El Monasterio es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura mudéjar de Enrique IV. / KAMARERO
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Las monjas clarisas de San Antonio el Real dejarán Segovia. Es la segunda comunidad que abandonará la capital después de que se conociera que las Franciscanas de la Tercera Orden Regular, las conocidas juaninas, dejarán el actual Convento de San Juan de Dios de la calle de los Desamparados para trasladarse a Salamanca.

La marcha de las monjas de Santa Clara no se hará con tanta rapidez. Es más, en ámbitos eclesiásticos se indica que la situación se podría revertir en el caso de nuevas incorporaciones, aunque se entiende esta posibilidad harto complicada. En el 2018, la Instrucción Cor Orans, que complementaba la Inter Preclara de noviembre de 1950, aconsejaba la agrupación de comunidades en caso de que el número de quienes profesan fuera menor a cinco personas y atendiendo a la edad de sus componentes. Es lo que se deduce de la regulación contenida en esa Instrucción y en concreto de la relación entre su punto 29 y el 70. En el caso de las clarisas de San Antonio son tres las monjas que en la actualidad ocupan el monasterio, y dos de ellas superan los 70 años, bajo la dirección de la priora hermana María Isabel Martín.

La marcha de las monjas y la supresión del actual monasterio se realizaría ubicándolas con toda probabilidad en el convento de Santa Clara la Real de Toledo. Todo este proceso se realiza en permanente conexión con la Santa Sede y siguiendo lo preceptuado, como se ha dicho, por la Instrucción Cor Orans. El monasterio de Segovia depende de la Federación con sede en el convento Santa María de Jesús, de Ávila, cuya abadesa es la hermana María Teresa, una ‘abadesa con mitra’, como se refirió a ella un miembro del consejo diocesano de Segovia que hace unos días trató esta cuestión. Esta circunstancia adquiere relevancia puesto que será la propia Federación la que decidirá sobre el futuro del Monasterio de San Antonio el Real, estrechamente vinculado con Segovia y con un conjunto patrimonial muy destacable. En estos momentos se barajan distintas posibilidades: el destino como residencia de monjes franciscanos ancianos; la ocupación por otra comunidad religiosa o la cesión, como han hecho las juaninas, a la Diócesis. El artículo 73 de la Instrucción siempre citada es claro al respeto: “Salvo otra disposición de la Santa Sede”, la asignación de los bienes del monasterio va a la persona jurídica superior respectiva, sea Federación o Congregación monástica femenina.