María Jesús se reencuentra con su madre en la residencia Rovira Tarazona, de Riaza. / El Adelantado
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La espera llegó a su fin y las caras de los seres queridos que durante meses han lucido en las pantallas de móviles y tabletas en el interior de las residencias de ancianos de la provincia se han convertido en realidad para sus mayores. El avance de la desescalada en Segovia ha permitido la apertura de los centros residenciales a las visitas de familiares más de tres meses después de que la dirección de los mismos –en muchos casos–, primero, y las autoridades sanitarias, después, impidiesen el acceso de cualquier persona ajena a los espacios como medida de protección frente al avance del coronavirus.

Desde la semana pasada en las residencias más adelantadas y desde este mismo lunes en la mayoría de centros de la provincia, centenares de ancianos han podido ver y disfrutar ya de la compañía de sus seres queridos. Todo ello, eso sí, con no pocas restricciones, pues la amenaza del coronavirus aún permanece activa en todo el país y el estado de alarma sigue imperando en la pausada desescalada hacia la ‘nueva realidad’.

Por ejemplo, en la residencia Rovira Tarazona, de Riaza, donde María Jesús inauguró este lunes la vuelta de las visitas con el reencuentro con su madre, los familiares que desean acudir a ver a sus mayores deben antes rubricar una declaración de responsabilidad en la que se asegure estar exento de sintomatología y haber sido informado de las medidas de prevención. Medidas que pasan por una toma de temperatura –“en caso de ser superior a 37 grados se cancela la visita”, explica el director del centro, José Encinas–, el uso obligatorio de mascarilla y guantes, la desinfección del calzado a la entrada de las instalaciones y el mantenimiento siempre de la distancia de seguridad con el familiar residente.

“En nuestro caso, hemos colocado dos mesas dobles, con lo que la separación es siempre de casi tres metros”, cuenta Encinas, en cuyo centro se ha habilitado la sala de usos múltiples para los encuentros. En total se pueden realizar una decena al día en turnos dobles –tres por la mañana y dos por la tarde–, con lo que se busca poder facilitar “más o menos” una visita semanal –Rovira Tarazona cuenta con 90 residentes– durante esta fase de la desescalada.

Solo se permite, además, la presencia de un familiar y el tiempo de la visita ronda los 30 minutos. Pese a que el contacto físico está totalmente restringido, el tiempo, el cariño y la incertidumbre que ha acompañado a la sociedad –especialmente el las residencias–durante estos meses la distancia de seguridad no impide la emoción de unos y otros. “Aunque no pueden abrazarse están encantados, porque los encuentros al final son muy emotivos”, relata el responsable del centro.

Una alegría y un soplo de moral, también para los trabajadores que presencian –y vigilan– las visitas, que también se ha dejado notar entre otras en la residencia Virgen del Bustar, de Carbonero el Mayor. Allí ya desde el pasado 9 de junio se permitió el acceso de familiares con las mismas normas de seguridad.

“Ya desde que se permitió la movilidad por la provincia y antes en el municipio procurábamos que a través de una puerta exterior y con vayas y distancia de por medio pudiesen ver a sus familiares. Ahora ha llamado mucha gente, pero a otra tanta le echan para atrás las medidas de control y, sobre todo, no poder abrazarse; así que están esperando a que avance más la desescalada. Tenemos también muchos residentes de Madrid y todavía no han podido venir hasta aquí”, explica Marisa Manso, directora del centro residencial.

Aunque explican que la situación y las restricciones en el interior de los centros de mayores se va actualizando semanalmente, sus responsables sí esperan avances al respecto del régimen de visitas una vez desaparezca el estado de alarma.