Partitura del 'Canto de vuelta de las bodegas'.
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Fuentelcésped es un núcleo rural situado en el límite de la provincia de Burgos con la de Segovia, a la que perteneció anteriormente tanto en administración civil como en la eclesiástica, y con la que tiene muchos aspectos en común. Especialmente me interesan los referentes a las tradiciones populares.

En 1227 aparece como parte del territorio propiedad del convento de Premostratenses de La Vid. En 1347 el abad arrienda las tierras a veinte vecinos lugareños. En 1556 se produce el desmembramiento de los bienes de La Vid y a partir de este momento los vecinos de Fuentelcésped pueden nombrar alcaldes, regidores y escribano. En 1560 compran a Felipe II el título de villa, con el préstamo de un banquero arandino -Antonio de Luna- pagando esta deuda con cesión a Aranda de los privilegios comprados al rey. En 1606 Felipe III priva a la villa de su independencia, vendiéndosela al Conde de Miranda, pero el pueblo no se conforma y, perseverando, en 1775 recupera los derechos anteriores. Otros hitos que consigue el Concejo son la concesión de las alcabalas en 1624, y en 1764 el privilegio de fiel medidor, corredor, mojonero y almitacín, por lo que percibía una cantidad por cada cántara de vino recolectada. El Concejo no concede vecindad a personas que gozaran de algún privilegio. Es abierto con gran asiduidad de los vecinos, aunque su participación les obligue a abandonar su trabajo.

Todo este espíritu emprendedor de carácter colectivo, con grandes inversiones y riesgos compartidos, gira alrededor de la fuente económica que lo sustenta: el vino. Desde finales del XVII es fundamental, con sus pros -v.gr: favorece la explosión demográfica- y sus contras -v.gr: dependencia exterior de los cereales-. Por eso hay reconversión en los cultivos, y el Concejo toma medidas sociales para regular mejor las situaciones y atender mejor las necesidades de los vecinos, llegando a confiscar -en 1660- las rentas del Cabildo de la Catedral de Segovia para evitar calamidades al vecindario y satisfacer el hambre ciudadana.

El pueblo está enclavado en la falda de una loma, con una separación clara entre el casco urbano y el barrio bodeguero, sin discontinuidad. El caserío es de construcción típica castellana, adobe y entramado, con un pequeño sótano -la `Bodeguilla´- para almacenar el vino de consumo familiar. En el barrio bodeguero se distinguen `Lagares´ y `Bodegas´.

Los lagares -que en otra ocasión describiré, detallando su estructura- pertenecen a varios dueños, y sirven para producir el mosto, pisando y prensando las uvas. Durante la vendimia en cada lagar hay un `Romanador´, que pesa la uva metida por cada propietario y, convertida en mosto, lo reparte proporcionalmente y es llevada por los `Tiradores´ en `Pellejas´ hasta la bodega.

Las bodegas son galerías subterráneas excavadas hasta 10-12 metros de profundidad, con una puerta entramada y recia cerradura. Inmediatamente se accede a una estancia, llamada `Contador´ por ser allí donde se contaban las subidas y bajadas de pellejas. Desde aquí se baja hasta la profundidad señalada, apareciendo un ensanchamiento o galería principal de la que parten otras secundarias. En cada galería hay `Suelos´, que son lugares para situar las cubas más grandes. Al lado opuesto de los Suelos se abren pequeños habitáculos llamados `Bocinos´, con puerta entramada y cerradura, pertenecientes a los distintos dueños, donde hay varios `Cubillos´, alguna cuba y alguna mesa y banco, para `la reflexión y la tertulia´. Y en lugares estratégicos de las galerías encontramos las `Zarceras´, que son chimeneas hasta la superficie exterior con la función de establecer una corriente de ventilación con la puerta principal y evitar así el `Tufo´ -CO2 que se desprende cuando se realiza la fermentación alcohólica en la producción del vino-.

La mayoría de las manifestaciones de recreo y diversión giran alrededor del vino y la bodega. Destaca la casi diaria `Bajada al bocino´, que consiste en acercarse al bocino propio para llenar la bota o el jarro, y llevarlo a casa para las comidas familiares. En el recorrido de casa a la bodega se encuentra con otros vecinos que vuelven de la misma función y que le invitan a echar un trago. Cuando llega al Contador se encuentra con otro/s que acaba/n de subir y que le ofrece/n otro/s trago/s, y están un rato conversando e intercalando algún brindis: `Ayer bebí un buen vino,/ con corazón y alegría./Hoy bebo distinto vino,/ en la mejor compañía´; `De la uva sale el vino,/ del vino la borrachera,/ y de la bota la jota/ y la fiesta verdadera´; `Dicen que del Cielo vino/ la semilla de la cepa./ Siendo el vino tan divino / bebamos cuanto nos quepa´… Luego baja a su bocino y en el regreso a casa se repiten las escenas… y los tragos.

Para todos los procesos había cuadrillas -vendimiadores, podadores, segadores, tiradores…- formadas entre los vecinos o contratadas en otros lugares. Muchas de las actividades festivas se desarrollan en Cuadrillas, que se organizan desde temprana y parecida edad para realizar sus actividades y competencias.

Al tomar la Primera Comunión se reúnen para merendar en una Bodeguilla o en un Lagar. Al cumplir los 14 años piden a su padre, por primera vez, las llaves de la bodega para bajar a merendar con la Cuadrilla. Desde este momento se les considera adultos y todos los días, al Toque de Oración, se reúne la Cuadrilla para merendar en el lagar, el contador o al aire libre. Y cantan, cantan mucho. Este rito cotidiano también se seguía en las `Fiestas Remendonas´ (San Blas, Santa Agueda, San Roque, San Martín… y otras).

Distinto era en las `Fiestas Mayores´ (domingos, Reyes, Corpus, San Pedro, …) y especialmente las patronales (San Isidro, San Antonio y San Miguel). Después de la misa se jugaba a la pelota por parejas de distintas cuadrillas, apostando la comida de mediodía, que se celebraba en el lagar o la bodega del bando perdedor, con asistencia de todos los miembros de ambas cuadrillas. Uno de los mozos `pone las llaves´, acarrea el vino y aparta las viandas (carne para asar, guiso de caza menor, palometa o congrio -comprado en Aranda a algún `descuidado´ camionero-…).

Hay dos cuadrillas especiales: la `Cuadrilla de Monaguillos´ y la `Cuadrilla de Quintos´. La Cuadrilla de Monaguillos en Pascua de Resurrección hace cánticos petitorios por las casas, y con los donativos recogidos meriendan en un lagar.

La `Cuadrilla de Quintos´, -mozos en edad de ir a la Mili- gozaba de `Mando en plaza´: organizaba el baile de los días festivos (contrataba a los dulzaineros -Los Perules- y orquestas); daban permiso a las cuadrillas de los más jóvenes para salir de ronda; plantaban el mayo… Cuando terminaban el servicio militar cada uno volvía a su cuadrilla. Más tarde, tras la boda -si se casaban-, algunos se ubicaban en otras cuadrillas más `familiares´.

En general las cuadrillas se juntaban siempre en el mismo lugar, en el que disponían de todos los utensilios precisos para sus artes culinarias, leña para calentarse y sarmientos para asar.

También tenían un componente sexista, casi misógino, expreso en varios aspectos: las mujeres para bajar a las bodegas `debían´ hacerlo acompañadas de sus familiares masculinos; en el baile organizado por los Quintos, cada moza invitada por un quinto debía pagar una propinilla; en el baile no se podía `pedir el favor´ -o cesión de la compañera-, pues los quintos no estaban obligados a ello… Claro que las chicas se rebelaban y formaban sus propias cuadrillas, reuniéndose en las casas -en las Bodeguillas- para el mismo tipo de diversión. La versión religiosa de las cuadrillas eran las Cofradías -llegaron a ser hasta 16- masculinas y femeninas, que en los días señalados remataban sus reuniones con merienda en la bodega.

Los naturales de Fuentelcésped -apodados `Gallegos´- tienen mucho orgullo de sus conquistas administrativas y de sus tradiciones, siendo estas últimas muy parecidas a las de Segovia, en especial los toques y bailes de dulzaina (jotas, paloteos, valses…), los cantos petitorios (`de monaguillos´, `de Jueves Santo´, `de Mayo´, de San Miguel, aguinaldo) y los cantos de ronda.

Adjunto dos ejemplos, dictados por mi padre -gallego de pro- en los años setenta.

(*) Componente de Nuevo Mester de Juglaría.