedaron fuera de él: el economista Fuentes Quintana decía entonces que con la entrada en el Mercado europeo, Castilla y León se convertiría en una finca de caza, Y así fue. Insistía que el futuro de la economía española se desarrollaría en torno al mediterráneo y a las bolsas económicas de Madrid y de Vigo-Oporto. Y así fue.

Ahora son las Redes: lo importante no está en el protagonismo de las mismas, sino en la instrumentalización que realizan de ellas como madrigueras digitales que pervierten nuestra atención. El anonimato de las redes encauza y dirige la atención epidérmica porque está construido para meter miedo, no para promover la responsabilidad; está programado para mantenernos agitados y, si es posible, aceptar o rechazar, simplificar el juicio y alimentar la cólera, la ira y el odio, nuestras emociones menos nobles. El diseño algorítmico de las redes es una mezcla de naturalismo zoológico, avaricia humana y opacidad tecnológica, por eso tienen algo de madrigueras. Refugios, donde la curiosidad y la oportunidad para tirar la piedra y esconder la mano, no desembocan en buen juicio y responsabilidad.

Sin estas madrigueras de las redes no entenderíamos algunos de los nuevos líderes que, en lugar de ser elegidos estatutariamente son digitalmente impuestos. ‘Digital’ no sólo por la instrumentalización de las redes y los medios para conducir maquiavélicamente los nombramientos, sino por la designación ‘dedocrática’ caprichosa. Además del desencanto de los representantes legítimos, que son desplazados por agitadores emocionalmente canalizados, el resultado es la pérdida de confianza en la democracia, no sólo entendida como ‘sistema’ de convivencia racional sino como ‘forma de vida’ razonable.

Esta doble digitalización, agravada por los nuevos autoritarismos y despotismos que hemos padecido en la pandemia, nos está llevando a un caótico modelo de política tecnocrática que atomiza, polariza, naturaliza y fragmenta la vida en común. Hobbes y Orwell se están frotando las manos.

Pasarán las huelgas y los agricultores españoles seguirán igual. Se contentarán con las migajas de querer llenar la Castilla vaciada con algunos emigrantes y un turismo barato. Seguirán olvidando que el futuro de una región está en la combinación e interrelación de los tres sectores: el primario (agricultura y ganadería), los servicios y la industria. La dignidad del labrador esta en su autonomía, en dependencia de la naturaleza y en cierto modo con un cierto gobierno ácrata.
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Profesor emérito.