4_1nerea-premios-tierra-seg
Publicidad

En la festividad de San Juan, cuando la flor de saúco alcanza todo su esplendor, en Segovia se repartió ayer laurel, entendido como premio. Lo hizo, como ya es tradición en estas fechas, el Centro Segoviano de Madrid, empeñado en reverdecer con este acto el antaño famoso y multitudinario ‘Día de Segovia’. El teatro Juan Bravo fue el escenario de la entrega de los premios ‘Tierra de Segovia: sus hijos y sus obras’, cuya finalidad última es, de acuerdo a las explicaciones ofrecidas por el presidente del Centro Segoviano de Madrid, Antonio Horcajo, “reconocer a la sociedad segoviana a través de sus instituciones y personas destacadas”.

“Aquí está Segovia entera”, arrancó Horcajo, para a continuación explicar su teoría sobre la existencia de dos Segovias: la formada por los residentes y “la Segovia ausente”, integrada ésta última por aquellos que hoy viven fuera de sus límites geográficos.

Puso énfasis Horcajo al hablar de “la Segovia ausente”, deseosa de “devolver a su tierra lo que ha recibido de ella”. “Hay dos Segovias separadas por la Sierra [de Guadarrama], pero las dos tienen el mismo corazón”, agregó.
Después de la interpretación de la entradilla —la danza de homenaje propia de Segovia— y una canción de la coral ‘Voces de Castilla’, la secretaria del Centro Segoviano de Madrid, Margarita Puente, leyó el acta de la concesión de los galardones, comenzando a renglón seguido su entrega.

Horcajo tomó entonces de nuevo la palabra para decir que Segovia ha sido cuna de importantísimos personajes históricos, y que el Centro Segoviano de Madrid honra su memoria desde hace casi un cuarto de siglo concediendo premios con su nombre a otros segovianos que hoy actúan como ellos lo hicieron ayer. Y seguidamente fue relatando, sin un discurso previamente escrito, los méritos de cada uno de los premiados, comenzando por quien iba a recibir el premio Teófilo Hernando a la mejor trayectoria de una vida, Pilar González de Frutos, presidenta de la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (UNESPA)y, entre otros cargos, vicepresidenta de la CEOE. Nacida en la pequeña localidad de Navares de Ayuso, Horcajo aseguró que sus éxitos profesionales demuestran que “de nuestros pueblines sigue saliendo gente muy importante”.
El premio Marqués de Lozoya a la mejor tarea cultural, ha sido en esta ocasión para la Diputación de Segovia por impulsar los bibliobuses, una iniciativa que busca que “en ningún rincón de la provincia esté ausente el libro”. Recogió el premio la diputada de Cultura y Juventud, Sara Dueñas.

Juan Martos, recientemente nombrado cronista oficial de Bercimuel, se llevó a su casa la lámina acreditativa del premio Diego de Colmenares a la obra escrita sobre Segovia o los segovianos. Su libro, ‘Bercimuel: un pueblo del Nordeste de Segovia en la ruta del silencio’ ha sido unánimemente aplaudido.

A la hora de justificar el premio Domingo de Soto a la Universidad de Salamanca, Horcajo quiso subrayar la gran vinculación entre Segovia y tal institución, que ahora cumple 800 años, recordando algunos de los segovianos más ilustres que allí estudiaron. Ante la ausencia del rector, recogió el premio José Antonio Linage Conde, único segoviano vivo que en la Universidad de Salamanca tiene el vítor de ‘distinguido’.

Por su tarea asistencial, la Guardia Civil recogió el premio Antonio García Tapia a la mejor asistencia en la provincia. Se aplaudió su “ejemplar trayectoria”, destacando que “aunque la vida avanza, la Guardia Civil no cambia su espíritu de servicio a la sociedad”.

Horcajo pronunció frases elogiosas hacia Julio Rodríguez Fuentetaja —premio Juan Bravo al espíritu de trabajo, de lucha, de coraje— por sus 33 años dirigiendo la Policía Municipal de Segovia. “No se si alguna vez le hemos dado las gracias; si no es así, ha llegado la hora de decir: gracias por tanto en tantos años”.

A José Luis López Saura, el pintor madrileño afincado en Segovia, el Centro Segoviano de Madrid quiso reconocer la huella que está dejando en las calles de la ciudad que le acoge, al igual que hizo Aniceto Marinas, cuyo premio —al a mejor trayectoria profesional artística— recogió en el Juan Bravo.
Por último, el galardón a la mejor tarea empresarial, ‘Tomás Pascual’, que en esta edición recibió un emocionado Onésimo Migueláñez, que de repartir pan en su pueblo, Lastras de Pozo, fue creciendo hasta crear Dulces Migueláñez, hoy referencia en el sector de las golosinas.

El acto se cerró con música. La del ‘Himno a Segovia’, interpretado por Voces de Castilla, y el sonido de la dulzaina y el tamboril.