Un grupo de hombres preparan al cerdo antes de comenzar su despiece en una matanza popular de Casla. / EL ADELANTADO
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Las matanzas domiciliarias de cerdos frenaron su caída en la campaña 2018/19 y aumentaron un 15% con respecto a la temporada anterior, pasando de 605 animales sacrificados a 697, si bien los datos continúan muy lejos de los registrados, por ejemplo, diez años antes, cuando se realizaron un total de 2.306 matanzas.

Los datos, facilitados por el Servicio Territorial de Sanidad, muestran no obstante que la pasada campaña registró el segundo menor número de sacrificios del siglo XXI, toda vez que la tendencia de esta tradición española es claramente descendente.

Desde la campaña desarrollada entre el último viernes de octubre del año 2000 y el primer domingo de abril de 2001, cuando se sacrificaron 5.197 cerdos, las matanzas domiciliarias se han reducido más de un 85%. En la campaña 2012/2013, por ejemplo, se sacrificaron 1.595 animales, lo que significó un cambio en la tendencia pues representaba un ligero aumento respecto al año anterior, en el que se sacrificaron 1.360 animales.

A partir de ese año, la disminución del número de matanzas domiciliarias se ha hecho más evidente, llamando la atención el repunte de 2016/2017 (cuando se pasó de 909 a 1.107) y el posterior descenso en 2017/2018.

Los datos, no obstante, omiten los sacrificios que se llevan a cabo en los mataderos, donde las familias recogen al animal criado para la ocasión ya faenado, evitándose el trabajo que ello conlleva.

En los últimos meses de 2019, sin embargo, se aprecia un aumento significativo de los sacrificios de cerdos, ascendiendo hasta los 539 cuando en el mismo periodo del año anterior apenas se habían registrado 249 matanzas, una cifra a su vez ligeramente superior a la de 2017 (206 sacrificios). Esto hace pensar en un nuevo repunte a final de campaña, toda vez que tradicionalmente el mes de enero es en el que se realizan más sacrificios.

Desde el Servicio Territorial de Sanidad apuntan como posible explicación a la fuerte subida experimentada por el precio del cerdo, consecuencia directa de la crisis provocada por el brote de peste africana declarado en China en el año 2018, que ha hecho aumentar de forma exponencial las exportaciones al país asiático.

Reuniones de amigos

El presidente del Colegio de Veterinarios de Segovia, en cambio, apunta en otra dirección. Para José Miguel Gil el aumento de cerdos sacrificados en los primeros meses de la campaña 2019/2020 se debe principalmente a la corriente de recuperación del medio rural y las tradiciones populares.

“Los grupos de amigos vuelven a juntarse para pasar unos días de fiesta y poco a poco se está recuperando la vida social en los pueblos. Yo atribuyo a esto el aumento de las matanzas, al aumento de las reuniones para reivindicar el medio rural, las revueltas de la España Vaciada son un ejemplo”, asegura Gil, que no cree que el aumento del precio del cerdo sea tan determinante. “Los técnicos sí nos damos más cuenta, estamos más pendientes de la fluctuación de precios en los mercados, pero las familias valoran más el pasar un rato agradable que el que esté más o menos caro el cerdo”, afirma.

No obstante, deja claro que la tradición ha evolucionado. “Los cerdos ya no se matan en casa porque la alimentación ha cambiado y ya no se puede aprovechar todo, las grasas o tocinos ya no se consumen”, matiza José Miguel Gil.

Otra de las causas del cambio de costumbres es el espacio de almacenamiento necesario para conservar las piezas. Las grandes despensas y arcones han dejado paso a estancias más pequeñas, lo que exige un consumo más rápido.