El campo ha enlazado dos crisis consecutivas. El estado de alarma llegó a Segovia en el mismo momento en que iban a celebrarse tractoradas por el centro de la ciudad de Segovia, una imagen que el fotoperiodismo ansiaba por  insólita: modernos tractores a los pies del Acueducto romano.

Pero el obligado confinamiento  trastocó los planes de las organizaciones agrarias, que cambiaron el lema que llevaban a las manifestaciones sobre la pérdida de rentabilidad de su actividad, a otro más básico sobre su papel como servicio esencial para la alimentación humana.

Fue tal el desajuste comercial entre la oferta y la demanda, que la Lonja Agropecuaria de Segovia dejó de cotizar el cochinillo en la última semana de marzo. Cuando se decretó el estado de alarma, el precio del cochinillo con Marca de Garantía estaba  a 45 euros, y a 39 el convencional. A la semana siguiente se hundieron los precios y dejaron de cotizarse estas dos categorías.

Más duro fue, si cabe, ese primer momento para el ovino, pues todas las categorías se hundieron. El cordero lechal se pagaba entonces a 4,15 euros el kilogramo. Pero también quedó sin precio el cordero pascual y el recental. Nadie quería  estos productos porque no iban a poder venderse.

Solo quedaban dos opciones para dar salida a una pequeña parte del stock de las explotaciones ganaderas: la venta para congelación a grandes almacenistas, o intentar vender de forma directa a los consumidores finales, confinados en sus casas. Por su puesto, ni unos ni otros canales podían suplir la cantidad de raciones que se consumían en la extensa red de restaurantes de Segovia y de otras provincias donde se enviaban estas partidas.

El presidente de la Lonja de Segovia, Carlos González, explica que el Coronavirus paralizó la venta en fresco de lechales y cochinillos. “La restauración cerrada es la principal demandante de este tipo de carnes, que apenas se venden en los lineales de los supermercados. No ocurre así con el pollo, el cerdo o la ternera. Y lo peor es que no se ve el fin a corto plazo de esta situación” . “La incertidumbre es total”.

El problema es de toda Castilla y León, primera comunidad productora de corderos. Su producción ya cayó más de un 6% el año pasado y un 12% el número de los sacrificios. “En toda España el consumo de carne de ovino se desplomó un 40% en la última década. Los compradores han dejado de retirar estos animales a los ganaderos que tienen que mantenerlos en sus granjas con los gastos de alimentación que ello significa”.

Algunos hoteles de la ciudad estaban sirviendo 400 raciones de cochinillo diarios a turistas, sobre todo asiáticos. De repente quedó todo quedó a cero.

Ganaderos, restaurantes, asadores, panaderos, carniceros… todo el mundo necesitaba vender y sacar al mercado su stock. Todo el mundo se lamentaba y mientras, algunos ensayaron en los días de fuerte confinamiento la venta online o venta directa. Se lanzaron campañas a través de redes sociales,  mensajes a grupos de amigos, o campañas publicitarias en medios de comunicación, sobre sus ofertas.

Algunos lograron un nuevo nicho de mercado con la venta directa. Y el cordero lechal volvió a cotizar unas semanas más tarde, aunque con precios muy inferiores a los habituales. Pero hay que recordar que la demanda de carne de cordero siempre sube por estas fechas debido a las celebraciones familiares, las fiestas, comidas colectivas… pero no se recuperarán en todo su esplendor.

Algo parecido ocurrió con las partidas de patatas cuyo destino iba a ser la restauración. Víctor Manuel Alonso, alcalde de Lovingos y productor de patata agria, lanzó un vídeo  demostrativo de la situación de su empresa y otros compañeros. “La patata agria que cultivamos en esta zona tiene una mayor calidad que la francesa, y aunque esta sea más fea por fuera, su estética no tiene que ver con su calidad”.

El éxito no resultará por igual para todos, pero la experiencia ha demostrado que la tecnología existía y el producto también. Tan solo han cambiado los actores: vendedores dispuestos a ofrecer sus productos, y clientes con necesidad de comprar.

Es el momento de intentar avanzar lo suficiente para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria y de que se valore lo autóctono. La cuestión ahora es  saber si este nuevo formato de compra-venta continuará o ha sido solo una experiencia coyuntural.