‘Amanecer’ es una asociación segoviana para personas con enfermedad mental, familiares y amigos, que este año cumplió su 30 aniversario. / KAMARERO
‘Amanecer’ es una asociación segoviana para personas con enfermedad mental, familiares y amigos, que este año cumplió su 30 aniversario. / KAMARERO

Todavía sigue preguntándose a qué se debió. No tenía problemas personales. Ni nada que le hiciera imaginarse que su vida iba a experimentar ese cambio tan radical. “Las enfermedades mentales son como un cáncer muy agresivo y la familia ya no sabe qué hacer contigo”, asegura Nuria –nombre ficticio. En 2020 y con 62 años, la depresión se cruzó en su camino sin avisar y le obligó a permanecer un año ingresada. Tiempo después, y ya casi recuperada, la única explicación posible que encuentra a lo que le ocurrió es que, un año antes, le habían despedido de la fábrica en la que trabajaba.

“Es una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida, prefería haberme muerto que estar como estaba”, lamenta. A pesar de que sigue en tratamiento -toma 21 pastillas al día-, hace tiempo que se convirtió en un ejemplo de que es posible combatir los problemas de salud mental. “Lo he superado”, dice orgullosa. Su marido y sus hijos pueden irse “tranquilos” a trabajar porque ya no necesita que estén pendientes de ella las 24 horas del día. Si ha conseguido empezar a “ver la luz al final del túnel” ha sido, en parte, gracias a la ayuda de sus familiares. Y es que son estos los que se transforman en el principal sostén de quienes padecen esas enfermedades. “Sola no se puede salir de esto”, cuenta Nuria.

La segoviana participó en la última edición del taller organizado por la Federación Salud Mental Castilla y León e impartido por la Asociación ‘Amanecer’ de Segovia, ‘Julia. Mujeres rurales y salud mental: redes que sanan en espacios rurales’, que tuvo lugar en Cuéllar y que concluyó a finales del pasado mes de abril. Cuando supo de su existencia, no dudó en sumarse a una iniciativa que estaba segura de que le ayudaría a “integrarse” y a conocer a otras personas que están en su misma situación, algo que “agradece”, pues considera que aún hoy se les sigue estigmatizando. “Al principio me daba vergüenza decir que estaba mal”, relata.

En ese taller conoció a María –nombre ficticio. La separación de su entonces marido y el quedarse sola con sus hijos le hicieron “caer en picado”. A sus 59 años, hace 20 que precisa de tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una depresión “tremenda” le hizo tocar fondo y le llevó, en varias ocasiones, a plantearse si debía o no continuar con su vida. A esto se suma que, en plena pandemia, “por fin” encontraron respuesta a sus problemas neurológicos y pérdida de memoria: le detectaron atrofia cerebral. Todo esto le hace tomar “mucha medicación diaria”. Es por ello por lo que, desde hace dos años, está inmersa en una baja laboral que le impide desarrollar su trabajo como auxiliar de geriatría, una situación que le genera cierta incertidumbre sobre su futuro laboral.

Primer paso: la aceptación

“Sé que tengo una enfermedad mental y sé hasta dónde puedo llegar”, sostiene María. Al igual que a Nuria, en su caso no le resultó difícil comunicarle su situación a su familia y pedir ayuda a profesionales. De hecho, su estado de ánimo, su escasa energía y la pérdida del interés por lo que siempre habían disfrutado y de las expectativas de futuro, dieron las primeras señales de alarma.

Identificar un problema de salud mental no siempre es sencillo y una parte clave del proceso es la autoconcienciación de la propia enfermedad y, con ello, la aceptación. Es aquí donde juega un papel principal el apoyo de la familia y los seres queridos.

La pandemia ha puesto en alerta a los psicólogos y psiquiatras de la provincia de Segovia, que advierten de que ahora existen más probabilidades de padecer algún trastorno mental. El suicidio de la actriz Verónica Forqué conmocionó a la opinión pública y se sumó a un contador que en 2008 ya superó a los accidentes de tráfico, a los que ahora doblan. “Se ha visto que muchos personajes públicos también pueden caer en depresión, como el resto de la gente”, alerta María.

Con la crisis sanitaria se ha puesto el foco en unas cuestiones que siguen siendo tabú para muchos. De ahí que quienes sufren enfermedades de salud mental insistan en la necesidad de darle naturalidad a unos problemas que afectan a buena parte de la población. Por ello, María pide que no se les tilde de “locos” e incide en la importancia de controlar el lenguaje que se utiliza para referirse a este colectivo.

“Que pidan ayuda a profesionales antes de que el problema se agrave”. María y Nuria coinciden al señalar la que consideran que es la única puerta de salida para quienes tienen problemas de salud mental y sueñan con que la ‘normalidad’ regrese pronto a sus vidas.