Un golpe de tambor que pasea por el patio de butacas, seguido de una campanilla que se aproxima por el otro lateral, al que se les une una segunda campanilla desde el escenario, nos muestra a los tres intérpretes que sostendrán y darán aliento a la función que así comienza: ‘Retablo de don Cristóbal’, farsa para guiñol de Federico García Lorca, en la preciosísima y virtuosa versión de la Compañía Nao d’Amores.

El poeta que ha interpretado y recogido de labios populares esta farsa de guiñol tiene la evidencia de que el público culto de esta tarde sabrá recoger con inteligencia y corazón limpio, el delicioso y duro lenguaje de los muñecos, esto nos dice el poeta nada más empezar el espectáculo en boca de una de las intérpretes y con ello nos pulsa el ánimo y nos prepara.

Pareciera que esa misma frase hubiera servido de inspiración y objetivo de trabajo para la puesta en escena de este juguete teatral, divertido, bello y poético. Ana Zamora y su equipo se han preñado de inteligencia, sensibilidad y conocimiento de la tradición de Don Cristóbal guiñol, y su antepasado Purcinella, y rascando en su corazón de niños nos traen este nuevo trabajo, cuyo sello de compañía, además de mantenerse, se activa y renueva con cada puesta en escena y nos vuelve a encandilar con este retablo.

A Lorca le gustaba andar entre la gente escuchando sus historias habitadas de crueldad y de gracia, y en esa búsqueda llega hasta la tradición del teatro de títeres y conoce a Cristóbal, antes llamado Purcinella, venía desde el siglo XVIII agarrado a su cachiporra y mostrándose en calles y plazas por toda Europa, mientras arrea mamporros a diestro y siniestro y su deslenguamiento hace desternillarse de risa.

Esta versión del Retablo de Don Cristóbal de la Cía. Nao d’Amores nos embriaga alegra y deja boquiabiertos como bobalicones de ojos como platos, porque cada ingrediente de los que se compone esta puesta en escena, y no son pocos, es exquisito, y juntos constituyen un todo integrado.

Rosita la joven casada por su madre con el gordo Don Cristóbal es divertida, fresca, gamberra y subida de estrógenos ya que le canta y le grita una urraquita, lo interpreta Irene Serrano y le presta su gracia, su alegría, su desenfado, y sus ganas de amor. Por su cuerpo resbalan y se adhieren los personajes masculinos, todos ellos títeres, algunos, como Currito, se deslizan y se aúpan por su pierna como si se tratara de un tobogán erótico, es notable esa escena, cuando Currito se presenta, y de difícil ejecución.

Después de la escena de la boda, resuelta estupendamente, con esa tela blanca sacada de algún arcón de abuela, convertida ahora en velo de novia y que antes hemos visto siendo mar, sabana u otros, a Rosita, ávida de amor y mientras Don Cristóbal duerme la mona, le invade, gustosa, un desfile de muñecos de guiñol que se cuelgan de ella, de su cuello, de su cara, de sus brazos, como insectos libidinosos.

Es el susurro de los tiempos que se actualiza y se hace presencia en la versión de este retablo de Nao d’Amores, su directora Ana Zamora, ama a los títeres, y eso se nota. Y también en el homenaje que le hacen a Julio Michel, en la sala que lleva su nombre.
Estos días hemos gozado con este trabajo de Nao d’Amores. Nos tiene acostumbrados a la belleza y al rigor por una trayectoria impecable en el que cada alumbramiento parece mejorar al anterior, nuestros ojos de espectadores que también amamos los títeres volvieron a abrirse encantados ante este desplegable teatral y precioso.

La primera imagen, al comenzar el espectáculo, es un retablillo humilde y silencioso iluminado de maravilla por Pedro Yagüe, con un rótulo en la parte de arriba que dice: Posada del mundo. En sus sucesivas transformaciones, cuando se abre y forma una variedad de espacios escénicos por el que discurren los personajes y sus distintas situaciones, leemos más abajo: de todos los desamparados. Que tierna es esta frase cargada de significado: Posada del mundo de todos los desamparados, ¿Se referirá a los humildes títeres nacidos del pueblo que habitan los teatrillos, o a nosotros público? Parece una oración, y sí, algunos nos cobijamos en el teatro, de la misma manera en la que otros van a misa. David Faraco, es el ideólogo y constructor de estos artilugios teatrales, y esto se le da muy bien. Un bravo por ello, y otro, por haber entrenado a los actores en la técnica de guiñol con lengüeta incluida. Bien por el actor Eduardo Mayo y por el trabajo que ha hecho convirtiéndose en Don Cristóbal guiñol.

Ana y su equipo han trabajo con esa inteligencia del corazón, con esa pureza en la mirada que se asemeja al encantamiento del niño ante la vida intensa, extraña y misteriosa de un títere.

Los títeres de cachiporra parecen nacidos para mostrarnos cuanto de juguetón y maravilloso tiene la vida.

La directora del este juguete teatral, Ana Zamora, con ese hacer minucioso, estudiado, tratado e inspirado que le caracteriza, nos ofrece una vez más un espectáculo de teatro puro. Estamos acostumbrados a que Ana no de puntada sin hilo. La imaginamos en su residencia en Roma, en sus viajes por toda Italia viendo teatritos y conociendo a los cómicos mientras iría imaginando esbozos, imágenes, embriones. Esta forma de producir teatro es otra de las señas de identidad de la Compañía Nao d amores, darle tiempo a lo que está hecho de tiempo, y espacio a lo que espacio necesita, así es que el elenco al completo de la compañía, como es su costumbre con cada nueva producción se ha trasladado también en este ocasión a vivir en Segovia, durante dos largos e intensos meses.

Isabel Zamora, la intérprete música, cuya presencia en escena es deliciosa, con su rosa blanca en el pelo y detrás del piano, es más que una música, es el poeta o la poeta desdoblado en música, su trabajo, como intérprete de piano y otras sonoridades del teclado revestido de sonoridad de caja de piano verdadero, es impecable. Detrás de la selección hermosísima y acertada de las músicas y canciones que van desde el siglo XVIII hasta la mitad del siglo XX, está Alicia Lázaro, otro de los pilares de Nao d’Amores. Cabe destacar la seguidilla recuperada con la que comienza el espectáculo y en la que ya se habla de Purchinela.

Creo que tanto a Federico García Lorca como al homenajeado Julio Michel les hubiera gustado este Retablo de Don Cristóbal, como le ha gustado al público que ha asistido estos días a sus funciones.

Ficha artística

Dramaturgia y Dirección: Ana Zamora.
Interpretación: Eduardo Mayo, Irene Serrano e Isabel Zamora.
Trabajo de títeres y espacio escénico: David Faraco.
Arreglos y dirección musical: Alicia Lázaro.
Trabajo de voz y palabra: Vicente Fuentes /Fuentes de la Voz.
Vestuario: Deborah Macías.
Iluminación: Pedro Yagüe.
Títeres: Ricardo Vergne.
Coreografía: Javier García Ávila.
Funciones en Titirimundi: 2, 3 y 4 de septiembre en la sala Julio Michel
COMPAÑÍA NAO D´ AMORES