Lechazo y cochinillo recobran el aliento con la nueva normalidad

La apertura del canal Horeca y el previsible aumento del consumo animal las ventas

El negocio del cordero, en especial el lechal, el cochinillo y el torrezno han sufrido sobremanera el cierre de la restauración por el coronavirus pero la desescalada ha desembocado en la “nueva normalidad” y sus ventas recobran el aliento conforme la vida vuelve a las calles.

Efeagro ha contactado con agentes de esos sectores que transmitieron a mediados de marzo cómo sus negocios se debatían entre el parón absoluto o intentar buscar nuevos canales de venta más allá del Horeca, que había quedado cerrado a cal y canto por la pandemia.

Ahora, el mensaje que transmiten es bastante diferente hasta el punto que en casos como el cordero, que llegaron a recibir ayudas especiales del Gobierno, los precios se han recuperado y son similares a los de 2019 por estas fechas.

Así lo explica uno de los socios de la empresa Moralejo Selección y miembro de la IGP “Lechazo de Castilla y León”, Enrique Oliveira, quien indica que el momento “crítico” se vivió antes de Semana Santa porque luego hubo “una sensibilización” de los hogares españoles hacia el producto y comenzaron a comprar más en los supermercados.

A eso, se le une ahora la progresiva reapertura de los restaurantes y un descenso de la producción de corderos -propio de esta época-, lo que ha permitido que los precios se asemejen a los del año anterior.

Oliveira cree que hay una “pseudonormalidad” en este inicio de verano en el que, por cierto, apunta a que habrá “bastante turismo de interior”, lo que potenciará el consumo de lechal.

El cordero recental, por su parte, está viviendo “un buen” momento: “vale bastante” debido a la demanda de carne de otros países y a la exportación en vivo a nuevos destinos como Jordania y Arabia Saudí, apunta.

Entre las bondades que ha traído también la reapertura del Horeca ha sido la posibilidad de comenzar a descongelar todo el producto que se había congelado a la espera de que las puertas de los negocios volviesen a abrir.

En el caso del cochinillo, muy vinculado a los restaurantes, el gerente de la marca de garantía Cochinillo de Segovia, José Ramón Marinero, calcula que la mitad de los establecimientos que vende este alimento está abierto, si bien, espera que se roce el 100 % para primeros de julio.

Según subraya, muchos locales no han abierto hasta que se ha levantado el estado de alarma porque facilita la llegada de turismo madrileño, que es uno de los grandes demandantes.

“Incertidumbre” es la palabra “clave” para Marinero de cara a ver cómo se comportan los clientes, es decir, si siguen animados a acudir a los establecimientos después de lo vivido: “Mucha gente tiene cierto temor y hay que esperar a ver qué va pasando”.

Para salvar el cierre de la hostelería, los productores de cochinillo optaron por vender para congelación o para cebo: son las opciones “que más han funcionado” pero espera que todo vuelva a la “normalidad” en los próximos meses.

También un balón de oxígeno fue la compra de 1.500 unidades por parte de la compañía Zoetis para donarlo a comedores sociales madrileños, gesto que agradece porque con ello hicieron una “doble labor social: dar alimento a personas necesitadas y aliviar” a los ganaderos.

El torrezno es otro alimento con una experiencia similar vivida en los últimos meses y una empresa referente en ese producto dentro de Soria es Embutidos Moreno-Saéz.

Desde la compañía señalan a Efeagro que han finalizado el ERTE aplicado a algunos de sus empleados y están a un “85-90 % de funcionamiento”.

El mercado “ya se mueve” y están vendiendo “bien, sin problema” a los clientes que lo demandan.

En Moreno-Saéz, la mitad de sus ventas va al Horeca pero el estado de alarma le cerró de repente esta posibilidad y sin conseguir recolocar todo el producto en el retail u otros canales.

A pesar de que notaron un ligero repunte de ventas en los súper, las mismas fuentes confirman que no sirvieron para cubrir los excedentes ya que “no es un producto de gran consumo”.

Con la llegada de la primera fase de desescalada, esa situación apenas cambió y hubo que esperar a la segunda para notar el incremento del comercio, lo cual supuso un “alivio”, señalan desde la empresa.

Comienza por tanto a latir de nuevo esta cadena alimentaria a la espera de ir confirmando si la nueva normalidad devuelve a este sector al punto de partida previo a la pandemia o si, por el contrario, es necesario hacer reajustes para adaptarse a nuevas realidades y formas de consumir.