El turno del Cuerpo de Bomberos de Segovia del día 31 de diciembre, en la mesa en la que cenaron. / EL ADELANTADO

El turno 2 del Cuerpo de Bomberos de Segovia no necesitó uvas para disfrutar de las campanadas. La hora H les pilló volviendo de una intervención y, en pleno camión, uno de los bomberos hizo una videollamada con su familia. Él y sus compañeros coreaban las campanadas mientras al otro lado del teléfono comían las uvas. “Vivimos un gran rato de alegría”, explica Gonzalo González, el cabo responsable del equipo.

Fue la guinda a un rescate con final feliz. Una mujer de 38 años resultó herida después de que su vehículo cayera por un barranco en el término municipal de Castroserna de Arriba. La información que recibieron al principio fue errónea. “Nos dijeron que era en la N-110, pasado Prádena, y no la encontrábamos, ni nosotros ni el servicio médico. Hasta que su marido nos dijo que a veces utilizaba esa carretera para ir de Prádena a Cantalejo”. El viaje, de unos 40 minutos, se hizo más lento por las condiciones meteorológicas y la mujer presentaba síntomas de hipotermia, con su coche semivolcado, pero no tenía ninguna herida de gravedad. Una vez rescatada, fue trasladada al Hospital General de Segovia.

La llamada llegó al parque de Segovia a las 22:17 horas. Las uvas ya estaban compradas y habían encargado la cena al restaurante El Valle, en Valsaín. La idea era cenar sobre las nueve, pero se sentaron en la mesa pasadas las 10. De menú, unas hamburguesas caseras y unas raciones. “Estaba súper rico y no quiso cobrarnos porque estábamos trabajando. Fue un detallazo”. Los seis bomberos en ese momento eran comensales. Hasta que sonó la sirena. “Estos son días de jaleo y siempre tienes la incertidumbre de si te vas a tomar las uvas”.

Cinco bomberos salieron al accidente y otro se quedó en telecomunicaciones. El protocolo exige que haya personal de reserva que acuda al parque para cubrir a los compañeros que han salido, así que el bombero que se quedó cenó y se tomó las uvas en el parque con otros cuatro compañeros que acudieron. Cuando el turno regresó, acabó de cenar y tuvo tiempo de tomarse las uvas en horario canario.

Fue un recuerdo feliz. “Veníamos cinco en un camión y la intervención había salido bien. Conectamos con la familia y estaban todos muy dicharacheros y de risa. El momento fue bonito. Nunca me había pasado. Otras veces te pilla en un fuego, pasa el momento de las uvas y no te enteras, pero es que esta vez nos ha pillado justo en el camión”.