Don César Franco, Obispo de la Diócesis de Segovia. / Mayte París
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La vida, con el confinamiento, se paró en el mes de marzo. Ahora, cuando muy lentamente parece que todo despierta, veremos cómo serán algunas de las novedades que nos esperan. Don César Franco, obispo de la Diócesis, nos ayuda a comprender la visión de la iglesia ante lo ocurrido y a mantener la esperanza en el futuro…

— ¿Cómo está de salud tras su paso por el quirófano?
— Gracias a Dios a mí el virus, o me tiene miedo o me ha respetado. Me encuentro bien de salud, estoy bien, no he tenido ningún problema, y recuperado después de todo el proceso que tuve tan penoso. Me encuentro muy bien, trabajando.

— Hablemos de lo que acontece, de la pandemia que está creando situaciones muy penosas y tristes. ¿Cómo se ha vivido desde la Iglesia, en Segovia, este capítulo del Covid-19?
— Creo que todos hemos compartido el sufrimiento de todos. Nos hemos hecho muy solidarios y para mí ha sido un ejercicio de paciencia y de esperanza. Siempre se sabe que el mal se vence, aunque cueste y nos haga sufrir.

Lo he vivido con los sacerdotes y con la iglesia en general, con sufrimiento, con dolor. Se nos han muerto tres sacerdotes, no del coronavirus, gracias a Dios, eran mayores y estaban en nuestra residencia pero, no hemos podido tener las Exequias Solemnes, como ocurre en otras ocasiones, cuando nos reunimos todos.

También hemos sentido el sufrimiento de amigos y personas que te cuentan la situación y la imposibilidad de acompañarles, de estar a su lado, algo que es tan propio de los sacerdotes.

Pero también, hemos estado trabajando porque, estar confinado no es estar con los brazos cruzados. He trabajado telemáticamente en cosas que tenía pendientes, asuntos de gobierno. Doy gracias a Dios por el progreso de los medios. He tenido, entre otras, una reunión con los sacerdotes que están en Ayllón, y con los jóvenes pues, llevo un grupo de jóvenes-adultos, de formación, de catequesis.

He tenido más tiempo para leer, para trabajar en cosas de mis estudios, y con la oración por delante. Todos los días pido a Dios que esto termine y nos ayude a salir con esperanza.

— Como ha mencionado, lo más duro de esta situación ha sido el gran número de enfermos y fallecidos a los que sus familiares y amigos no han podido acompañar y despedir, no ha habido funerales. Cuándo ya está cerca el día en que las iglesias abran su puerta y normalicen su actividad ¿cómo van a organizar este asunto? ¿tienen algo pensado?
— Sí. En primer lugar, todas las familias tienen derecho a un funeral, a las exequias por su familiar. Como todos sabemos, las exequias no solamente se realizan el día del entierro, que son las solemnes. Es muy triste que los fallecidos, hayan tenido que ser enterrados o incinerados así, pero, luego ha habido siempre funerales en ocho días, en nueve días, en un mes. Aquí existe la misa de Privilegio, que se realiza al día siguiente del entierro. Los segovianos y las familias deben saber que los sacerdotes están dispuestos a celebrar los funerales por todos los que han fallecido. Me refiero individualmente. Es decir, que la familia se pueda reunir con los amigos, con el aforo que permita la normativa que nos den, pero que tienen todo el derecho como cristianos a rezar.

Todos los días he celebrado misa, bien en la Catedral o bien en mi casa y siempre he rezado por ellos pero, es distinto eso a rezar con la familia delante y poder consolarles y darles un mensaje de esperanza. Los que son cristianos no la han perdido pero, se sufre mucho.

Ayer mismo, supe de una amiga mía, una religiosa que ha fallecido en Huelva con el coronavirus. Era superiora de un monasterio y ha estado un mes en soledad, en su habitación, hasta que ha fallecido. Ha sido un ofrecimiento a Dios, como toda su vida ha sido, una vida de entrega.

Por otro lado, estamos pensando, en la Conferencia Episcopal, celebrar un gran funeral por todos los fallecidos en España. Lo haríamos un día y a una hora determinada, en la Catedral de cada diócesis.

Con el apoyo de los obispos, el día tal y a la hora tal… celebráremos la misma Eucaristía de Cristo por las personas que han fallecido en este tiempo. Una manera de reconocer que todos estamos unidos y que la Iglesia, aunque esté en Segovia, en Ávila, en Valladolid… es la misma. Todos formamos parte de una comunidad.

— Por otro lado, la Conferencia Episcopal está realizando borradores en los que se adaptan las misas a la situación que estamos viviendo y que seguirá durante un tiempo cuando esto termine ¿también será así en Segovia?
— Sí. Nosotros en Segovia ya hemos hecho un protocolo para entregarlo a la autoridad competente, con quienes tenemos una muy buena colaboración, en el que se recogen todas estas modificaciones a las que se refiere.

Hice un decreto por el cual dispensaba a los fieles que estuvieran en Segovia de precepto dominical. Suprimí, porque además se puede hacer, el rito de la Paz, las pilas de agua bendita están vacías, y ahora, con las normas que nos van llegando, que no son muy complicadas, haremos lo mismo.

A la entrada de las iglesias, pensamos que tiene que haber voluntarios que ayuden a las personas a colocarse con el aforo permitido. La comunión se dará con todas las medidas higiénicas. Los sacerdotes nos lavaremos las manos antes y después de la comunión, con un gel que también se ofrecerá a la entrada de la iglesia. Es decir, todas aquellas medidas que van a favor de la salud las respetaremos durante todo el tiempo que sea necesario, como los aforos. Si solo puede ser un tercio de la capacidad del templo o, de la mitad, también eso se cumplirá.

Hemos suprimido o, pienso suprimir, procesiones y romerías, en este tiempo en el que están ya tan cercanas: San Isidro, el Corpus Cristi… no habrá procesión del Corpus, se hará solo por el interior de la Catedral para los que participen. Todo lo que suponga una aglomeración que arriesgue el incumplimiento de las medidas, todo eso lo tendremos en cuenta aunque, la Eucaristía, seguirá siendo lo mismo.

En definitiva, lo estamos pensando hasta en el más mínimo detalle y es muy bueno porque, además, de la Iglesia alemana, hemos recibido sus informaciones y coincidimos casi todos, de todos los países.

El problema es el mismo en todos los sitios con una u otra frecuencia de contagiados o muertos. El problema fundamental, que es evitar el contagio y vivir con responsabilidad la propia salud y la de los demás, es el que tenemos todos. Espero que la gente lo reciba bien porque hasta ahora ha mostrado una responsabilidad enorme.

Yo he celebrado todos los días porque no he dado orden, el real decreto no lo pedía, de cerrar los templos. Los párrocos los han tenido cerrados o abiertos según su criterio pero, el obispado como tal y, el obispo, no han mandado que se cerraran ni los templos ni nada para que la gente pudiera, el que quisiera, acudir. Los domingos he celebrado con cuatro o cinco personas en la Catedral. A las personas que han ido se les ha permitido entrar, se han puesto cada una en un sitio y he celebrado la misa, y todos han respondido con mucha responsabilidad y supongo que se seguirá haciendo lo mismo.

— Precisamente, hablando de celebraciones, los capellanes del cementerio, han estado “al pie del cañón” durante este tiempo tan duro; y los capellanes del Hospital General han ofrecido su servicio a quien se lo ha demandado. ¿Ha habido sacerdotes enfermos? Algunos también han estado en primera línea…
— Sí, hemos tenido algunos enfermos aunque, gracias a Dios no han estado muy graves, unos diez o doce, y no precisamente de los más mayores. Hemos tenido en esta situación a algún arcipreste joven, como el de Riaza, que ha estado enfermo, pero han estado en su casa. Solo uno tuvo que ser internado, este sí que era más mayor, pero ya está de nuevo en su casa, es más fuerte que un roble, yo le digo que está hecho de raíces de olivo.

Ha sido muy ejemplar, le agradezco que lo recuerde, la labor de los capellanes del cementerio y del hospital, y me consta que la gente está muy agradecida y yo también, llamé personalmente a cada uno y a una hija de la Caridad, que presta servicios. Han estado en el resto de los cementerios también, cumpliendo las medidas de seguridad pero, sobre todo, cumpliendo con su obligación de dar entierro a los que mueren. Y todo esto nos lleva a descubrir cosas que a veces olvidamos, tenemos nuestros defectos, no cabe duda, pero también tenemos gente que nos da testimonio.

En el caso de los sacerdotes que han muerto durante este tiempo, los tres, han sido ejemplares. De hecho, he visto que en el periódico, en El Adelantado de Segovia, han salido cartas cuando murió don Andrés Rodao, profesor de Literatura en el colegio de los Hermanos Maristas; don Juan Bayona, muy ligado a la localidad de Caballar y don Ángel García, ex bibliotecario del Seminario. Me ha consolado mucho que gente de Segovia les haya dado las gracias en su partida por el bien que han hecho.

— Durante este tiempo de encierro ¿se han puesto en contacto con usted los fieles para hablarle?
— Bueno, muchos no, porque la gente, aquí en Segovia, es muy retraída, muy reservada, pero sí han llamado, los sacerdotes por ejemplo, preguntándome por mi salud y otros, para pedir oraciones, ayuda espiritual… Yo también pedí a los sacerdotes, porque es un tema que nos preocupa, que hicieran de manera anónima una colecta para los necesitados de Cáritas, para quienes van a sufrir la crisis económica. Esa colecta ha ido subiendo, lo que me ha alegrado mucho.

Las sugerencias de las personas que me han llamado han sido muchas: “Qué le parecería si hiciéramos esto o lo otro…”, de manera que no he estado incomunicado, el teléfono ha estado algunas veces “echando humo”, pero, ya le digo, la gente es muy respetuosa y piensan que van a molestar aunque siempre les digo que no molestan en absoluto.

Me dicen: “Perdone que le escriba un mail”, “perdone que le diga”… y les contesto que no molestan, que estamos para esto. He tenido bastante contacto también con los conventos. Supe que en el de las Clarisas de Santa Isabel cayeron todas enfermas pero, salió bien. Llamé a Las Hermanitas de los Pobres, y a personas que pensaba que me podían necesitar.

— ¿Esta crisis, que aún estamos pasando, ha servido para ser conscientes de lo que tenemos y de lo que nos falta para que no pueda volver a ocurrir?
— En lo que se refiere a esta pandemia, como es algo tan inusitado, que tan poca gente ha vivido, la verdad es que siempre pilla desprevenido pero, para mí ha sido conmovedor cómo la gente, los cristianos, que son los que más conozco, han sentido la necesidad de ser más iglesia que acompaña, acoge y se hace presente en el sufrimiento. Muchas veces hay personas que viven en soledad. Es importante acompañar, invitar a la gente a que se ofrezcan a colaborar con los ancianos en esta Castilla envejecida. Todo esto nos ha interpelado a todos.

También en lo económico porque, aunque no es lo más importante, también lo vamos a sentir. Durante tanto tiempo, los templos con poca gente, la economía de la parroquia se resiente y gastos tenemos siempre.

Sin pensar en nosotros, pensando en los que más padecen, con Cáritas y con otras asociaciones de caridad, tendremos que echar una mano y arrimar el hombro, para ayudar.

— Ha mencionado a Cáritas, otro palo fundamental en este asunto porque creo que en las últimas fechas, su labor si se ha multiplicado.
— He hablado con el director de Cáritas o con las Cáritas parroquiales y, nos lo dicen todos sin excepción: “Viene la gente, nos piden…” Esto pasa en todas las Diócesis, porque los obispos estamos comunicándonos con frecuencia, lo sabemos. La gente acude porque no tiene, imagínese, todas las personas que de repente han sufrido un ERTE, o han tenido que dejar de trabajar, algunos con familias, en algunos casos numerosas. En la Iglesia no estamos para solucionarlo nosotros solos pero, lo que podamos hacer, lo haremos.

Ha sido muy confortador porque, el Papa Francisco, lo hemos conocido hace poco tiempo, ha concedido, a la Conferencia Episcopal Española, nos ha dado cien mil euros de donativo para ayudar en Cáritas Nacional.

En definitiva, formamos una familia y, al igual que las familias sufren la Iglesia sufre igual . Como somos tantos y no nos conocemos, parece que somos una sociedad anónima, pero no. No somos anónimos, tenemos rostros, apellidos, nos encontramos en la eucaristía, echamos de menos a quienes nos han dejado, y lo sentimos con dolor. Yo he rezado y lo sigo haciendo, trabajo por la Diócesis con las fuerzas que Dios me quiera dar y estamos todos al servicio de los demás, de la vida de la Iglesia.

— Cuando la vida recupere su forma, empezaremos a echar de menos a la gente que habitualmente ha estado en nuestro entorno y se ha ido. Será un momento importante, nos daremos cuenta de la gente que falta.
— No le quepa la menor duda. Cuando veamos el hueco, el vacío…“aquí se sentaba fulano…”, no cabe duda de que se abrirán esas heridas, aunque estén iluminadas por la Resurrección porque siempre digo a la gente que si esta vida fuera la única, seríamos unos desgraciados, pero no es la única que hay.

Convocaré a la Misa Crismal, una misa muy bonita que se reza el jueves santo y, este año no se ha podido celebrar. En esta misa, los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales. Para celebrarlo, convocaré a toda la Diócesis y la celebraré con toda la solemnidad en la Catedral, como una ocasión para dar gracias a Dios por lo mucho que nos ha dado.