El grupo ‘Los Pako’s Aires Segovianos’ ha hecho un gran esfuerzo en el acompañamiento musical debido a la baja temperatura. / Nerea Llorente
Publicidad

La Asociación de Carniceros ‘San Antonio Abad’ de Segovia ha celebrado la fiesta de su patrón, San Antón, sacando en procesión la imagen del santo que se conserva en la iglesia de Santa Eulalia, a la que ha seguido la tradicional bendición de animales en la plaza del barrio, casi todos perros, en un buen número, aunque también hubo representaciónde otras mascotas como, por ejemplo, un gato siamés de nombre Harry, que iba acompañado por Elena.

Desde la junta directiva de la asociación, David Mardomingo explica que esta fiesta “últimamente ha decaído pero intentamos mantener la procesión, la misa, la bendición de animales y al menos un pequeño refresco para los asociados”.

El numero de socios ha disminuido en los últimos años y en este momento son 53 de los casi 80 que llegó a tener. Los motivos principales son “el cambio de hábitos en la alimentación y, sobre todo, que las grandes superficies hacen mucho daño al pequeño comercio”, según Mardomingo, quien recalca que “el trato cercano de la carnicería de barrio no lo hay en supermercados o centros comerciales”.

La procesión comenzó casi puntual unos minutos después de las 12,30 horas del mediodía en una mañana gélida. Entre los asistentes, alguien llegó a comentar que “se le van a uno los pies con las jotas de los Pako’s pero no solo por su maestría en la dulzaina y el tamboril sino porque es la única manera de entrar en calor”.

Alguna jota bailaron carniceros y familiares delante de la imagen de San Antón, llevada en hombros también por integrantes de la asociación. Todavía sigue despertando curiosidad, al menos entre los más jóvenes, la pequeña figura de una jabalina que acompaña al patrón.

La leyenda cuenta que en una ocasión se acercó hasta la cueva donde vivía San Antonio una hembra de jabalí con sus crías ciegas a las que de forma milagrosa el santo les devolvió la vista, y desde entonces le protegió de las alimañas; de ahí esa representación.

Los perros, en torno a tres decenas, tuvieron un comportamiento ejemplar y, aunque hubo ladridos, fueron en su mayoría en honor al santo, según manifestaron algunos de sus acompañantes.

El párroco de Santa Eulalia, Lucas Aragón Olmos, antes de proceder a la bendición, dio “gracias a Dios porque él –por San Antonio Abad– supo estar con las criaturas, supo respetar la naturaleza y supo verlo todo como don de Dios”.

Rezó una breve oración que, entre otras cosas, dice: “extiende tu mano con benevolencia y concédenos que los animales que vamos a bendecir, y los que tenemos en casa, nos sirvan de ayuda a nosotros tus servidores y, ayudados por los bienes presentes, busquemos con más confianza los bienes eternos”.

La veneración popular al “muy milagroso” San Antón está arraigada en Segovia desde hace siglos. Los historiadores cuentan que había multitudinarias rogativas a la antigua ermita de San Antón el Viejo, que subsistió hasta el siglo XVII y se encontraba en la huerta del convento de Capuchinos. Hacia 1.643 su estado debía ser ya ruinoso y en las décadas siguientes las celebraciones se trasladan a la ermita situada en el barrio de Santa Eulalia, junto al desaparecido Hospital de San Antón. Ya a principios del siglo XX había una romería en su honor cada 17 de enero en la plaza de este barrio.