Un hombre pasea junto al Pontón Alto, congelado tras el paso de ‘Filomena’. / KAMARERO

Fresno de Cantespino registró el 12 de enero de 2009 la temperatura más baja de la historia de la provincia (-20,8), la única en superar la barrera de los 20 bajo cero, según los registros de la Agencia Estatal de Meteorología. Es una de las zonas más altas de la provincia fuera del sistema central (993 metros) que nota el frío en las olas procedentes del norte. Fue una gota, una bajada de aire frío parecida a la actual. Atacó a Segovia desde el sur tras atascar Madrid y Barajas con una gran nevada. Fue la noche más gélida.

‘Filomena’ ha dejado en Segovia mínimas de 16,1 en Cuéllar (el duodécimo registro más bajo de la historia en la provincia), Miguelañez (-12,8) y San Rafael (-12,6). Aunque algunos termómetros exteriores han registrado temperaturas más bajas (-17 en Ayllón), el delegado de Aemet en Castilla y León, Juan Pablo Álvarez, pone en duda esos dígitos. “Los termómetros tienen que estar alejados de edificios que transmitan calor, bien aireados y a la sombra. Pero hay que reconocer que Ayllón está bastante cerca de la zona de Soria y Burgo de Osma (-17,8). Quizás no sea exacta, pero tiene un margen de error de unos dos grados”.

Las temperaturas extremas dependen de muchos factores. Si es una entrada de aire frío o polar del norte, la altitud es crucial. Ante una situación anticiclónica como la de estos días, las masas de aire frío van hacia las zonas más bajas. La estación cuellarana de la carretera que une el municipio con Cantalejo recibe ese aire frío que desciende de los niveles altos. Allí remansa, sin moverse. Y por eso es una de las zonas más frías. “Los de Cuéllar fueron muy listos poniendo el pueblo arriba”. La mínima de Cuéllar (-18) se registró el 16 de diciembre de 2001.

Las grandes olas

La Aemet considera ola de frío un episodio de al menos tres días consecutivos, en que como mínimo el 10% de las estaciones registran mínimas por debajo del percentil del 5% de su serie de temperaturas mínimas diarias de los meses de enero y febrero del periodo 1971-2000. Los tres factores que determinan la intensidad de una ola son: las temperaturas registradas, la duración y el territorio afectado. El nivel de alerta respecto a cómo las bajas temperaturas pueden afectar a la vida de los ciudadanos se barema de la siguiente forma: entre -6 y -9,9 grados, el semáforo es amarillo; entre -10 y -13,9, es alerta naranja; a partir de -14, alerta roja.

Destaca el invierno 1980-1981, que totaliza 31 días con ola de frío repartidos en cuatro episodios, y el invierno 1975-1976, con 22 días en cuatro episodios. La ola de frío más larga, con 17 días de duración, se registró en el invierno 2001-2002, concretamente entre los días 13 y 29 de diciembre; las siguientes en duración, con 14 días, se produjeron durante los inviernos 1980-1981 y 1984-1985. Hay varios inviernos, con el del año pasado (2019-20) en el que no se registran olas.

Al margen quedan otras para la historia. La primera gran ola llegó del 28 de diciembre de 1944 al 20 de enero de 1945. Fue memorable por el polvo que se había levantado debido a las explosiones de la Segunda Guerra Mundial. En 1956 se unieron dos olas polares entre el 2 de febrero y el 22 de febrero. “Fue tremenda. Dos entradas de aire polar continental muy seguidas”, subraya Álvarez. Fue la más larga hasta que llegó la del 16 de diciembre de 1970 al 7 de enero de 1971, que dejó huella la estación de Zamarramala: 16 bajo cero. Afectó más al sur y es el último precedente de colapso de Madrid por nieve.

Álvarez no cataloga como ola lo ocurrido en los últimos días. “Por ahora lo llamaría episodio frío. Lo más excepcional es que lo provoca un frente cálido al entrar por el sur al encontrarse con una masa muy fría de días que estaba en la meseta de días anteriores”. ‘Filomena’ se cargó mucho de humedad al llegar por un Atlántico cálido y húmedo. Por eso descargó una nevada de tales proporciones.

El delegado regional marca la incidencia del cambio climático en la subida de la temperatura media anual, el número creciente de noches tropicales (por encima de 20 grados), algo que en Segovia se nota cada vez más por los vientos del sur, y en los días con máximas por encima de los 30 grados. Ello invita a que estas olas sean cada vez más excepcionales “Estas mínimas temperaturas van a seguir produciéndose, pero cada vez son menos frecuentes. Como decían los antiguos, esto no es nada de frío comparado con lo de antes”.