Lo sagrado y lo profano

Mircea Elíade, uno de los principales historiadores de las religiones, aborda en su libro, “lo sagrado y lo profano”, el problema de la actualidad de lo religioso en el mundo de hoy y de los lugares sagrados como son los templos, mezquitas, pagodas, etc.

Y para ello se remonta a la existencia sacralizada del hombre primitivo y tradicional, ofreciéndonos un resumen de los estudios que él mismo realizó sobre estos fenómenos: el espacio y el tiempo sagrados, los mitos, la religión cósmica… (los templos, las celebraciones litúrgicas, la religiosidad popular, etc) ¿Es la religiosidad una creación de la conciencia que no depende de las efímeras oposiciones entre “sagrado” y “profano”? ¿En qué medida una sociedad radicalmente secularizada, sin Dios ni dioses, puede constituir un nuevo tipo de “religión”? cuando personas no creyentes o políticos utilizan iglesias consagradas ¿están creando una nueva religión?

El autor pone de manifiesto el empobrecimiento que ha traído consigo la secularización del comportamiento religioso. Y su libro, por tanto, acaba siendo tanto una introducción general a la historia de las religiones como una descripción de las modalidades de lo sagrado en un mundo cargado de valores religiosos como aparece en las procesiones y ritos similares de la religiosidad popular.

Todas las religiones tienen sus objetos y lugares sagrados. El Islam considera sagradas las mezquitas y la Meca: el Corán, el Tashih, objeto similar al rosario católico, y la hamsa o la “mano de Fátima” son objetos sagrados. Por ello, merecen sumo respeto y no se pueden despreciar. Su profanación es una gran ofensa a los fieles muslines.

El judaísmo también tiene sus objetos y símbolos sagrados: la Torah, el templo (ahora inexistente), la pureza de costumbres. Estos objetos junto con sus símbolos son dignos de respeto. Y nadie osaría utilizarlo negativamente o para aquello para lo que no fueron creados.

El cristianismo, en concreto el catolicismo, tiene también sus símbolos y celebraciones que se consideran sagrados y consagrados: el templo, el altar, la eucaristía, el sagrario. Quien lo profana comete un sacrilegio que hay que reparar. En todo caso es una ofensa a los creyentes si se utilizan para otro fin distinto para el que fueron creados o construidos.

En una ocasión impartiendo una conferencia junto con un profesor musulmán se me ocurrió tomar en mis manos el libro del Corán que el depositó a mi lado en la mesa de conferencias. Sin darme cuenta me impartió un manotazo obligándome a dejar inmediatamente el Corán sagrado. Después me explicó: es sagrado y no lo puede tocar igual que ustedes piden respeto a la Hostia de la misa. Mostré mis escusas y seguimos los dos impartiendo la conferencia.

En la sociedad laica que vivimos hay gente que no respeta los lugares sagrados. Se ha introducido en occidente una práctica frecuente promovida por una sociedad laicista e ideologizada: usar los templos católicos para todo y promoviendo lo que se denomina un sincretismo religioso mediante el cual la población, ignorante de la religión católica, se le inculca la creencia de que los lugares católicos sirven para todo. Cuando un templo se utiliza para fines para los que no fue creado se está cayendo en profanación. En concreto, si una custodia o una cruz parroquial se usa de forma indebida se está cayendo en profanación y en algunos casos puede convertirse en sacrilegio violando la ley de libertad religiosa.

El laicismo liberal va expandiendo la idea de que en religión todo da igual. O lo que es más grave se tiende a manipular o instrumentalizar lo sagrado con fines culturales y turísticos. Por ello y para evitar esto, el catolicismo español ha llegado a establecer acuerdos, reguladores de su uso, con las diversas administraciones en orden a poder admirar la belleza del arte religioso existente en los lugares sagrados sin perjudicar el desarrollo litúrgico y respetando la sacralidad del lugar.

Por eso, se ha de evitar una intromisión de lo político en el ámbito de lo religioso que pueda desembocar en formas teocráticas que habría que haber olvidado. De todos modos, la complejidad de la situación exige regularlo entre la religión católica y las instituciones civiles con acuerdos prácticos, con transparencia, diálogo y respeto mutuo.
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Profesor emérito.