Tras dos años de movilidad limitada y con una inflación disparada, hace meses que se sumó un nuevo problema a las preocupaciones de la ciudadanía, sobre todo, en una etapa como la actual, en la que el país vive la llamada operación salida del verano. Comparado con el mismo periodo de 2021, de media, el coste de un repostaje de 60 litros de gasóleo A y de gasolina sin plomo 95 supera los 100 euros -descuento de 20 céntimos por litro incluido-, frente a los 79,14 y 87,54 euros, respectivamente, de 2021. Por tanto, llenar un depósito es ahora cerca de un 30% más caro. Todo ello pese a que, tras alcanzar su máximo histórico en junio, el precio del combustible se está reduciendo de forma tímida, aunque continuada, en las estaciones de servicio de Segovia desde comienzos de julio, y ya se sitúa por debajo de los dos euros.

La incertidumbre sigue apoderándose del sector, pero este confía en que la estabilidad se impondrá pronto y esta disminución en el coste se prolongará en el tiempo hasta dejar atrás unos precios “desorbitados que nadie puede mantener económicamente”, según el presidente de la Asociación Segoviana de Estaciones de Servicio (ASES), Luis González.

El crudo cotiza a la baja

En este nuevo cambio intervienen diversas variables, siendo una de las principales la bajada de la cotización internacional del barril de crudo, aunque también el valor del euro respecto al dólar, la guerra en Ucrania o la especulación. “Ni sé por qué subió tantísimo, ni sé por qué ahora está bajando”, asegura el propietario de dos estaciones de servicio de Cantalejo, Octavio Sanz. Y es que esta es la respuesta que impera en un sector desconcertado ante las continuas variaciones del precio del combustible, algo que para los clientes y las propias estaciones de servicio supone “un verdadero desastre”.

Así, de un día para otro llegan a producirse cambios de hasta seis céntimos por litro, lo que “desconcierta” a los empresarios en cuanto a sus previsiones de compras semanales o mensuales; “Estamos perdidos, es un desconcierto total, no somos capaces de tener control sobre las compras de cisternas”, critica Sanz. En enero, una cisterna rondaba los 41.000 euros. Su precio fue subiendo en los meses siguientes, excepto en abril, cuando se estabilizó con el descuento aprobado por el Gobierno, hasta llegar a los 65.000 euros en junio, para empezar a decrecer en julio, cuando el coste fue de 58.000 euros, una reducción que se refleja en el precio de venta al público.

La demanda no varía

Hasta hace unas semanas, la gasolina y el diésel superaban los dos euros por litro en muchas gasolineras de Segovia. De ahí que la ciudadanía celebre esta bajada, sobre todo a las puertas del mes de vacaciones por excelencia. “Es una buena noticia para los clientes y para el sector, porque nuestro beneficio está en las ventas por litro, no en la facturación”, explica Sanz. Si el precio del combustible se reduce, sus costes y su necesidad de financiación hacen lo propio. Es por ello por lo que, en la actualidad, las estaciones de servicio han de contar con una “caja tremenda” para poder adquirir el carburante.

No obstante, pese a las constantes alteraciones en el precio del combustible, desde las gasolineras segovianas manifiestan no haber detectado variaciones significativas en el consumo, ni cuando su coste experimentó un gran crecimiento, ni ahora que se está reduciendo. “Más o menos se está vendiendo lo mismo que el año pasado”, declara Sanz.

Una medida gravosa

Para tratar de poner freno a esta situación, el Gobierno prorrogó los 20 céntimos de descuento por litro de combustible hasta fin de año, una decisión que el sector considera positiva porque reduce el precio, pero que no aprueba, al involucrarlos como intermediarios. “No deberían habernos designado ejecutores de esta medida”, relata Sanz, ya que denuncia que esto supone un “desastre” y un gran desembolso económico que “está llevando al traste” su contabilidad.

“Hay un problema y es que tenemos muy poca liquidez hasta recibir el anticipo por parte de la Agencia Tributaria”, expone González. Las estaciones de servicio tienen que adelantar el dinero de las bonificaciones, por lo que han de hacer frente a un sobrecoste medio de 1.000 euros al día –unos 30.000 mensuales-, según estimaciones de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees). Además, durante los primeros días, muchas gasolineras sufrieron la caída de unos sistemas de cobro que no estaban adaptados para expedir las nuevas facturas, lo que ocasionó “muchos gastos administrativos”, tal y como enuncia el presidente de la ASES.

Aunque, con este descuento, algunas de las más de 70 gasolineras que hay en la provincia de Segovia se plantearon recurrir a préstamos bancarios para evitar echar el cierre al no contar con suficiente liquidez, el sector se muestra optimista con la evolución de sus negocios, puesto que sus ventas se asemejan a las de años anteriores.