Una procesión en honor a San Isidro Labrador celebrada en la capital segoviana. / KAMARERO
Una procesión en honor a San Isidro Labrador celebrada en la capital segoviana. / KAMARERO

El mar de Segovia no es de color azul, sino verde brillante, aunque tiempo después trasmuta en dorado. Depende de cuando suceda esta transformación, será buena noticia o no. Sin embargo, eso es una ciencia cierta que solo conocen los agricultores segovianos. Los cultivos de la provincia y de Castilla y León en su conjunto llaman la atención. Fueron y siguen siendo objeto de inspiración para muchas personas. Por ejemplo, Antonio Machado y sus ‘Campos de Castilla’. Pero también Miguel Delibes, quien puso en valor la labor agraria y sus dificultades. “Si el cielo de Castilla es tan alto, es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo”, escribió.

Ciertamente, la agricultura forma parte de la tradición y esencia segoviana. Es una actividad intrínseca de los pueblos de la provincia. De ahí que prácticamente la totalidad de ellos tengan prevista alguna celebración hoy para honrar a San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, ya sea en forma de liturgia y procesión, verbena, merienda comunitaria o con la puesta a punto de pequeños huertos.

En cierta medida, es un día en el que, cuando la espiga de trigo está a medio camino, los agricultores segovianos aparcan sus tractores para festejar, pero también para reivindicar. Y este año más que nunca. “Ha habido periodos complicados por circunstancias climáticas y competitivas, pero esta vez es diferente”, asegura Alfonso Pescador, presidente de la Unión de Campesinos de Segovia-UCCL.

Hasta ahora, los imprevistos se han podido resolver por medio de los seguros o ayudas. Sin embargo, “este año está todo tan revuelto e influyen tantas cosas que no sabemos lo que va a pasar”, subraya. De este modo, si por algo destaca San Isidro este año, es por la incertidumbre que lleva aparejada.

El regadío, bajo mínimos

En esta misma línea se posiciona Pablo Rincón, secretario general de Asaja Segovia. “Nunca habían existido unos costes de producción tan elevados como ahora”, declara. Con ello, se refiere al alto precio de la luz y de los hidrocarburos, que afectan principalmente a los cultivos de regadío. Es menester recordar que, a pesar de las bonificaciones estatales, el litro de gasoil, necesario para los motores de riego, se posiciona muy cerca de los dos euros.

“Esto ha condicionado que muchas explotaciones de la provincia hayan preferido dedicarse a otros cultivos menos exigentes en riego o abonados, como es el girasol”, señala Pescador. De hecho, en relación con los fertilizantes, “estos se han disparado más de un 50 por ciento”, lamenta. A ello se suman los herbicidas, pues ambos están en una situación crítica al haber previsión de escasez.

De este modo, mientras antes se cultivaban a lo largo de toda la provincia “miles de hectáreas” de remolacha, este año “estamos bajo mínimos”, advierte el presidente de UCCL. Lo mismo sucede con las patatas, zanahorias y puerros, entre otros.

El secano mira al cielo

Por otro lado, el secano tampoco ofrece perspectivas halagüeñas. En Segovia, es la agricultura predominante. De hecho, el verdor de los trigos, cebadas y centenos ahora están en su máximo exponente. De ahí que estos meses los trabajadores no hayan perdido el cielo de vista.

Las condiciones climatológicas son determinantes para una buena campaña. Y este año, sobre todo a principios, las precipitaciones han brillado por su ausencia. “Las tierras empezaron a ponerse amarillas porque necesitaban agua, aunque luego se arregló bastante”, certifica Arturo Hernangómez, un joven agricultor de la comarca valsequeña.

No obstante, las altas temperaturas de los últimos días han puesto en peligro la cosecha de algunas zonas. Y la situación no mejora la próxima semana. “La sequía ha precedido la campaña y ahora hay muchos cereales que ya están secos”, lamenta Abel Cuesta, empresario agrícola de Veganzones. Él mismo refiere que en tan solo unos días los trigos han cambiado: “Están traslucidos, con mal color, un verde muy claro, lo que indica que les falta agua”, sostiene.

Una visión coincidente con el presidente de UCCL, quien asegura que para compensar las altas temperaturas “necesitamos lluvia cada tres días”. “Cada día que ha hecho calor hemos perdido kilos y kilos de cosecha”, manifiesta el agricultor veganzonés. Por ello, para este San Isidro su principal deseo es “que pase mayo, y pase pardo”. Es decir, sin salir el sol, nublado y fresco.

Sin embargo, los ciclos del campo son así. “Llevamos dos años buenos de cosecha, lo raro es que el tercero lo fuera también”, ironiza Abel Cuesta. “En Segovia eso nunca ha pasado”, bromea. Por el momento, todo será cuestión de pensar en positivo, en tener buenos rendimientos. Aunque eso conlleve el cumplimiento de mucho factores. “Siempre puede venir una helada o granizada que acabe con todo, pero de momento vamos bien, no nos ha afectado ninguna plaga o enfermedad”, se alegra Arturo Hernangómez.

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Un trabajador agrícola segoviano realiza labores de cosecha de cereal en una de las tierras de cultivo de la provincia. / KAMARERO

El futuro del sector

Del total de personas ocupadas en la provincia, el 7,7 desarrollan su labor en el sector agrícola, según los datos del primer trimestre de este año recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una cifra considerable, pero que cada año desciende. El problema del relevo generacional y los vaivenes en el rendimiento pueden dar explicación a este hecho.

En concreto, la dificultad de repercutir el incremento de los gastos por los insumos agrícolas y la energía han llevado a muchos agricultores a replantearse su situación. Muchos de ellos combinan su actividad en el campo con la ganadería. Ciertamente, son dos labores muy emparentadas, de ahí que San Isidro haya adquirido casi un doble patronato.

A partir de esta situación, puede que muchas personas empiecen a dar mayor prioridad al trabajo del que obtengan más rentabilidad. Y, previsiblemente, en muchos de los casos este papel no se corresponda con la agricultura. “De aquí a un tiempo muchos lo van a dejar”, considera Abel Cuesta. Ya es una tendencia que se percibe cada vez que se actualizan los datos de empleo.

¿Quién podría resolver esta problemática? Hay ayudas de la PAC, un seguro que cubre, según explica Pescador, en torno al 30 por ciento de los gastos de explotaciones. “Pero al final los precios del mercado son los que marcan las tendencias y deciden si una explotación es viable o no”, remarca.

A esto se une otro obstáculo, que es la baja cifra de jóvenes que apuestan por la actividad agrícola y que pueden poner en peligro el fervor por San Isidro. Es cierto que la agricultura “es un trabajo que tiene que gustar”, define el presidente de UCCL. Y esos gustos han cambiado a lo largo de los años.

Sin embargo, la principal que se da a esta progresiva disminución d nuevos agricultores es que, para sacar rentabilidad al negocio, es necesario tener un mínimo de bases de explotación. “Si entras sin base territorial o ganadera va a ser todo muy complicado”, asevera Pescador. “Hay ayudas, pero muchas de ellas se convierte en trampas a largo plazo”, concluye.

Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.