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Lucía Cristóbal aparece en una de las composiciones digitales del Proyecto Connecting. / EL ADELANTADO

La sala de las armaduras del Museo Lázaro Galdiano de Madrid narra la guerra, parte innata del ser humano. Pasa el tiempo, cambia el formato. Imaginen corazas medievales con imágenes de videojuegos como Call of Duty. O escenas de Ucrania. “Esa armadura vuelve a tener significados en el campo de batalla. La guerra sigue siendo la misma, pero el cuerpo a cuerpo ahora se ve a través de los medios. Es un juego entre lo digital y lo real: ¿dónde están los límites de la ficción?”. Habla la segoviana Lucía Cristóbal, autora junto a Ramón López de Benito del Proyecto Connecting, verá la luz el miércoles 18.

Lucía, arquitecta e hija del pintor Ángel Cristóbal, fundó junto a Ramón, profesor de universidad con el que coincidió cuando era estudiante, Tondo Smilling, un nombre que aúna el formato redondo y la sonrisa, como esas fotos de perfil de Whatsapp. Ella desde Alemania y él desde España, trabajan con material digital que llevan a soportes como pintura o fotografía. “Cogemos referencias de maestros clásicos y lo que hacemos es traducir esa información a conductas humanas que se siguen produciendo. Analizamos esas obras y su época y las contemporizamos”.

‘El Salvador’, de Biltraffio, discípulo de Miguel Ángel, es un buen ejemplo. “No se sabe si es hombre o mujer; si es adulto o niño. Ese momento de transición es a partir del cual nosotros empezamos a trabajar”. Es una obra interactiva que añade el sonido de la calle y de las propias salas. ‘Orbity’ plantea un fresco del siglo XIX con nubes en movimiento y ‘likes’ orbitando de forma circular. “El like se ha convertido en algo celestial e influye en las conductas humanas”.

También tienen obras propias. La experiencia en la sala de las mujeres consiste en bañar unas vitrinas de bustos de mujeres con luz morada y otras luces de neón con la palabra “We” –nosotras– con el significado de ese color en el empoderamiento de la mujer a partir de las sufragistas de principios del siglo XX. Lejos de huir del presente, se alía con él. “Es el periodo de expresión de nuestra época; lo que tenemos delante son pantallas”.

Otro neón recupera una frase en inglés como “art is an issue of the past” –el arte es una cosa del pasado–, que plantea la pregunta de hasta qué punto necesita una sociedad digerir las expresiones artísticas de su época para considerarlas arte. ¿Hacen falta siglos para que algo de nuestro día a día adquiera valor? “Lo que intentamos con el trabajo es plantear espacios para empezar a pensar. Lo interesante de una obra es que ponga al espectador a trabajar, pero no existe una respuesta en sí misma, sino que es una máquina para reflexionar”.